
UNO / Hablar de Radiohead implica dejar a un lado el tono neutro y periodístico con que suelo abordar estos asuntos. Es remontarme mucho tiempo atrás, es hablar por mí mismo. Recuerdo la noche del 24 de diciembre de 1998, cuando puse por primera vez el CD de Ok computer en el reproductor de mi estéreo. Difícil sería describir todas las sensaciones que vinieron a mi cabeza. Escuchar por primera vez el final de “Karma police” fue una experiencia estremecedora. Estaba en tercero de secundaria. No recuerdo cuántas veces he repasado ese disco, con audífonos, detectando cada sonido, cada riff, cada armonía, cada detalle. Todavía podría hacerlo y encontrar un mundo en cada uno de los tracks.
DOS / Lunes 16 de marzo de 2009. “Exit music (For a film)”. El Foro Sol por primera vez puede estar en silencio, y podemos detectar con claridad los sonidos de uno de los temas más estremecedores de Ok computer. A media canción a Jonny Greenwood se le revienta una cuerda de su Fender Telecaster, con un repentino ruido disonante. Thom Yorke hace una pausa. “Whithout that”, dice, volteando a ver a Jonny. Hace una pausa de un compás y retoma la canción. El Foro aplaude. Avanza el tema, pero un ruido del bajo de Colin Greenwood saca de concentración a todos. Pausa. Yorke sigue rasgando su guitarra acústica y empieza de nuevo: “Wake, from your sleep…”. Locura total. Pero pocos segundos más adelante es su propia acústica la que falla. También una cuerda parece reventarse. Pausa. Diálogo. “To the next song”, apunta Yorke ante la queja del auditorio. “Bodysnatchers” se presenta enseguida.
Me contaron de que alguien en gradas gritó: “¡A ensayar a su casa!”. A mí simplemente me parece lo más bello que puede suceder. Una demostración de que, al final, Radiohead no son más que cinco seres humanos, arriba de un escenario, haciendo algo eminentemente humano, en lo cual siempre se puede fallar. En ocasiones la imperfección es el gesto más artístico y más hermoso que uno puede otorgar.
TRES / De una experiencia así de espiritual uno puede apuntar demasiadas cosas, demasiadas. Mi parte objetiva coincide en muchas cosas que hablé con mis amigos, como de que el sonido no tenía la suficiente potencia para acallar la voz del público, y la visibilidad evidentemente fue baja o nula para muchos, además de la amenaza de lluvia que al final no cayó. Pero la realidad es otra, la realidad es que ver a Radiohead representa una experiencia más allá de cualquier concierto, por el significado de su música en nuestras vidas, la sorpresa que representaba cada nuevo disco; yo no tengo miedo en afirmar que Ok computer es el Sgt. Pepper’s de mi generación, y me hace feliz haber vivido el momento, aquéllos días de finales de los noventa en que uno se despertaba en MTV con “No surprises”, aquellos años de radicalidad con Kid A en la nueva década. Tiempos que inevitablemente se quedarán guardados. Las sorpresas: “Talk show host”, que jamás esperaba, lado B incluido en el soundtrack de Romeo + Juliet, “How to dissappear completely”, “Kid A”, “The bends” y “You and whose army?”. Por supuesto, hubiera dado todo por ir el domingo y haber escuchado “No surprises”, “Fake plastic tres” y “Just”. Pero la satisfacción es absoluta.
CUATRO / Hablar de “Creep” es difícil; es un tema tan controversial para los fanáticos de Radiohead que es raro llegar a un acuerdo. El “Creep” que mil veces tocamos en nuestras bandas de la prepa. El “Creep” por el que muchos sólo conocen a Radiohead. El “Creep” maldito, el “Creep” prohibido; pero también el “Creep” deseado.
Al entrar al Foro Sol uno está mentalizado de que “Creep” no aparecerá. Desde la gira de Ok computer dejó de aparecer en los setlists de Radiohead y sólo en algunas ocasiones especiales la interpretan. Ocasiones especiales como visitar México después de quince años.
A pesar de no esperar tal canción, el que Radiohead interpretara “Creep” es un gesto noble, amable, amistoso, profundo. Nos guste o no, la odiemos o no, “Creep” significó ese “algo más”, una suerte de gentil disculpa por tantos años de ausencia. Y para quienes creímos que jamás escucharíamos, estando presentes, esa canción interpretada por Radiohead, fue una especie de deseo oculto concedido. Con “Creep”, Radiohead incluyó en el concierto canciones de cada uno de sus siete discos de estudio.
CINCO / No matter what happens now, sure I won’t be afraid, ‘cos I know today has been the most perfect day I’ve ever seen… (Radiohead, “Videotape”, In Rainbows, 2007)



Estremecedoramente bella, Las vírgenes suicidas no es sólo la brumosa historia de cinco hermanas cuya desbordada femineidad embriaga a los chicos del vecindario, sino una toma de conciencia de lo insondable que es el pasado… pasado que va dejando apenas rastros, huellas, piezas de rompecabezas que nunca, por más que lo deseemos, volverán a encajar del todo.

I no more wrote than read that book which is


Recuerdo dos fotografías del checo Josef Koudelka, de su serie dedicada a los gitanos. En una de ellas un grupo de personas vela un cadáver en una habitación; en la otra, dos violinistas y un contrabajista aparecen en la calle con el fondo de una festividad pública. El sábado, en la Plaza 400 Años, el músico bosnio Goran Bregovic demostró que su banda hace honor a su nombre (Goran Bregovic & Wedding and Funeral Band) y son capaces de tocar marchas fúnebres y temas ambientales, así como canciones veloces y festivas.
“Es la Segunda Guerra Mundial; una canción suena en la radio”, evoca la cantante alemana Ute Lemper. “Obviamente es una radio nazi, pero la señal es interceptada por los británicos, por los franceses, por los italianos… La canción suena y hace recordar a los soldados el hogar, o el amor que dejaron en casa”. Se trata de uno de los clásicos de la música europea: “Lili Marleen”.
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