Baúl de Long Plays

Marzo 22, 2009

Radiohead

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UNO / Hablar de Radiohead implica dejar a un lado el tono neutro y periodístico con que suelo abordar estos asuntos. Es remontarme mucho tiempo atrás, es hablar por mí mismo. Recuerdo la noche del 24 de diciembre de 1998, cuando puse por primera vez el CD de Ok computer en el reproductor de mi estéreo. Difícil sería describir todas las sensaciones que vinieron a mi cabeza. Escuchar por primera vez el final de “Karma police” fue una experiencia estremecedora. Estaba en tercero de secundaria. No recuerdo cuántas veces he repasado ese disco, con audífonos, detectando cada sonido, cada riff, cada armonía, cada detalle. Todavía podría hacerlo y encontrar un mundo en cada uno de los tracks.

DOS / Lunes 16 de marzo de 2009. “Exit music (For a film)”. El Foro Sol por primera vez puede estar en silencio, y podemos detectar con claridad los sonidos de uno de los temas más estremecedores de Ok computer. A media canción a Jonny Greenwood se le revienta una cuerda de su Fender Telecaster, con un repentino ruido disonante. Thom Yorke hace una pausa. “Whithout that”, dice, volteando a ver a Jonny. Hace una pausa de un compás y retoma la canción. El Foro aplaude. Avanza el tema, pero un ruido del bajo de Colin Greenwood saca de concentración a todos. Pausa. Yorke sigue rasgando su guitarra acústica y empieza de nuevo: “Wake, from your sleep…”. Locura total. Pero pocos segundos más adelante es su propia acústica la que falla. También una cuerda parece reventarse. Pausa. Diálogo. “To the next song”, apunta Yorke ante la queja del auditorio. “Bodysnatchers” se presenta enseguida.
Me contaron de que alguien en gradas gritó: “¡A ensayar a su casa!”. A mí simplemente me parece lo más bello que puede suceder. Una demostración de que, al final, Radiohead no son más que cinco seres humanos, arriba de un escenario, haciendo algo eminentemente humano, en lo cual siempre se puede fallar. En ocasiones la imperfección es el gesto más artístico y más hermoso que uno puede otorgar.

TRES / De una experiencia así de espiritual uno puede apuntar demasiadas cosas, demasiadas. Mi parte objetiva coincide en muchas cosas que hablé con mis amigos, como de que el sonido no tenía la suficiente potencia para acallar la voz del público, y la visibilidad evidentemente fue baja o nula para muchos, además de la amenaza de lluvia que al final no cayó. Pero la realidad es otra, la realidad es que ver a Radiohead representa una experiencia más allá de cualquier concierto, por el significado de su música en nuestras vidas, la sorpresa que representaba cada nuevo disco; yo no tengo miedo en afirmar que Ok computer es el Sgt. Pepper’s de mi generación, y me hace feliz haber vivido el momento, aquéllos días de finales de los noventa en que uno se despertaba en MTV con “No surprises”, aquellos años de radicalidad con Kid A en la nueva década. Tiempos que inevitablemente se quedarán guardados. Las sorpresas: “Talk show host”, que jamás esperaba, lado B incluido en el soundtrack de Romeo + Juliet, “How to dissappear completely”, “Kid A”, “The bends” y “You and whose army?”. Por supuesto, hubiera dado todo por ir el domingo y haber escuchado “No surprises”, “Fake plastic tres” y “Just”. Pero la satisfacción es absoluta.

CUATRO / Hablar de “Creep” es difícil; es un tema tan controversial para los fanáticos de Radiohead que es raro llegar a un acuerdo. El “Creep” que mil veces tocamos en nuestras bandas de la prepa. El “Creep” por el que muchos sólo conocen a Radiohead. El “Creep” maldito, el “Creep” prohibido; pero también el “Creep” deseado.
Al entrar al Foro Sol uno está mentalizado de que “Creep” no aparecerá. Desde la gira de Ok computer dejó de aparecer en los setlists de Radiohead y sólo en algunas ocasiones especiales la interpretan. Ocasiones especiales como visitar México después de quince años.
A pesar de no esperar tal canción, el que Radiohead interpretara “Creep” es un gesto noble, amable, amistoso, profundo. Nos guste o no, la odiemos o no, “Creep” significó ese “algo más”, una suerte de gentil disculpa por tantos años de ausencia. Y para quienes creímos que jamás escucharíamos, estando presentes, esa canción interpretada por Radiohead, fue una especie de deseo oculto concedido.  Con “Creep”, Radiohead incluyó en el concierto canciones de cada uno de sus siete discos de estudio.

CINCO / No matter what happens now, sure I won’t be afraid, ‘cos I know today has been the most perfect day I’ve ever seen… (Radiohead, “Videotape”, In Rainbows, 2007)

Febrero 24, 2009

Yoko Ono – Ex It

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El papel de la “viuda más famosa del rock” hace que la obra artística de Yoko Ono no sea valorada en su justa dimensión.

La realidad es que Yoko resulta una de las pioneras del arte conceptual, desde los años sesenta. La simpleza serena y delicada de algunas de sus piezas contrasta con el escándalo mediático de sus bed-ins con Lennon durante los turbios años de la desintegración de los Beatles.

Cabe mencionar, por ejemplo, aquella escalera con una lupa que Lennon escaló para descubrir un minúsculo “Yes” escrito en el techo, o sus “wish trees” que le dan la vuelta al mundo.

Me quedo con su bellísima instalación de toscos ataúdes de madera, de cuyo interior emergen verdes rámas de árboles. Ex It:

exit

Febrero 3, 2009

Caramelo

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caramel

Nadine Labaki es una directora ya famosa por su trabajo en la industria árabe del video, de ese exótico arab-pop libanés que uno puede disfrutar en las pantallas del restaurant Beirut del centro de San Pedro, fumando shisha y bebiendo delicioso café turco (fin del comercial).

Originaria precisamente de la capital de Líbano, es luminoso destacar la dedicatoria que Nadine hace de su primer largometraje de ficción,  سكر بنات Sukkar banat‎, (Caramelo), “a mi Beirut”.

Y es que más allá del tópico recurrente de los conflictos entre libaneses e israelitas en Medio Oriente, la cinta de Labaki es una oda gozoza a la vida diaria de tantas personas en su ciudad. Las historias de cinco mujeres se entrecruzan en un salón de belleza, donde la soledad, el amor, el miedo a envejecer y el conflicto con los cánones sociales se desenvuelven en una atmósfera que no poco le debe al más exquisito cine europeo. (Almodóvar es una referencia ineludible.)

Femenina, sencilla y conmovedora, Caramelo es una de esas películas que, sin pretensiones de crear una obra maestra, saben tocar el corazón de manera inmediata.

Diciembre 18, 2008

Gegen die Wand

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Hace ya algunos años que vi una película del director germano-turco Fatih Alkin, Gegen die Wand (Contra la pared), que narra las peripecias de un viudo cuarentón alemán de origen turco en cuya destructiva vida se cruza repentinamente con la de una chica de veinte años, turco-alemana y caótica al igual que él.

Lo que me fascinó de la película fue que a lo largo de la cinta se insertan fragmentos de un grupo tradicional tocando a orillas del Bósforo, con las mezquitas de Estambul en el fondo. Un interesante contraste con el resto de la banda sonora, que consiste básicamente en rock duro, acorde con el ambiente urbano del film.

Sin embargo, las escenas del grupo y la música son exquisitas. Aquí abajo pueden verlas:

Diciembre 15, 2008

The Virgin Suicides (film)

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Quizá uno de los momentos más bellos de la película de Sofía Coppola, basada en la novela de Jeffrey Eugenides, en la que los chicos del vecindario logran ponerse en contacto con las hermanas Lisbon por medio del teléfono y la música de Todd Rundgren, Gilbert O’Sullivan y los Bee Gees, entre otros. Pura delicia setentera.

Diciembre 10, 2008

El gallo de oro

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gallo

Que me perdone la historia de la literatura nacional (si es que hay algo como tal), pero la narración más estremecedora de Rulfo no es Pedro Páramo, ni alguno de los vertiginosos cuentos de El llano en llamas. No, el Rulfo más crudo, aunque menos cargado de la imaginería simbólica-poética que lo llevó a los altares, está en El gallo de oro.

Esta breve narración, concebida como argumento para cine, reproduce el brutal universo de su obra conocida, en la que las vidas de dos personajes marginales, Dionisio Pinzón y Bernarda Cutiño, se encuentran marcadas por la fatalidad, en una suerte de tragedia griega, sin espacio para la redención. El final de El gallo de oro es quizá una de los momentos más abrumadores de la obra rulfiana, y es una lástima que Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez adaptaran el argumento a su conveniencia, en la primera versión de Roberto Gavaldón, en 1964.

Afortunadamente, Arturo Ripstein llevó al celuloide una adaptación (a cargo de Paz Alicia Garciadiego) fiel al texto rulfiano, bajo el nombre de El imperio de la fortuna, en 1985. Pero para ese momento ya había sido editado por Era este libro, en que ”El gallo de oro” se compila junto con otros textos que Rulfo escribió o ideó para la pantalla grande, así como un análisis de la filmografía basada en su obra.

Diciembre 1, 2008

Oasis

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“…y puedes ver esto mucho en Inglaterra donde los periodistas dicen, ‘bueno, el nuevo disco de Oasis no es tan bueno como Definitely Maybe o Morning Glory’, pero ¿el de quién sí lo es? ¿Quién ha escrito dos álbumes igual de buenos en los últimos diez años? Ninguna banda en Ingalterra se ha acercado a ese logro. Entonces, cuando los jodidos Colplay sacan un nuevo álbum, o Keane, o los Kaiser Chiefs, también dicen ‘ok, está bien, pero no es tan bueno como Definitely Maybe‘. Entonces, todos son víctimas de nuestra propia brillantez”.

Noel Gallagher, en entrevista para la televisión noruega

Las palabras de Noel Gallagher nunca han sido tan ciertas como en la noche del sábado pasado en la Arena de Monterrey. Para terminar rápido, fue una noche de duro y ruidoso rock n’ roll. Oasis no suena tan mal en vivo como podría pensarse, y los Gallagher, conscientes de la inmortalidad de sus primeros discos, despacharon una excelente selección de temazos de Definitely Maybe y What’s the story? (Morning Glory) de los cuales la única faltante fue “Live forever”.

“Don’t look back in anger” y “Champagne supernova” son himnos para cualquiera que creció en los noventa, y es realmente estremecedor escuchar a toda una arena entonar al unísono ese par de versos que marcaron a los escuchas desde aquél Wembley de Familiar to millions: “But don’t look back in anger, don’t look back in anger, I hear you say”…

Un momento para toda la vida.

Argenis on Oasis at Arena Monterrey

Las vírgenes suicidas

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virginEstremecedoramente bella, Las vírgenes suicidas no es sólo la brumosa historia de cinco hermanas cuya desbordada femineidad embriaga a los chicos del vecindario, sino una toma de conciencia de lo insondable que es el pasado… pasado que va dejando apenas rastros, huellas, piezas de rompecabezas que nunca, por más que lo deseemos, volverán a encajar del todo.

Es por eso que el narrador no es sino una primera persona del plural, una colectividad, un coro de hombres ya maduros, que voltean al pasado con esa nostalgia de lo incierto, de la fascinación. Una metáfora de lo femenino, algo que apenas podría esbozarse, aludirse, pero nunca definirse.  “Toda la sabiduría termina en paradoja”, apunta un personaje en la novela.

“Finalmente, dispusimos de algunas piezas del rompecabezas pero, por muchas combinaciones que hiciéramos con ellas, seguía habiendo huecos, espacios vacíos de formas extrañas, delimitados por todo lo que los rodeaba, países que no sabíamos nombrar”.

Jeffrey Eugenides. Las vírgenes suicidas. Barcelona: Anagrama, 2001. Traducción de Roser Berdagué.

Jessica on The virgin suicides

Octubre 30, 2008

Persépolis

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A pesar de que he visto esta cinta dos veces, no tengo palabras suficientes para describir la exquisita belleza de esta adaptación de la propia Marjane Satrapi (junto a Vincent Paronnaud) a sus famosas novelas gráficas. La imaginación desbordada en Persépolis es un mundo aparte. El Irán de la revolución de 1979 es retratado de manera que no por tratarse de de animación se difuminan los momentos más crudos, al igual que los de la guerra Irak-Irán. En medio de estos tormentosos trances históricos, la historia de la propia Marjane emerge como una hermosa fábula de la siempre problemática línea que divide a Oriente y Occidente. De la nada, una chica que creció en el occidentalizado Irán del Sha tiene darse cuenta que su mundo ya no es su mundo, al llegar los clérigos al poder. Europa y Asia en dimensiones encontradas que a veces se unen, a veces se rompen, y otras tantas entran en conflicto. Una película apasionante.

Octubre 28, 2008

My blueberry nights

Archivado en: Reseñas — by staff @ 5:45 am

…A few years ago I had a dream. It began in the summer, and it was over by the following spring. In between there were many unhappy nights, as there were happy days. Most of them took place in this cafe. And then, one night one door slammed and the dream was over…

Hay algo en My blueberry nights (Wong Kar Wai, 2007) que me seduce. Quizá sea esa atmósfera nocturna, melancólica, ligeramente desolada, de los cafés que abren toda la noche. El neón, los corazones rotos, las charlas nostálgicas. Aunque de la nada la cinta se transforma en una road movie que nos va llevando a sub-tramas que nada parecen aportar a la historia principal (y mucho menos la pésima actuación de Norah Jones), la obra de Wong Kar Wai es básicamente una película de atmósferas, de sonidos, de miradas. El breve cameo de Cat Power (que también aporta su “The Greatest” al soundtrack) es uno de sus momentos más bellos, y es el fragmento que reproduzco arriba.

Marzo 24, 2008

Dylan, en vivo

Archivado en: Reseñas — by staff @ 6:25 am

dylanmty.jpg

Para Carlos, que tanto lo pidió

He aquí, finalmente, al poeta de poetas, al maestro, creador de una obra que hizo estremecer al propio John Lennon. El que ha hecho cuestionarse a la Academia Sueca si un poeta de folk y del rock puede ser merecedor del Nobel de Literatura. Dylan está en el lugar y la Arena Monterrey es demasiado grande para un show que se presta más para un bar oscuro y lastimero. Pero aún así el goce es total.

Y el viejo sonríe. Lo disfruta. Por primera vez en toda la noche el público se ha puesto de pie. Claro, es “Like a rolling stone”. Como siempre los de los asientos más caros no son precisamente los más conocedores de quien tienen en frente. He bajado por los pasillos libres de la arena hasta colocarme en los asientos ubicados exactamente a un lado del escenario, aunque fuera por unos minutos.

En aquella posición tan cercana y tan íntima resulta más claro el por qué, la develación del misterio, la súbita revelación. La estrella de la noche no es Dylan; es su banda, ese quinteto de forajidos que son la banda de blues más perra que he visto en toda mi existencia. Dylan sólo es la presencia, el mentor, el viejo maestro que mira con agrado el groove de sus muchachos.

Dylan ya no puede cantar y eso es obvio para cualquiera que haya escuchado sus últimos discos. Por eso no se esfuerza en entonar alguna nota, ni al momento de cantar sus temas recientes. Así aguanta más, así lo disfruta el maestro y no hay problema. Aunque sea arrastrando apenas la voz emite sus mensajes, su palabra, su poesía que irónicamente en esta noche no es lo esencial.

Lo esencial es la fuerza, la intensidad de su banda, tocando blues, puro blues. Blues rudo, perro, sucio. Ese mismo ritmo machacón, esos mismos solos que aúllan dolor. Pero también suaves baladas. Gentiles canciones que nos hablan de que si vas al condado norte busques a la chica de aquella larga cabellera, o las promesas de amor que no acabarán mientras dure el trato de nuestra existencia.

Pero termina “Like a rolling Stone” y Dylan abandona a un público apenas encendido. Tarda en regresar al encore, pero lo hace de modo feroz, con la tremendísima “Thunder of the mountain”, tema que abre el ya mítico Modern times. Y el final toma por sorpresa a muchos que se miran entre sí confundidos. Sí, sí es “Blowin’ in the wind”, es momento de alzar encendedores y gritar que la respuesta está en el viento. Bien por Dylan; ojalá haya paseado por las calles de Monterrey, ojalá haya entrenado en algún gimnasio popular sin ser visto. Las calles de la ciudad se poblarían de otra leyenda, y yo prefiero quedarme con la duda, la duda que construye mitos.

Enero 31, 2008

Orhan Pamuk – El libro negro

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libronegro.jpgI no more wrote than read that book which is
The self I am, half-hidden as it is

Delmore Schwartz

Rüya desaparece una mañana misteriosamente dejando a su esposo, Galip, un joven abogado, sólo una carta de diecinueve palabras, escritas con bolígrafo verde, el mismo de su primo Celal, columnista del diario Milliyet; bolígrafo que emergerá del fondo del mar cuando las aguas del Bósforo se sequen, quedando al descubierto todos los vestigios de las civilizaciones que han poblado Estambul a lo largo de los siglos: desde los griegos, los romanos y los bizantinos hasta los otomanos y los turcos.

 Los turcos y su angustia permamente, su hüzün persistente, el dolor del recuerdo de un pasado glorioso y el titubeo ante el futuro, ante la duda de la identidad, sin saber que la identidad es un entramado de memorias y de historias ajenas. ¿Cómo ser uno mismo? Contando historias, absorbiendo todas las historias de la humanidad hasta quedar vacío y lleno a la vez de ellas.
Lleno de historias como en un tejido. Como un juego de cartas en que cada baraja es un epígrafe, como cada uno de los que encabezan los capítulos de El libro negro. Por eso bien nos advierte M. Balamir en uno de ellos, extraído de sus Cartas a un joven periodista que cita Pamuk:

Adli: “¡No uses epígrafes porque matarían el misterio de la escritura!”
Bahti: “Si tiene que morir así, mata entonces tú también el misterio, ¡mata al falso profeta vendedor de misterios!”.

Sí. El misterio de la escritura; porque la vocación del escritor es crear el artificio que mezcle a la perfección su entramado de historias, de voces que convergen en él, para moldear una nueva voz. Aniquilar al misterio con la confianza de ser dueño de uno mismo, asumidas todas las historias, para poder negar que una serpiente envuelve la montaña de Kaf, contrario a lo que indicara la sabiduría mística de Ibn Arabi.
Mística sufista, como la de los hurufíes que creían leer mensajes en los rostros de las personas, como los rostros que Celal acumulaba en una caja. Rostros anónimos y a la vez tan familiares porque sus historias son también las nuestras. Las palabras de sus rostros a fin de cuentas son las mismas de nosotros. Porque la memoria es también es escritura, y la escritura es un vagabundeo en los jardines del sueño.
Rüya significa ”sueño” en turco. Como la escritura que es sueño por el mero hecho de ser escritura. Rüya es escritura, puesto que Galip sólo puede reconstruir su imagen por medio de ella, su único consuelo. El único consuelo de todos, en realidad.
Si necesitara sólo una palabra para definir El libro negro de Orhan Pamuk, sería evocación: Evocación de las calles, de los edificios, de una ciudad que es a su vez memoria colectiva e historia, por lo que la novela es la gran novela de Estambul, pero bien podría serlo de cualquier otra; evocación de la literatura, de las palabras de todos los autores que hemos leído y hasta los que no lo hemos hecho (no por nada la crítica ha destacado que el ‘Obscuri libri’ de Botifolio, al cual se atribuye la frase de ‘No hay nada más sorprendente que la vida, excepto la escritura’, es una invención de Pamuk). Evocación de las personas que hemos conocido, de la gente que se ha ido, de todos los que han convergido alguna vez con nuestra vida y han dejado una marca en ella, de los que han contribuido a que nosotros seamos tal cual somos, aunque debamos convencernos de que el ‘yo’ no existe, sino sólamente el “Otro”. Yo soy el Otro, como el Otro soy yo.
Finalmente, aparte de ser el gran canto a la literatura, a la memoria, al amor y a la alteridad, El libro negro es un gran oda al periodismo, a su magnestismo, a su necesaria conexión con la vida, a su estatus de no ficción, a su naturaleza de receptáculo de la cultura, del entramado de historias y de verdades que nos construye. Nunca somos nosotros mismos, sino los demás.
La escritora Dulce María González no pudo haber resumido mejor la belleza de El libro negro en estas breves palabras que me permitiré citar de su blog:

Después de leer “El Libro Negro”, de Orhan Pamuk, una no puede pasar la página como si nada hubiera sucedido. Su vastedad nos obliga a regresar constantemente, a intentar comprender los detalles, el sentido de las anécdotas.  (…)
Si la memoria de un escritor contiene una cantidad infinita de memorias, si a través de su voz escuchamos las voces de todos los autores que éste ha leído y que a su vez leyeron a múltiples autores, entonces, ¿cómo saber quién escribe en realidad? O, dicho en palabras de Pamuk, ¿cómo hace un hombre cualquiera para ser él mismo?
En este sentido, la importancia de la lectura no consiste solamente en ampliar nuestro conocimiento del mundo, sino en la posibilidad de apropiarnos de la memoria de los otros y vislumbrar, al fin, de qué materia estamos hechos y cuál es el sentido de nuestros actos”.

Demoledora, profundamente conmovedora, poética, y, sobre todo, evocadora, El libro negro es quizá la novela que más me ha marcado en todo el tiempo que llevo tratando de descubrir el mundo por medio de la escritura. Pero como bien apuntara Fernando Vallejo al respecto del Quijote: “El genio de Cervantes descubrió que la literatura, más que en la vida, se inspira en la literatura”. Una vez más, no hay nada más sorprendente que la vida, excepto la escritura.
La vida (y la memoria) no es mas que una colección de epígrafes. Todo lo hemos leído o escuchado ya, y aun así, la escritura (y por ende, la evocación) es todavía nuestro único consuelo.

Pamuk, Orhan. El libro negro. México: Alfaguara, 2007. 578 pp. Traducción de Rafael Carpintero.

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Noviembre 18, 2007

Felipe Ehrenberg

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En el video que abre la exposición Manchuria, visión periférica nos topamos con el registro de uno de los múltiples performances que Felipe Ehrenberg ha realizado a lo largo de su trayectoria. En él, frente a la cámara, Felipe pronuncia un discurso acerca de la corbata y su status de poder y servilismo. Mientras tanto, el artista anuda en su cuello una corbata tras otra hasta estar lleno de ellas. Si una corbata hace importante a alguien, según explicara el día de la inauguración, no hace falta imaginarse qué tan importante puede ser alguien que porta un montón de ellas.

“El arte sólo es una excusa”, indica Ehrenberg como uno de sus lemas. Y cada una de sus pinturas, dibujos, esculturas y acciones invita a reflexionar en aspectos de la vida cotidiana, de la sociedad, de la historia, por medio de la estrategia particular de cada pieza.

Felipe Ehrenberg, uno de los artistas visuales contemporáneos mexicanos más importantes del siglo XX decidió montar su primer retrospectiva en la ciudad de Monterrey. Las galerías del Colegio Civil de la Universidad Autónoma de Nuevo León albergan ahora Manchuria, visión periférica.
Durante la inauguración, Erhenberg, quien se denomina a sí mismo como neólogo -una persona enfocada hacia la creación e indagación de lo nuevo-, respondió un cuestionario del crítico y curador Guillermo Santamarina, en el que indició que lo contrario del neólogo es el ortodoxo, aquél que sigue manteniéndose en lo ya conocido, en lo tradicional, sin lanzarse a la exploración. Felipe dejó la pintura, el mismo lo indica, porque el cine y las nuevas corrientes del arte ya lo estaban superando. Del Erhenberg que comenzó su carrera, de niño, siendo asistente de Diego Rivera, al experimentado creador que ahora reside en Brasil distan ya varias décadas y exploraciones de distancia.

Manchuria es una “visión periférica” debido al modo de aproximarse a la obras en esta retrospectiva, sobre todo a aquella que es más difícil de meter en una galería: sus performances y acciones. Ehrenberg es uno de los artistas que más cuidado han tenido en documentar y registrar cada parte del proceso de su obra, de tal manera que si ha logrado vender arte, ha sido por medio de tales archivos. “No vendo el performance, vendo el guión, los bocetos y las fotografías de tal acción”.

De esta manera encontramos el plano, los bocetos y las polaroids tomadas de su performance El arte según yo, o las cartas enviadas a la Bienal de Puerto Rico para explicar que los telegramas que adjunta son en realidad la obra que está proponiendo para exposición. La primera de las dos salas en que se ha dividido Manchuria está dominada por dos grandes vitrinas en que podemos encontrar desde bocetos y dibujos hasta registros e invitaciones a muestras del autor.

Por si no fuera poca la idea de Erhenberg como una obra de arte en sí mismo (memorable es su acción de tatuarse unos huesos en su mano izquierda, para montar su mano en un homenaje al grabador José Guadalupe Posada), en 1982 contendió en para diputado federal por el Partido Socialista Unificado de México, y de aquella aventura electoral recoge las serigrafías que adornaron diversas paredes con su efigie, así como folletos de propaganda electoral.

El humor, el kitsch, el erotismo y la violencia son temas que Ehrenberg recoge, trastoca y juega. Desde un cartel trabajado en aerosol para anunciar un concierto de música tropical hasta su Codex Aeroscriptus Ehrenbergensis hecho a base de serigrafía y aerosol sobre un papel doblado al modo de un códice prehispánico, la obra de Felipe provoca, genera sonrisas y cuestiona.

Y todo bien puede partir de una simple imagen de periódico. Una fotografía de una pelea callejera en un diario provocó la creación de una escultura en cemento de tal imagen, rememorando, según indicó el artista, la manera en que las grandes batallas del pasado se registraban por medio de la escultura. O realzando los desfases de color en la impresión de las fotografías del periódico, específicamente en las de sociales: “nuestra sociedad desfasada”, ironiza el artista.

De esta manera, Erhenberg resume cincuenta años de trabajo que podrían describirse en su propio modo de nombrarse: neología, el arte como la excusa de la búsqueda, de la indagación, del juego, que bien podría llevarnos a reconocer lo importantes que somos por el número de corbatas anudadas en el cuello.

En El Porvenir
19 de noviembre de 2007

Noviembre 9, 2007

Travis o…

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…de la honestidad de Fran Healy y su colección de guitarras acústicas, …o de cómo tocar a la perfección un solo de guitarra siendo manoseado por el público.

(Travis en vivo. 7 de noviembre de 2007. Auditorio Fundidora de Monterrey)

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Noviembre 1, 2007

Orhan Pamuk – La vida nueva

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orhanpamuk.jpg

Como tantos hombres destrozados que en cierto momento se han arrojado a ese torbellino llamado vida y que no han podido encontrar lo que esperaban, a partir de mis lecturas, de ciertas visiones y expresiones que comparaba, descubría que los textos se susurraban entre ellos ocultamente, de ahí esa extraía una serie de secretos, los clasificaba, forjaba nuevas relaciomes entre ellos e intentaba vengarme de todo lo que me había perdido en esta vida presumiendo de la complejidad de aquella red de relaciones que había construido con la paciencia de quien cava el pozo con un alfiler. A todos aquellos que se sorprenden de ver que en las ciudades musulmanas los estantes de las bibliotecas estén llenos a rebosar de volúmenes de exégesis y de manuscritos de comentarios sobre otros libros, debería bastarles con echar un vistazo a la masa de hombres destrozados que pueblan las calles”.

Pamuk, Orhan. La vida nueva. México: Punto de lectura, 2006. Pag. 331. (Traducción de Rafael Carpintero)

A Estela

Si El libro negro es la gran epopeya del hüzün de Estambul, enmarcada en una historia profundamente conmovedora y filosófica, y Nieve la novela óptima para el interesado en los temas de actualidad de la tensión entre oriente y occidente, La vida nueva es quizá la más poética de las novelas de Orhan Pamuk. Aunque hermética y desconcertante a trechos, la realidad es que La vida nueva sabe cómo tocar fibras muy sensibles del sentimiento no sólo turco, sino universal, produciendo un texto de una riqueza delicada, como cada página de Pamuk, un mundo en sí.
Si en El libro negro uno de sus leit motiv más insistentes resultaba la cita del imaginario Obscuri libri de Botifolio (“Nada puede ser tan sorprendente como la vida, excepto la escritura”), La vida nueva se presenta como la interpolación natural de esta fascinación por el poder de la escritura y su relación con la existencia humana. Escritura y vida en eterna conjunción. Ficción y no ficción: ”Un día leí un libro y toda mi vida cambió”. Más poesía no puede existir en una sola frase.

Otras reseñas pamukianas en Baúl de Long Plays:

El libro negro
Estambul, ciudad y recuerdos
Nieve

Octubre 28, 2007

Generik Vapeur

Archivado en: Reseñas — by staff @ 7:13 am

Hay momentos en los que uno sabe que está en el momento y en el lugar indicados. Así me han hecho sentir las tres noches en que Generik Vapeur ofreció su Conférence des Chevaux en la pista de Parque Fundidora, durante el Fórum. Más belleza y poesía no puede haber en un desfile pleno de imágenes, de fiesta, de pirotecnia, de ideas. Teatro de calle como sólo los franceses saben hacerlo.
Ballenas, pegasos, campanas, caballos: símbolos que nos remiten a Grecia, a la Biblia, a las historias nacionales, a las historias personales de cada uno. Es un llamado a los sentimientos, a la memoria, enmarcado por una música hermosa, de dimensiones épicas, por luz y video, por un aire nocturno y fresco de tres noches que quedrán siempre en la memoria de los centenares de asistentes.

Jessica on Conférence des Chevaux

Septiembre 28, 2007

Goran Bregovic

Archivado en: Reseñas — by staff @ 11:32 pm

goran.jpgRecuerdo dos fotografías del checo Josef Koudelka, de su serie dedicada a los gitanos. En una de ellas un grupo de personas vela  un cadáver en una habitación; en la otra, dos violinistas y un contrabajista aparecen en la calle con el fondo de una festividad pública. El sábado, en la Plaza 400 Años, el músico bosnio Goran Bregovic demostró que su banda hace honor a su nombre (Goran Bregovic & Wedding and Funeral Band) y son capaces de tocar marchas fúnebres y temas ambientales, así como canciones veloces y festivas.
Goran se mostró complacido, y complació a la asistencia que bailó sin parar su “Kalashnikov” con inesperados reprises con que cerró su participación. Bebió a la salud de su público y les enseñó una canción balcánica usada para beber en el ejército. El ambiente gitano se apoderó de Monterrey. Dos horas y media de concierto.
En realidad Bregovic no es el centro del espectáculo. Es más bien el director que mira complacido el desempeño de su enorme ensamble: su Goran Bregovic Band de percusión, metales y alientos, un coro de hombres, orquesta de cámara y coristas ataviadas al estilo tradicional.
El inicio del concierto nos recordó su papel de compositor de bandas sonoras en las películas de Emir Kusturica. Música ambiental y espiritual; voz y cuerdas como una tranquila ceremonia. Repentinamente el sonido cambia de ubicación y, cruzando el público, un cuarteto de metales, vestidos a la usanza tradicional balcánica, avanza hacia el escenario. Se completa el ensamble y Goran Bregovic aparece en escena. Traje blanco, guitarra eléctrica, voz ruda. Y avisa. El concierto será una mezcla de todas sus facetas: el compositor de scores, el músico independiente, el autor de una ópera Carmen con final feliz.
Y lo cumple. A lo largo de dos horas alterna entre las composiciones suaves, apoyadas en el trabajo de la orquesta y el coro, y las composiciones rítmicas, veloces, que incitan al público a bailar, a pararse, a sentir el espíritu de una región donde cristianos, ortodoxos, musulmanes y gitanos conviven muchas veces con violencia, y otras tantas con paz y ceremonia. La vida y la muerte. El funeral y la boda. Pero siempre con música.
Como las fotos de los gitanos de Koudelka, la música de Goran Bregovic reclama la memoria de lo tradicional y hace énfasis en la riqueza de lo popular. Y debido a la especial ubicación geográfica de los Balcanes, hace converger tradiciones musicales orientales y occidentales. Y si el conflicto entre estos dos polos culturales es uno de los temas claves del mundo contemporáneo, la música de Bregovic propone una integración que va más allá de los credos, las agendas políticas y las guerras.

En El Porvenir
25 de septiembre de 2007

Las dos fotografías de Koudelka:

Funeral
Músicos

Ute Lemper

Archivado en: Reseñas — by staff @ 11:19 pm

ute.jpg“Es la Segunda Guerra Mundial; una canción suena en la radio”, evoca la cantante alemana Ute Lemper. “Obviamente es una radio nazi, pero la señal es interceptada por los británicos, por los franceses, por los italianos… La canción suena y hace recordar a los soldados el hogar, o el amor que dejaron en casa”. Se trata de uno de los clásicos de la música europea: “Lili Marleen”.
Lemper se encuentra en Monterrey, en el Teatro de la Ciudad.  Su público es preponderantemente adulto. Pero se trata de una entera lección que recorre algunas de las más bellas tradiciones de la historia de la música: el cabaret alemán, la chanson francesa, la música yiddish, de las comunidades judías europeas que conservaron su particular lenguaje. “Es un viaje”, comenta Ute, “por el mundo”.
Su presencia escénica es impactante. Lemper sabe cómo seducir con cada uno de sus movimientos: su figura envuelta en traje de noche, sus brazos que apoyan la interpretación, y sobre todo su voz, sus registros, su asombrosa improvisación vocal, una capacidad sobrada para viajar a través del jazz más fino y atemporal.
Bromea también con el público. Hace mofa de los políticos. Recupera el ambiente esencial del cabaret. Incluso se burla de la parte del público que le pide que cante “Blue moon”. Y  rompe con el cliché de los cantantes extranjeros: complace con una canción mexicana, sí, pero sin abandonar la esencia del concierto con “Noche de ronda” de Agustín Lara, tema indispensable del cabaret tradicional latinoamericano.
También recuerda a Kurt Weill y Bertolt Brecht: “Dos genios, un gran compositor y un gran poeta y autor. Obviamente no podía durar mucho tiempo”, explica. “Discutían sobre qué tenía más importancia, si la letra o la música. Incluso a Brecht le molestaba que la gente en la calle silbara la canciones, porque así olvidaban la letra”.
“Collage of Bilbao Song”, fue una de las canciones que interpretó del dueto alemán. De la tradición de la chanson francesa evocó “La memorie de la Mer” de Leo Ferré, así como canciones de Jacques Brel. El encore, festivo, y definido a petición del público, corrió a cargo de “Life is a cabaret” de Kander y Ebb.
Un concierto de indiscutible nivel, una voz maravillosa y una personalidad brillante. Ute Lemper brindó un recital majestuoso y aleccionador. Un breve, pero sustancial recorrido por las más finas tradiciones musicales europeas.

En El Porvenir
28 de septiembre de 2007

Septiembre 22, 2007

Cirque Éloize

Archivado en: Reseñas — by staff @ 6:09 pm

“De noche, el cielo es más grande”

A cargo del Cirque Éloize de Québec, Canadá, Nomade es espectáculo de Daniele Finzi Pasca, una fantasía poética de más de dos horas de duración, que propone una metáfora entre el sueño y los recuerdos en un ambiente de principios del Siglo XX.
Nomade es un espectáculo ecléctico, que da cabida a numerosos géneros circenses en un ensamble dinámico y virtuoso. Acróbatas, contorsionistas, trapecistas, clown, malabaristas y bailarines apoyados en el sonido del acordeón y la música gitana en vivo, colorida muestra de la rica herencia cultural de la parte francesa de Canadá.

Agosto 28, 2007

Imagenes para leer

Archivado en: Reseñas — by staff @ 1:55 am
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sem-leer7.jpgImágenes para leer. Literatura Joven Universitaria 2006 sigue a la venta en las librerías universitarias de Monterrey, Nuevo León: Sucursales Ciudad Universitaria (Frente al Estadio Universitario) , Facultad de Derecho, Centro (Zaragoza 318 Sur), Biblioteca Magna Raúl Rangel Frías, Unidad Mederos y en las librerías de Conarte y Fondo de Cultura Económica en San Pedro Garza García.
Con poemas de José Juan Zapata Pacheco, Natalia Rodríguez Luna, Bernardo Romanfaur Garza y Guillermo Jaramillo Torres.

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Búsqueda, es la palabra que pudiera definir el contenido de este libro. Búsqueda de un estilo propio, de una agenda literaria para el futuro, de interrogantes en torno a las pasiones del ser humano. Así, José Juan Zapata Pacheco, en Mareas, se interna en caminos peligrosos, dominados por Saint-John Perse y José Carlos Becerra, los versículos de la Biblia y de una tradición que hace del verso largo un ritmo sin tregua”.

Margarito Cuellar

Imagenes para leer, en la Jornada Semanal

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