Baúl de Long Plays

Octubre 6, 2009

El cardenche, una recuperación en proceso

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UNO //  “…en realidad nosotros aprendimos porque oíamos a los anteriores y les pedimos que nos enseñaran de lo que ellos sabían, pero no nos enseñaron todo, no alcanzaron, pero ahí fue cómo aprendimos nosotros…”

Don Lupe Salazar dice esto con su voz grave y pausada, y luego toma un respiro afuera de una casa en Sapioriz, Durango. El sol de abril golpea con fuerza las calles sin pavimentar de este ejido de la Comarca Lagunera, lugar donde todavía se respira un aroma a tradiciones. Se trata del último reducto de la canción cardenche.

Este recóndito rincón del norte de México es guardián de los últimos cantantes de un estilo musical campesino que carece por completo de acompañamiento instrumental. Se trata de un canto polifónico, a tres voces, con largas pausas que se intercalan en el fraseo musical. Un canto surgido de las largas horas de sol en las haciendas de La Laguna, que ahora lucha contra la desaparición.

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Octubre 1, 2009

70 años de fidencismo: Crónica de un evangelio

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fid1En los campos del dolor

Al inicio de su documental El Niño Fidencio, taumaturgo de Espinazo, Nicolás Echeverría ofrece una imagen que pareciera resumir toda la carga simbólica del peregrinaje, del viaje en busca de la redención. Tras un cambio en las señales, el tren arriba a Espinazo. Es octubre, a principios de los años ochenta, y de aquellos vagones color verde olivo, y de sus ventanas, caen bultos y paquetes con el equipaje de los fieles. Con ello se inicia el recorrido hasta la tumba del Niño Fidencio, santo popular del norte de México, centro de una religión cuyo santuario se encuentra en la frontera de Nuevo León con Coahuila. En el mero centro de un triángulo imaginario cuyos vértices serían Saltillo, Monclova y Monterrey.

Ahora es octubre de 2008 y por las vías que cruzan Espinazo sigue transitando el ferrocarril, que ya sólo transporta carga: materiales, automóviles, maquinaria. De aquella activa estación de tren sólo quedan ruinas. A los lados de las vías la gente acampa. Se instalan en torno a sus trocas para prender fogatas. Los niños arrojan piedras a los vagones que pasan lenta y perezosamente.

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Junio 25, 2008

No me gusta la palabra “retirada” (Entrevista con Pilar Rioja)

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U N O     ”Ayer me estaba entrando uno de los ataques de pánico que padezco, y llegué al teatro y se me quitaron. Si para mí los teatros son como mi iglesia, me siento muy protegida, y con el público también, me encanta esa comunicación con el público que es importante, lo que me transmiten ellos y lo que yo les trato de transmitir; hay una comunión, y es algo que no puedo dejar, así como tanta adrenalina que todavía tengo, echarla, para que no me ataque el pánico”.

Eso dice Pilar Rioja, entre risas.

Amable, conversa en el lobby del hotel Ancira de Monterrey. La noche anterior cerró el Festival Alfonsino de la Universidad Autónoma de Nuevo León con su pasión desbordada sobre el escenario. La energía de sus tangos y tientos provocaron que uno que otro asistente al Aula Magna del Colegio Civil desahogara con un “¡Olé!” la pasión contenida.

Pilar dice adiós a los escenarios a sus setenta y cinco años de edad, aunque su gira de despedida apenas comienza. El día de la entrevista bailaba en Saltillo y al siguiente en su ciudad natal, Torreón, donde el cruce de las calles Morelos y Colón guardan su figura esculpida por Joaquín Arias, y más al sur, en la antigua estación del ferrocarril, el Centro de Iniciación Artística del ICOCULT lleva su nombre.

“La despedida va para largo, porque pensamos hacer todo México, y México es muy grande. También en Nueva York, a donde voy seguido… Nos vamos a tardar un poquito, porque apenas empezamos en Veracruz”, explica una Pilar dispuesta a dejar de bailar hasta que su cuerpo ya no tenga las fuerzas suficientes.

Difícil abandonar una carrera que inició a sus breves trece años, aprendiendo a bailar las jotas andaluzas que le enseñaran sus padres, de origen español. De ahí a sus primeras presentaciones en la parroquia del Perpetuo Socorro y en el Teatro Princesa en el lejano Torreón de los años treinta.

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Xico, una crónica de la fe (Entrevista con Quitzé Fernández)

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…Aquel año, aquel mes no paró de llover en Xico debido los temporales. Los ancianos comentaron en las charlas frente a una taza de bebida caliente que la patrona estaba enojada por algo que no sabían. Lo decían en las noches, en las mañanas frescas y en los atardeceres cuando las nubes cerraban ocultando los rayos solares. Aún así la fe de aquel lugar siguió su curso como lo ha hecho durante varios años en que empezó todo eso que nadie define cuándo fue, sólo que tiene mucho tiempo y se ha transmitido por generaciones a través de relatos.

A decir de Quitzé Fernández, construir un libro que fuera la historia de un pueblo a través de su fe no fue tarea fácil. Pero el resultado está sobre la mesa. Xico, el pueblo de María Magdalena. Crónica de una fiesta popular (Conaculta / Dirección de Culturas Populares, 2007) es un relato mágico, absorbente. Un ejercicio narrativo que nos lleva de la mano al México profundo, ese México quizá familiar en la ficción pero pocas veces alcanzado por la pluma del periodismo.

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El turco es una invención (Entrevista con Edhem Eldem)

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U N O     El poeta náhuatl Natalio Hernández, el académico mexicano Carlos Martínez Assad y el historiador turco Edhem Eldem posan para una fotografía en la sala de prensa del Fórum Universal de las Culturas, luego de una charla con los medios.

–Ahí nomás… un náhuatl, un libanés y un kurdo–, menciona en broma Hernández, en referencia a los temas tratados.
–¿Es usted kurdo? -pregunta Assad a Edhem
–No, soy turco, pero ¿qué es “ser turco”? “Ser kurdo” tiene más sentido –responde el historiador.

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Marzo 24, 2008

Periodismo y literatura en Torreón

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Torreón, con apenas tres diarios de importancia, con un exceso de escuelas de Comunicación, carente de escuelas de Letras, parece ser el lugar menos idóneo para el desarrollo de la literatura y el periodismo de una manera profesional.

Con todo, la estable presencia de estas dos actividades abre espacio a la reflexión en torno a sus convergencias, divergencias y vínculos.

La presente ponencia pretende esbozar apenas un muy superficial acercamiento a la relación de los escritores torreonenses con el periodismo, destacando la situación educativa de la ciudad, algunos ejemplos de escritores vinculados con el periodismo y algunos retos y proposiciones a futuro entre estos dos campos de la escritura.

La segunda ciudad de Coahuila, a pesar de su importancia económica estatal, su extensión territorial y población, enfrenta el grave problema de su carencia de escuelas de humanidades en todas sus variantes: desde las artes visuales hasta la música.

La falta de una escuela o facultad que otorgue una licenciatura en Letras ha llevado a gran cantidad de jóvenes con inquietudes teóricas o de creación en el área de la literatura a emigrar o canalizar esas inquietudes por medio de especialidades profesionales afines.

En contraparte, la misma pobreza de instituciones culturales (académicas y gubernamentales) que se vinculen a la literatura lleva a los escritores a buscar refugio en la docencia y el periodismo, cuando no en otras profesiones.

Ojo, una facultad de letras no crea escritores per se. Crea académicos, especialistas en el estudio de los fenómenos de la lengua y literatura. Pero es natural que en su seno se congreguen gran parte de los interesados en ejercer el oficio literario.

En ese sentido, la inexplicable proliferación de escuelas de Comunicación absorbe a múltiples jóvenes con inquietudes literarias. La formación de muchos escritores y posibles escritores torreonenses se ha dado y se está dando en las escuelas de Comunicación. Por tanto falta poner atención en el vínculo tanto de los jóvenes que abrazan el periodismo como su especialidad, como la de los escritores que, de un modo u otro llegan al periodismo como actividad complementaria o como método se subsistencia.

La relación de los escritores torreonenses y laguneros para con el periodismo es evidente, pero aún falta perfilarse con mayor firmeza.

Es notoria la presencia en los medios como columnistas y reseñadores. El ejemplo más claro de ello es el de Jaime Muñoz Vargas con su columna “Ruta Norte”, que desde hace ya algún tiempo habita en las páginas de La Opinión Milenio. Muñoz ha publicado ya, incluso, bajo el sello editorial de la Universidad Iberoamericana, sus recopilaciones Tientos y mediciones y Miscelánea de productos textuales.

A nivel nacional el nombre más fuerte es el de Carlos Velázquez, quien colabora para Milenio Diario, La Mosca en la Pared, Replicante y hasta hace poco en el periódico virtual regiomontano Los Tubos, con temas que trascienden el ámbito literario para adentrarse en el campo de la música.

Por otro lado, Vicente Alfonso Rodríguez, cuya novela Partitura para mujer muerta obtuviera recientemente el Premio Nacional de Literatura Policíaca-IPAX, fue reportero y editor de El Siglo de Torreón, además de que ha publicado trabajos periodísticos en el semanario Proceso.

También están las colaboraciones de Saúl Rosales en el suplemento Siglo Nuevo del citado Siglo de Torreón, o las del poeta Daniel Maldonado con su columna “El buen caldo” publicada en el mismo periódico, además de su labor en los medios Kiosco y RazonEs de SER.

Son apenas unos cuantos nombres, seguramente no todos (el espacio asignado a esta ponencia no permite consignar más nombres importantes), pero ya ilustrativos de una, si no saludable al menos estable, relación de los escritores para con el periodismo. Pero, en contraparte, la relación de los periodistas para con la literatura no deja de ser todavía precaria.

Salvo el caso de Vicente Alfonso, la narrativa no ha encontrado entre el periodismo y los periodistas ideas o nombres que la nutran y la revivan. Ante la aún reducida práctica de la novelística en Torreón es necesario volver la vista hacia el periodismo como causa u objetivo de la actividad literaria. Dejar atrás la barrera que impide a la ficción y a la no ficción empatarse por medio de su misma naturaleza discursiva narrativa.

Basta volver a revisar nombres como los de Ryszard Kapuscinski, Gabriel García Márquez, Ernest Hemingway, Truman Capote o Norman Mailer para ejemplificar los mejores frutos de la relación.
Que los escritores vayan más allá de la mera columna y la reseña en su labor periodística. Y que los periodistas abran cauces para hacer del reportaje y la crónica piezas con valor literario.

En ese sentido falta también prestar atención a lo que los reporteros tienen que narrarnos. Por poner un ejemplo, la reciente publicación por el Conaculta de Xico, el pueblo de María Magdalena, del torreonense Quitzé Fernández, quien ha publicado reportajes de una calidad literaria indiscutible en medios como Vanguardia, La Jornada o EmeEquis, propone un nuevo diálogo entre escritores y periodistas, no como antagónicos, sino como compañeros de una misma ruta.

[Ponencia leída (y publicada en libro) en el
I Encuentro de Escritores Coahuilenses.
8 de marzo de 2008, Teatro Isauro Martínez de Torreón]

“El desierto es la coincidencia de principio y fin” (Entrevista con Alfredo de Stéfano)

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La Galería GE, en San Pedro Garza García, alberga actualmente Breve crónica de luz, una muestra de las fotografías incluidos en el libro del mismo nombre, que fue presentado en la misma galería el pasado jueves 28 de febrero. Con textos del editor Alberto Ruy Sánchez y del escritor y guionista Gullermo Arriaga (Amores Perros, Babel), el libro es pretexto para que Alfredo comente en entrevista acerca de la visión del desierto que construye en sus imágenes. 

>¿De dónde surge la idea de recopilar las fotografías en este libro, Breve crónica de luz?

>Realmente es una serie que surgió en el 2004, un poco después de que terminó la serie de Habitar el vacío, que también tiene un libro. La exposición comenzó a moverse, aunque todavía no estaba completa la serie, y en un momento estaba en una galería en Zaragoza, España. Alberto (Ruy Sánchez), en una visita que tuvo allá, -todavía no lo conocía yo en persona- ve la exposición, le gusta mucho, y se da cuenta que es un fotógrafo mexicano, por lo que me empieza a rastrear hasta que da conmigo en México; y le gustó tanto mi obra que me invita a hacer un libro en torno a mi trabajo. En general eso es lo que detona que se imprima. Surge después la invitación a Guillermo Arriaga por una amistad personal con él, y surgen otras cosas. Pero uno como artista siempre busca que la obra, independientemente de que se exhiba, o aparte de que se exhiba, quede plasmada en una publicación. Las fotos están ahí, se van, se venden, y lo único que queda como memoria es un libro. Lo importante es que la obra quede plasmada ahí.

>En sus fotografías siempre muestra un paisaje desértico intervenido. ¿Cuál es el método que sigue para lograr ese equilibro entre la intervención y el paisaje natural?

>Hago una lectura del paisaje, primero, donde quiero trabajar. En el caso de los paisajes mexicanos, son paisajes que ya visité previamente porque tengo una relación cercana a ellos, de visitarlos, de estar cerca, porque finalmente vivo en el norte y en el norte lo que más veo como paisaje es el desierto. Estudio su luz y hago una reflexión del espacio, no nada más en cuanto al espacio geográfico donde voy a hacer la intervención, sino también lo que hay alrededor. Si alguien vivió ahí, si alguna cultura vivió ahí, quiénes fueron, qué tipo de flora, cómo fue geológicamente hace mil años, doscientos años. Todo eso para obtener una lectura del espacio, para poder interpretarlo o hacer una ironía del desierto, una reflexión sobre él. Obviamente que mi intervención tiene que tener un equilibrio con el paisaje, porque lo que quiero mostrar es el desierto, y mi intervención tiene que ser muy sutil, tal como lo es el propio desierto. Ese equilibrio es el que tengo que cuidar.

>¿Qué elemento es el que más le atrae del desierto?

>La simplicidad del espacio, a lo mejor no es un elemento, es lo que me da o lo que yo veo en el desierto. Elemento tendría que ser algo como la arena, la tierra, pero lo que yo veo en el desierto es la simplicidad de las formas, que es lo que a mí me atrae, ese minimalismo que hay en el desierto, es lo que a mí me invita a hacer una reflexión. Lo he dicho varias veces, para mí el desierto es la coincidencia del principio y el fin. Es donde se inicia la vida y después de un ciclo termina en un desierto. Así empezó la vida en la tierra, y se cierran ciclos. En el desierto podemos encontrar ese principio y ese fin, se está acabando la vida y está empezando otra.

>Ya los mencionó antes, pero ¿cómo es su relación con Guillermo Arriaga y Alberto Ruy Sánchez?

>Con Alberto todo mundo sabe que es un gran novelista, clave en la literatura mexicana, y editor de una de las revistas más importantes de México, Artes de México, y toda la colección de libros que hace, y él, independientemente de la editorial, es un intelectual clave, con libros maravillosos. Una invitación de él era un privilegio. Con Guillermo había una relación de amistad. En este libro no quería que el texto, siendo yo un artista contemporáneo, fuera, como suele ser lógico, de un curador o un especialista en fotografía. Al contrario, quería tener una visión externa a mi obra, pero también una visión de alguien quien entendiera la imagen. En el caso de Guillermo es un escritor, guionista, aunque no le gusta que le digan guionista, es un escritor de cine, que muchos de sus escritos terminan plasmados en una imagen fotográfica con movimiento, por lo que entiende lo que es la fotografía. En segundo lugar, quizá más importante, es que a él le encanta el desierto, es un cazador, una faceta que pocos conocen. Lo invité, a él le gustaba mucho mi trabajo, y para él fue un reto, ya que finalmente no era un guión. Yo le indique que escribiera lo que le naciera, lo que le dijeran las fotos; pudo haber salido un pequeño ensayo, cuento, y lo que él escribe es más bien su experiencia como cazador, por qué para él es importante la cacería, por qué es el desierto donde le gusta estar, cuál es su relación con el desierto, y al final del texto hace una reflexión de por qué le gusta mi trabajo. Esa es la manera en que se gestó este texto de Guillermo en mi trabajo, por el amor que él le tiene al desierto.

>Actualmente ¿en qué está trabajando, qué viene a continuación?

>Sigo trabajando los desiertos, pero ahora es un proyecto global, todavía no tiene un título, tiene que ver con la muerte, con la muerte en los desiertos. Pero estoy empezando a trabajar en desiertos de otras partes del mundo, acabo de regresar del de Atacama en Chile, me voy a pronto al Sahara, al Gobi, al de Namibia, me iré a otros espacios desérticos del mundo. También a lugares fríos como Islandia. Seguirá el tema del desierto. Lo he trabajado por más de quince años y seguiré trabajando en él.

[En El Porvenir
3 de marzo de 2008]

Enero 25, 2008

Amor por el vinil

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UNO // Jorge Solís muestra con orgullo una caja dura de plástico transparente que deja ver en su interior la redondez de un disco de vinil estampado con la portada del “Abbey Road” de The Beatles. No, no es la funda, es el propio disco el cual tiene impreso en sus surcos la imagen del cuarteto cruzando una calle londinense.
“A mi me contaban de este tipo de discos y no les creía”, menciona, mientras mira la pared con otros discos parecidos, con imágenes de los artistas impresas sobre los surcos.

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Noviembre 7, 2007

Entrevista con Gerardo Tort

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lucio.jpgGerardo Tort alcanzó reconocimiento con su adaptación de la obra de teatro de Jesús González Dávila, De la calle. Ahora presenta un documental al respecto de otro de los episodios oscuros de la llamada “guerra sucia”: Lucio Cabañas, la guerrilla y la esperanza.

 

¿Con qué ideas acerca de la guerrilla de Lucio Cabañas inicias la investigación de este documental, y qué descubrimientos fuiste encontrando?
Básica y fundamentalmente partimos del desconocimiento de los fenómenos de los movimientos sociales de los años sesenta y setenta. Sabíamos lo que sabe todo el mundo. Al principio la inquietud que teníamos por acercarnos al tema desde el cine era por medio de una película de ficción, con la intención de rescatar las historias humanas, reales de los personajes que habían estado involucradas en esos movimientos. De ahí fueron saliendo muchas cosas, parte de la historia de esté país todavía no contada. Pero nuestra historia no era hacer un recuento desde la denuncia o desde la especulación histórica en esta aproximación, sino rescatar las historias humanas. Entonces, en sí fue muy enriquecedor el aproximarnos desde este enfoque, del lado humano, de los participantes y los protagonistas de los movimientos sociales radicalizados.

¿Cómo fue recibido el documental?
De diversas maneras. Hemos tenido oportunidad de presentarlo en diversos foros, tanto en festivales como en exhibición abierta, y hemos tenido diferentes respuestas. La más sorprendente es quizá en los foros donde hay chavos, las nuevas generaciones que de pronto se preguntan: ¿cómo es que esto pasó en México? ¿En verdad pasó esto aquí? Porque pareciera que lo que se narra o los hechos que se narran fueran del cono sur, de la dictadura chilena, argentina, uruguaya paraguaya, guatemalteca, salvadoreña; ya que nunca ha habido la conciencia de que eso pasó en México. Hay mucho desconocimiento, y la gran sorpresa para nosotros ha sido esa, enfrentarnos a una parte de la historia que sigue siendo velada, oculta e incluso hasta socavada.

En los últimos años se ha hablado más de los movimientos de los años sesenta y setenta, aunque La Fiscalía Especializada para Movimientos Políticos y Sociales del Pasado fue un proyecto fallido. ¿Hay posibilidades de crear nuevamente una instancia que resuelva los crímenes del pasado, que dicte justicia?
Lo de la fiscalía, desde mi punto de vista, fue una falacia, un petardo, una ilusión china. Parecía como que había la intención de aclarar lo que había pasado. Finalmente no fue así, no pasó absolutamente nada. Yo no creo que desde las instancias gubernamentales haya una voluntad política para explicar lo que pasó en aquellos años. Antes bien, creo que está en el papel de la sociedad civil el empujar para esclarecer lo que pasó. No veo que una fiscalía como tal tenga incluso las herramientas para poder ejercer, en términos de justicia, lo que se debería de hacer.
Quizá una Comisión de la Verdad, como ha existido en otros países, pudiera acercarse mucho más al esclarecimiento. Yo, desde mi perspectiva, no veo voluntad política.

¿Cuál es tu opinión de Francisco Vargas, que recientemente ha estrenado con mucho éxito El violín?
Por supuesto nosotros, e incluyo a Francisco con El violín, no estamos descubriendo el hilo negro. Hay películas, varias películas que hablan de este tema, pero que no han tenido luz. Creo que el momento político social que vivimos permite que el tipo de películas que hablan de estos temas pueda acceder a las audiencias. En ese sentido también opino que hace falta más. Podemos verlo en Argentina, en Chile; en España, todavía se siguen haciendo películas sobre la Guerra Civil. Ahora un mexicano (Guillermo del Toro) acaba de tocar el tema desde el punto de vista fantástico: El laberinto del fauno. Y habla sobre eso, sobre la Guerra Civil Española. Quiero decir que el que haya una película o dos no agota el tema. Creo que es un proceso, y el cine nos invita a participar en ese proceso de reflexión desde los diferentes géneros posibles que tiene: documental, ficción, y de la ficción el género fantástico, melodramático, la comedia. Es una invitación para que otros cineastas, incluso desde otra óptica, aborden esta línea temática.

En El Porvenir
3 de noviembre de 2007

Octubre 31, 2007

“El contar una buena historia sigue siendo la base” (Entrevista con Joseph Beyer)

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Joseph Beyer es programador del Festival de Cine Independiente de Sundance

-Con el desarrollo de la tecnología, sobre todo en los medios de filmación, ¿ha cobrado mayor importancia el cine independiente?
-Sólo podría hablar de la experiencia norteamericana, y sí, en Estados Unidos el cine independiente se ha trasladado de la independencia al mainstream. Por ejemplo, a finales de los noventa hubo una serie de películas en Estados Unidos que fueron importantísimas porque trasladaron el movimiento independiente al sistema de los estudios. Éste no tenía el apoyo de Hollywood antes de eso. Hubo una película en particular, Sling Blade, de Billy Bob Thornton, quien la escribió y dirigió, que luego fue nominada para dos premios de la academia. Se trata de una película muy sencilla, hecha con muy poco dinero. Ese incidente fue la chispa que provocó un enorme interés en los estudios, que habían ignorado a los filmes independientes por veinte años, para que comenzaran a trabajar con este director.También tienes a alguien como Steven Soderbergh, que estrenó su primera película en el Festival de Sundance, Sex, Lies and Videotape, y quince años después es uno de los directores más grandes en el sistema, y hace Ocean Eleven, Twelve y Thirteen y Fourteen (Juego de palabras en inglés respecto a película “La gran estafa” y sus secuelas).
Ese proceso de trasladar a estos directores y artistas del movimiento independiente al lado del sistema de los estudios se ha completado. El año pasado tuvimos en el Festival de Sundance una película llamada Little miss sunshine que luego se ganó el ser nominada a Mejor Película en los Óscar, lo cual es algo nunca antes visto en nuestra comunidad. Entonces, en ese sentido sí, las cosas han cambiado mucho, demasiado.

-¿Qué es lo más radical y alternativo actualmente, en cuanto a cine independiente?
-Hay cosas muy interesantes sucediendo ahora en Estados Unidos, debido a la tecnología y la habilidad de usar la Internet y la distribución digital. Los cineastas muy experimentales no están trabajando sólo con el proceso visual y de fotografía, sino que también están experimentando en los campos de la narrativa, la historia y la estructura. Sus películas nunca habían tenido la oportunidad de alcanzar el tipo de audiencia que pudiera apreciarlos o emocionarse con este tipo de trabajos, pero ahora los canales alternativos de difusión han ido creando comunidades de interés en filmes muy experimentales.
Sundance ha tratado de apoyar esto durante muchos años, tenemos una sección del festival que es dedicada no sólo a trabajos experimentales, sino a llevar artistas que realizan su trabajo en diferentes medios: fotógrafos, pintores, sonorizadores, músicos, y otra gente que está experimentando con sus propias formas de arte. Ahora tenemos un foro que desarrollamos para que estos artistas se conecten con los cineastas, y vemos cómo las ideas pueden influenciarse mutuamente. Es algo que solía ser muy marginal y ahora es muy celebrado y existe un gran interés; es interesante ver cómo se desarrolla, porque, cuando empezó, el cine experimental se encontraba mucho a la sombra.sundance.jpg

-Finalmente, con estos nuevos medios de distribución, ¿cuál es el futuro del cine?
-Hay algo muy interesante con la experiencia que implica ver una historia a través de la tecnología, que es muy individual. Yo encuentro que cuando me gusta una película o un corto, cuando me engancha a través de una pequeña pieza de tecnología (un reproductor portátil, por ejemplo) me concentro en ella y hay cosas que disfruto más porque estoy solo con el filme. Al mismo tiempo, esto nunca podrá reemplazar el sentimiento que una audiencia le brinda a la obra, y esa experiencia colectiva es precisamente el por qué estos eventos son tan importantes. Hay una conexión al nivel humano, que crea una dinámica diferente que el ver una película individualmente.
Estos reproductores portátiles son buenos para áreas del mundo que no tienen acceso a cinetecas o festivales de cine, etcétera. Me parece muy interesante y la mayoría de los cineastas en Estados Unidos están muy concentrados en cómo usar la tecnología. Pero todavía hay la creencia de que ir a un teatro, que se apaguen las luces y aparezca la magia de la luz en el celuloide es la meta número uno de cada artista que trabaja en el cine.
Al mismo tiempo hay directores impresionantes: David Lynch está haciendo un montón de trabajo que está siendo sólo producido para el Internet, así como hay también un documentalista, Robert Greenwald que hace documentales muy críticos acerca de la guerra en Irak, o la empresa Wal Mart, y para él la Internet es la manera más rápida de llegar a su audiencia. Hay también una nueva estructura de directores que a los que no les interesa los festivales, la televisión o los cines, y sólo se concentran en You Tube e Internet.
Hablaba hace una semana con un amigo acerca de qué tan diferentes eran los directores nacidos hoy que los que nacieron hace veinte años. Y, tan sólo desde el inicio, está la experiencia completa de cómo llegar a amar el cine o como se puede acceder a él; la idea de que alguien puede usar ahora un servicio como Netflix, en el que no se requiere ir a una escuela de cine para ver una gran cantidad de películas, hace que pudiera yo educarme a mí mismo. La gente joven está más preocupada en cómo usar la tecnología, pero el valor principal permanece intacto: una buena historia, que le diga algo a la audiencia, que la mueva. Si estos elementos están ahí, no importa si la pantalla es grande o pequeña, no importa. Los valores son los mismos. Todas las cosas cambian, pero el contar una buena historia sigue siendo la base.

En El Porvenir
28 de octubre de 2007

Octubre 21, 2007

De hipotermias, gringos, crack y editoriales (Entrevista con Álvaro Enrigue)

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¿Hipotermia se trata de un libro de cuentos, una novela, o una novela por cuentos? ¿Cómo podríamos definir su estructura?
¿Sabes? Ya no sé bien, cada vez estoy menos seguro. Pero el proyecto era originalmente hacer un libro de cuentos consistente como una novela. Es decir, había una suma de relatos sobre la experiencia de los Estados Unidos, acumulada, porque los cuentos son algo que se va acumulando con la vida, si vives de esto. Y la idea no era publicar, que es algo que he tratado de hacer siempre con mis libros anteriores: no publicar un libro de cuentos que se acumularan, sino un libro que se pudiera leer de dos maneras distintas, que se pudiera leer como un libro de cuentos, o que se pudiera leer como si tuviera un aliento más largo, el aire seco, familiar que tienen las novelas.
La idea central es no decidir. Hay un momento muy importante en la cultura, en la película Blade Runner, en el que no se sabe si Harrison Ford es o no un replicante. Entonces le preguntaron a Ridley Scott (director) si era o no, y él respondió: “No sé”. Y a mí me gustaría responder de la misma manera. No sé si es un libro de cuentos o una novela. Creo que la idea es que no se sepa. Me parece que dependemos demasiado de los géneros y las etiquetas cuando un libro puede ser distinto, intragenérico, puede ser mezclado, puede ser algo que esté en medio.

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Octubre 8, 2007

“La mejor obra de Kapuscinski es la que nunca escribió” (Entrevista con Agata Orzeszek)

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U N O . Como si fuera pura coincidencia, cuatro meses después del fallecimiento del periodista Ryszard Kapuscinski la revista polaca Newsweek publicó que el reportero fue colaborador de los servicios de inteligencia: un espía del régimen comunista. Factor que le permitió viajar por África y así legar sus memorables volúmenes de reportajes.
Para Agata Orzeszek, quien tradujo la totalidad de la obra de Kapuscinski al español, el asunto no tiene otra respuesta, la falsedad. No es necesario, incluso, preguntarle. La traductora abordó el tema de inmediato, luego de que saliera a cuento en las mesas del XII Encuentro Internacional de Escritores, para el cual dictó la conferencia de clausura el sábado 8 de octubre.
“No hay tema”, dice amable, pero firme. “Esa revista es una publicación sensacionalista, no tiene nada que ver con el Newsweek de Estados Unidos. La polaca es una revista sensacionalista”.
Ágata criticó las “ganas de llenar de mierda una autoridad moral” para obtener sólo un momento de gloria. “Pero esto se va a acabar, y Kapuscinski permanecerá, así que de qué vamos a hablar. No hay tema”.

-Además ¿es evidente el oportunismo?, aprovechando el reciente fallecimiento de Ryszard.
-Lo que pasa es que esto en Polonia es constante. En el extranjero ha trascendido sólo lo de Kapuscinski porque su obra tiene reconocimiento en el exterior, pero los están machacando a todos-, comentó refiriéndose a los intelectuales. -Así que ya ve, no hay tema.

-¿Y cómo ves el estado de la prensa polaca actualmente?
-Para empezar yo vivo en Barcelona. Leo prensa polaca, pero la que yo elijo. No leo la prensa gubernamental porque lamentablemente es mucha. Demasiada gente que se ha amoldado perfectamente y ha adoptado el discurso nacional-católico que es ahorita el que se lleva en Polonia. Pero está también la otra prensa que yo leo, que no ha adoptado ese discurso y tampoco es lo contrario, pero por lo menos es más abierta. Por comparar, diría que hay tres publicaciones que leo en Polonia contra trescientas que son ilegibles. Esperemos que pase esta especie de epidemia y ya volveremos a leer más adelante”.

agata2.jpgD O S . Agata es una mujer dinámica y alegre. Se muestra sumamente abierta y gustosa de hablar de Kapuscinski, quien fuera homenajeado en esta edición del Encuentro Internacional de Escritores.
En una entrevista de José Garza, que publicara recientemente la revista Armas y letras, Ágata confesó que traducir a Kapuscinski es traducir a un amigo. Ella misma fue la que promovió a la editorial Anagrama la publicación de sus textos.
Actualmente, según me explica, está preparando una nueva edición de La guerra del futbol, colección de reportajes en América Latina, África y Chipre. Originalmente, detalló, Ryszard propuso dos versiones del texto, así que hay reportajes que no se incluyeron en la versión publicada. La nueva edición los incluirá todos.
“Me ha estado gustando mucho este encuentro”, confiesa Ágata. “Kapuscinski es una excusa; hay algunos ponentes que han hecho sus intervenciones alrededor de la obra, y hay otros que sólo han cogido una frase o algo así y han desarrollado a partir de esa cita una intervención dentro de su campo de trabajo”.
“Sobre todo he descubierto una importante vitalidad. Kapuscinski me lo dijo en una de las conversaciones que tuvimos alrededor de sus libros de América Latina: ‘Es un lugar maravilloso porque aquello hierve, hay un montón de ideas, impulsos nuevos. En Europa estamos prácticamente muertos…’. Y eso es lo que he comprobado, hay un bullicio de ideas, de teatro, de poesía, de compromiso, mucha gente comprometida consigo mismo, con su quehacer”.

-¿Logró entender Kapuscinski la realidad latinoamericana? Recuerdo un fragmento de La guerra del futbol donde confiesa que cometía error tras error tratando de descifrar la política en estos países.
-Él era tremendamente modesto, cuando decía que no lo lograba entender algo es que inmediatamente hacía todo por hacerse de la información necesaria para comprenderlo. Cuando estuvo participando en los talleres de la Fundación Nuevo Periodismo y García Márquez lo presentaba como el gran maestro, Kapuscinski se sorprendía del ímpetu de los periodistas jóvenes, de los que decía aprender mucho. Mencionaba: ‘Ojalá yo en mis tiempos hubiera tenido esta clase de talleres’. Incluso cuando la gente conversaba con él, más que entrevistarlo él los entrevistaba.

Kapuscinski estudió historia, luego se dedicó al periodismo. “El periodista es un historiador”, explica en Los cínicos no sirven para este oficio. ¿Hubo alguna contribución por medio de su obra a las técnicas de la historia?
Sin duda alguna el historiador se encontraba en él, y bien afianzado. Él era un historiador en el momento mismo de su surgimiento, in statu nascendi. Al terminar la universidad se le abrían sólo tres posibilidades: Trabajar de archivista, quedarse de docente, o estudiar la historia in statu nascendi. Y este tercero fue el camino que siguió.

T R E S . A la salida de una mesa de trabajo abordo a Agata Orzeszek. Su presencia es misteriosa. Delgada, elegante en el vestir, su cabello es lacio y corto. Tiene una mirada intrigante, europea, ojos azul grisáceo. Un aire de complicidad y una sonrisa que no se evapora.
Al ver la grabadora digital abre más sus ojos: “Qué cosa más impresionante, ¿no será usted un espía?”, pregunta entre risas. De ahí parte para negar las acusaciones sobre Ryszard. Pero, gajes del oficio, la batería se agota a media entrevista y debo continuar con los recursos ancestrales de la memoria y las notas. Las últimas preguntas tienen más un aire de charla informal en el pasillo del museo, que de una verdadera entrevista.

-Eres una de las personas que mejor conocen la obra de Kapuscinski…
-Así es, la he visto por arriba, por abajo, por la izquierda, la derecha, la desmantelé y volví a montarla en otro idioma.

-…entonces, dejando de lado la labor de traductora, ¿cuál es tu libro favorito de Ryszard?
-Aquél que no pude leer, todos esos textos que no había escrito. También Un día más con vida, su obra más personal, más poética. En la que narra la soledad y el cómo la vida siempre pende de un hilo. De hecho, al traducirlo quería titularlo “Un día más arrancado a la muerte”, porque así se acercaba más a la expresividad del título original en polaco. Sin embargo decidí dejarlo como está porque Kapuscinski usa la palabra “vida” y quise respetar ese aspecto. Pero el título en polaco es sumamente expresivo. 

En el suplemento Semanario del periódico Vanguardia
No. 91. 15 de octubre de 2007

Octubre 1, 2007

Una entrevista con Iraida Noriega

Archivado en: Periodismo — by staff @ 2:31 am

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Una entrevista con Iraida Noriega, antes de su participación en la Carpa Cabaret del Fórum Universal de las Culturas.

¿Qué evoca para ti la palabra “cabaret”?
Es muy loco porque como que “cabaret” lleva implícito toda una cuestión de show, personaje y teatralidad. Y siento que, por lo menos hasta este punto de mi vida, todo mi ejercicio ha sido justamente lo opuesto.  No instalarme en un personaje, sino tratar de llevar la persona que soy al escenario. Tener en valor de abrirte y decir “esto es lo que soy”. Pero bueno, supongo que eso en sí mismo es un show (risas).
Evidentemente es muy emocionante. Ayer que estábamos en el ensayo, veía la pista y me metió en un trip literalmente de los cuarentas, cuando salía la banda y la morra con su vestido y cantaba, y la gente se paraba a bailar. Bueno, no se si van a parar a bailar, la neta, pero de pronto me evocó ese espíritu y es precioso.

En tu nuevo disco interpretas canciones clásicas de autores como María Greever, Álvaro Carrillo, Agustín Lara. ¿Cómo fue el reto de revisitar estas canciones por medio del big band?
Más que reto, era algo natural. Siempre ha habido un debate en México, sobre todo en el ámbito cultural, acerca de si el jazz es mexicano o no, y, por lo tanto, sobre si lo dejamos entrar o no… Cuando mientras en lo que son peras o son manzanas en México ha habido un movimiento jazzístico desde principios del siglo. Y si lo pensamos desde la perspectiva del asunto improvisatorio, hay que ir a escuchar a los jaraneros en Veracruz, cómo improvisan todo el tiempo no nada más  melodías, sino poesía, y dices: “broder, la improvisación es parte de nuestro estar”. Y si hay algo que es cierto de México es eso, porque donde no hay infraestructura se inventa; en donde dicen que no se puede, de todas maneras se puede. Es como parte de nuestro ser. En función de eso, abordar las canciones de los cuarenta como un standard de jazz de Cole Porter, pues es algo que ya estaba sucediendo en el mundo en los cuarenta.

Hablas de la improvisación, ¿crees que en la educación musical en México existe poco espacio para las técnicas jazzísticas o populares?
Como escuela sí, porque está muy polarizado por un lado el conservatorio, y por otro todo el resto de la música, la música popular, como si fuera una cosa como que… (hace un gracioso gesto de desprecio). Lo cierto es que la música popular tiene una buena formación “de la calle” tal cual, pero al pasar de los años también ha conseguido su organización, su forma de transmitir ese conocimiento de unos a otros. Ahorita tengo la suerte de participar en una escuela que se llama DIM; privada, pero alivianada en cuanto a costos, que un poco lo que está ofreciendo es transmitir la formación o el conocimiento de los géneros populares, sea el jazz, el folclor, el funk, el blues, el rock, todo aquello que no cabe dentro de un conservatorio; transmitirlo con un poco de organización, con el afán de que haya más seriedad en cuanto a la formación y más seriedad y respeto hacia estos géneros, porque de repente “improvisar” suena a como que cualquier hijo de vecino mañana empieza a inventar cosas y no es así, tiene toda una talacha y una cuestión de trabajo e introspección profunda.

¿Cómo percibes el jazz reciente en México? El jazz joven, por ejemplo bandas como Los Dorados o Muna Zul
(Iraida se emociona al oír el nombre del trío Muna Zul y exclama: “¡Mis niñas!”). Increíble. Me siento muy afortunada de que este sea el momento en que me toca hacer música, junto a mucha otra gente. Un momento en que se desmonopoliza todo el asunto, ya que antes si no era por una cadena o una ruta ya trazada no había forma. Y ahorita el movimiento independiente y el iTunes y todas estas cosas hacen que te metas a Internet y te des cuenta que habemos 40 mil millones de pelados haciendo cosas chidas. Estamos en un movimiento fuerte, sólido, y hay que aprovechar eso, es nuestra responsabilidad hacer que eso perdure y pase a otro nivel.

Quiero mencionarte algunos nombres de cantantes y que me digas qué te evocan o qué opinas de ellas. La primera es Ute Lemper, quien hace unos días se presentó en Monterrey.
Me impacta su fuerza. Su fuerza escénica, todo ese temple y ese carácter, es algo que admiro y aprendo mucho de eso.

Bebel Gilberto, que también estará en el Fórum.
Fíjate, es como un bonito contraste desde mi percepción, porque por un lado está toda esa fuerza y ese drive de Ute Lemper, y por otro lado esa sutileza y naturalidad de Bebel que me seduce muchísimo

Y finalmente, alguien con quien estás vinculada íntimamente, Magos Herrera.
¡Mi hermanita! Ahí si me tocas el corazón muy cañón, porque tuvimos una tocada la semana pasada en Chihuahua y pues la verdad es que la vivencia con Magos es increíble, porque compartimos música, compartimos vida, compartimos todo. Ahora nuestros caminos de vida se separaron, ya que se fue a vivir a Nueva York, y lo interesante es que aunque estés en diferentes geografías, a nivel existencial sigues coincidiendo en los mismos puntos. Es mi hermanita, la amo.

En El Porvenir
29 de septiembre de 2007

Septiembre 18, 2007

Entrevista con Mario Bellatin

Archivado en: Periodismo — by staff @ 8:07 pm

La literatura de Mario Bellatin es enfretarse un mundo que se maneja por sus propias reglas, y que se manifiesta de una manera tan natural que cualquier interrogante al lector queda ahogada por esa sensación de inmediatez cotidiana que presenta el relato. Sin embargo, Bellatin es transparente, nunca oscuro. Afuera el misterio y el desconocimiento. Adentro la coherencia y la estructura. Salón de Belleza y las bizarras autobiografías de El gran vidrio son buena muestra de ello.
A continuación una entrevista con Mario Bellatin, antes de la presentación de El gran vidrio en el Colegio Civil de Monterrey.

Lo que se puede encontrar tanto en la primera autobiografía de El gran vidrio como en pasados libros tuyos como Salón de belleza es la intención de retratar a un personaje en el presente, que mira atrás y que a la vez está por enfrentarse a un porvenir cambiante e inminente.
Sí, todo responde a una misma escritura. Lo que quiero es conseguir que se reconozca a un autor, al mismo autor detrás de todos los libros, independientemente de que los temas sean distintos, de las diferentes situaciones, temas, y objetivos de cada libro. Que se sienta que hay una misma estructura que los sostiene. No es casual que encuentres similitudes entre esos dos textos, lo que sí no hay es repetición; se trata de una indagación, una exploración más en un mismo tono o camino determinado.

¿Consideras tu narrativa como minimalista?
A mi me da mucho temor etiquetar mi obra, y a mí mismo aun más. Porque, de alguna manera, cuando se hace ese ejercicio se suele reducir las posibilidades de la obra bajo determinada idea que se imponga. Lo que yo creo que se refieren con eso no es tanto ubicarla como minimalista, porque el minimalismo es una corriente que tiene una serie de características muy propias, sino como una escritura que permite la existencia de los vacíos, del silencio, de la presencia del lector como autor de los textos. Es una escritura como una suerte de andamio por la cual pretendo que el lector transite, y que cada quien vaya descubriendo un mundo determinado, un mundo propio de acuerdo a quien sea ese lector, es un libro a la medida de todos los lectores.

Otra cosa que se distingue en tu obra es la creación de mundos especiales, universos propios y cerrados con sus propias reglas que, sin embargo, dejan muchas cuestiones abiertas al lector.
Creo que es un mundo también bastante habitual y cotidiano. Está construido de manera que invita a ingresar en su universo; porque se podría pensar, al momento de hablar de un espacio particular, de un espacio extrañado de la realidad, que fuera una cosa exótica, o un espacio experimental; y yo creo que no, que son textos que mantienen una coherencia bastante tradicional y que cualquier lector puede ser atrapado por ellos.

De cualquier manera sigue presente esa extrañeza…
Yo creo que aquí la extrañeza radica en que el lector está esperando una forma determinada para que le cuenten los sucesos que aparecen en los libros, entonces, se establece un choque en que el contenido va siendo construido de una manera que incluso es mucho más amable al lector, que aparentemente no le pone trabas de carácter retórico o intelectual, sino que está construido con una lógica que aparentemente es bastante inocente, amable, repito la palabra, seductora, para que alguien ingrese en ese mundo. Esto sucede de una manera que casi no lo adviertes, o lo adviertes cuando ya estás dentro de la obra y no suceden las cosas que tu crees que van a pasar, y eso me parece que es importante en la literatura, que nunca sepas lo que va a pasar, porque eso es un poco la idea de enfrentarse a una obra de arte, que nunca sepas cómo va a ser tu recorrido como lector, que todo tiempo haya sorpresas y esas mismas sorpresas hagan que te involucres con ese texto que tienes delante.

¿Hay algo de alegórico en tu narrativa?
No lo sé, yo a veces la leo, y este libro en particular (El gran vidrio), de una manera bastante realista también. Y siento que al decir que mi literatura es alegórica también caeríamos en esta suerte de colocar una etiqueta que le impediría ver todas las opciones que puede tener. Creo que ciertos aspectos pueden ser leídos de una manera alegórica, de una manera no realista por decirlo de algún modo, más que alegórico, que no se apega a la realidad; pero al mismo tiempo surge la pregunta de ¿qué es la realidad? Creo que este es uno de mis libros más reales que he escrito y, curiosamente, se crea el mecanismo contrario. Cuando pensamos que estamos en un mundo totalmente imaginario, un universo que obedece sólo a sus propias reglas, curiosamente estamos exhibiendo la realidad de una manera mucho más profunda de lo que podemos hacerlo si respetamos ciegamente una manera tradicional de escribir, de construir lo que supuestamente es una novela.

Agosto 8, 2007

“Ahora son los académicos los que están interpretando la realidad” (Entrevista con Carlos Monsiváis)

Archivado en: Periodismo — by staff @ 8:03 pm

Entrevista con Carlos Monsiváis, alrededor del seminario Cultura y Sociedad en el Siglo XX, que dictó en el Colegio Civil de Monterrey, en el verano de 2007.

 Una referencia recurrente en su seminario es el hecho del desarrollo de las universidades, y de cómo la visión de la sociedad ha llevado a ver las licenciaturas como un “doble bachillerato”…
La masificación universitaria trae consigo logros y decepciones. La mayor parte de la gente que está participando en todos los niveles ya es egresada de las universidades, antes no era tan frecuente, ahora lo es sin duda. Sin embargo, lo que se ve con precisión es cómo viene ya cierto discernimiento o frustración, al ver que el título que antes se pensaba que era el gran seguro de vida ya no garantiza el empleo. Se da, por un lado, la obligación del título para figurar en la vida pública, por no hablar ya de la vida profesional, donde es imposible circular sin título y también la decepción que trae consigo el saber que el título ya no es la llave mágica, que el desempleo también le aguarda a los poseedores de certificados de licitud profesional.

Otra referencia es el hecho de que los académicos han venido a tomar el lugar de los intelectuales públicos…
Los intelectuales públicos no solían participar en la vida académica, y si daban clases lo hacían de un modo excepcional. Vasconselos no daba clases, era director de la Biblioteca de México, pero no daba clases. Alfonso Reyes daba cursos, pero no era propiamente un maestro, y así sucesivamente. Además, no se contaba con una industria académica. Esa hiperproducción de textos, esa necesidad de publicar o perecer, es un fenómeno reciente, de apenas unos veinticinco años. Entonces, lo que produce la industria académica es por fin la posibilidad de que los intelectuales tengan un modo de vida que no dependa del apremio del periodismo o de las traducciones; y al ir concentrando la vida académica a los intelectuales, el intelectual público, esa especie que se dedicaba profesionalmente a observar, examinar, interpretar los fenómenos del día, viene a ser una especie en extinción, y hoy se puede decir que son académicos, no intelectuales públicos, los que están interpretando la vida política, social, cultural, religiosa.

Por otro lado me llamó la atención su comentario de la ausencia de intelectuales de derecha…
Yo hablaba de que en el siglo XX fue notoria la escasez de intelectuales de derecha, entendiendo por éstos a quienes defienden un programa religioso como fundamento de la vida cultural, o quienes defienden las formas del capitalismo salvaje como las necesarias y propias de una sociedad. Ahora no están tan claras o delimitadas las funciones del intelectual de derecha y nadie se asume como intelectual de derecha. Hay un número alto que se asumen como de izquierda, pero es muy difícil encontrar intelectuales que digan “yo soy de derecha” o académicos. La derecha tiene, culturalmente hablando, un cerco de desprestigio y la izquierda no tanto, aunque en los periódicos lo que uno ve son ataques a la izquierda porque no cumple, porque es populista, etc. Pero no tanto ataques a la derecha. Hay referencias desdeñosas, pero no análisis de la derecha, es lo que más escasea. Siento que lo que está pasando es como siempre, que al no asumirse un grupo importante de intelectuales como de derecha le queda a la izquierda decir “éstos son de derecha”, y entonces se vuelve un juego de atribuciones más que un verdadero debate.

Por otro lado, usted también habló del fin del debate en las publicaciones, para dar paso a la discusión en reuniones.
La democratización del debate me parece un detalle muy positivo. Siempre lo ha habido, pero no como ahora. Lo que llaman polarización, lo que se llamó tan insistentemente polarización en 2006, no era sino el hecho de que se debatía con actitud, con encono, con ánimo obviamente de pleito, la situación política.
Yo no vi tanto la polarización como una división tajante de la sociedad, sino como unas ganas de discutir, sin fijarse en las consecuencias familiares o amistosas de ese hecho.
Lo que creo es que no hay espacio físico en las publicaciones para el debate. Hay un momento de crisis, una dependencia enorme de los anuncios y una necesidad de disminuir páginas si se quiere que las publicaciones se preserven en el caso de las revistas, o de concederle mayor número de páginas a los anuncios en los diarios. Entonces, no es que no se quiera el debate, tan estrictamente como que no hay espacio donde realizarlo.

Precisamente con estos cambios en los medios y con la tecnología, ¿cuál es el futuro del periodismo?
El periodismo va a ser cada vez más un hecho ligado a la tecnología. Aunque el periodismo escrito retenga todavía los poderes de la interpretación, el periodismo televisivo va a ser cada vez más el que informe. Noventa y cuatro por ciento de las personas que se interesan en la política, o que reciben información política, según datos que dieron en la campaña del 2006, lo hacen por la televisión; y sólo el seis por ciento a través de la lectura de las publicaciones. Esto puede disminuir. Me queda claro que, con todo, el poder de la interpretación como razonamiento, como diálogo entre autores y lectores, va a seguir teniendo importancia en la prensa, pero también creo que el avance de los medios visuales y electrónicos va a dificultar cada vez más el tiempo de lectura dedicado a la prensa y la condición mental que se requiere para leer artículos, ensayos, que sí se ha visto afectada por las imágenes.

¿Entonces cuál sería el reto de los periodistas ante este nuevo lector de publicaciones?
Volver irrefutablemente ameno su trabajo, sin que en la palabra “ameno” se filtreen las concesiones o las puerilidades. Ése es un gran reto.

En Vida Universitaria
Año 11, No. 190. Agosto de 2007

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(Foto: Pablo Cuéllar)

Postdata:

Monsiváis nunca pierde el humor y la ironía, por mucho que esté hablando de las cosas más serias del mundo. Esta entrevista se realizó en una sala del Hotel Ancira de Monterrey. Mientras el intelectual hablaba, repentinamente sonó el teléfono celular de una chica cuyo ringtone (believe it or not) era el mismísimo Himno Nacional Méxicano.
Monsi se quedó en silencio por un instante, mirando fijamente hacia el rumbo en que desapareció la chica a contestar la llamada. Luego volvió la mirada y dijo de la manera más grave:
-Es el colmo ¿no? Que en su celular ponga el himno nacional. ¡Imagínate! Va a obligar a todos los que estén en el cine a ponerse de pie.

Mayo 1, 2007

“Monterrey, un pretexto para ensayar estilos” (Sobre Hugo Valdés)

Archivado en: Periodismo — by staff @ 5:00 am

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Definitivamente, dos que tres asistentes no pudieron evitar sonreír ante la expresión de Hugo Valdés cuando, durante la presentación de la reedición de The Monterrey News, un osado aventuró preguntarle si acaso El crimen de la calle Aramberri había recibido influencia del Aura de Carlos Fuentes.

–No, usted lo dice por el asunto de la segunda persona. Y ahora precisamente lo mencionaba en una entrevista, eso viene de mucho tiempo atrás, desde la nouvelle francesa, aunque siempre se lo atribuyeron a Fuentes.

En efecto, minutos antes, la entrevista con Hugo Valdés terminó dando un giro hacia de las técnicas que lo ayudaron a dinamizar su versión literaria del famoso crimen: Diálogos interpuestos, segunda persona, pluralidad de voces… La forma al servicio del fondo.

–Además mi novela es de carniceros, de asesinos… digo, no los juzgo, sólo expongo lo que hicieron.

El crimen de la calle Aramberri parte de un conocido hecho de nota roja acontecido en el Monterrey de los años treinta, cuando una mujer y su hija fueron brutalmente asesinadas en la casa de la citada calle. El móvil: una fuerte cantidad de dinero que el marido había retirado del banco y mantenía guardado en su hogar.

(más…)

Marzo 1, 2007

Los Dorados – Turbulencia

Archivado en: Periodismo — by staff @ 6:16 pm

Jazz de la Laguna
Los Dorados

Una animación flash al inicio de su website (www.losdorados.info) transforma una fotografía de Pancho Villa flanqueado de tres de sus guardias personales -los famosos “Dorados del Norte”- en cuatro aguerridos músicos armados de guitarra, contrabajo, saxofón y batería. Los Dorados, el combo de jazz-rock que buena parte de la crítica señalara como de lo mejor en el 2006. No es para menos, Turbulencia, su segundo trabajo, muestra cómo una banda de jazz puede volar al filo de los géneros sin estrellarse en el intento. O lo que es más simple: hacer música con la libertad de quienes se saben dispuestos a dar el paso adelante.
Mientras un avioncito recorre de lado a lado la pantalla la memoria se remonta al avión de Sarabia. Para los no laguneros (la región de La Laguna comprende las ciudades de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo), Ciudad Lerdo, Durango, es reconocida como el lugar de origen de uno de los pioneros de la aviación en México, Francisco Sarabia, por lo que en ella se encuentra un museo en su honor que resguarda su fiel aeronave, gigantesco armatoste que sirvió de inspiración al grabado de Pepe Valdés que engalana la portada de Turbulencia.
Ya había tenido referencia de Los Dorados, acaso por ser originario de Torreón, al igual que Demián Gálvez (guitarra) y Carlos Maldonado (contrabajo). El punto es que luego de tres conciertos en los teatros Nazas e Isauro Martínez de Torreón, fue hasta su presentación en Aula Magna del Colegio Civil, en Monterrey, donde escuché por primera vez a la banda, que se completa con el argentino Daniel Zlotnik en el saxofón, y el defeño Rodrigo Barbosa en la batería.
En un festival de jazz organizado por la Universidad Autónoma de Nuevo León, Los Dorados toman el escenario e impactan por su fuerza en vivo; “Turbulencia”, tema con el que abren el recital, provoca la ovación ante la entrega de Daniel al sax. Sin embargo, es lo más jazz que se escucha en toda la noche, puesto que el resto del set es un hueso más duro de roer, pero no por ello menos suculento. En gran parte se trata de temas que aparecerán en su nueva producción, en la cual participa Cuong Vu, trompetista vietnamita integrante del Path Metheny Group. En ellos Los Dorados no ceden en su búsqueda sonora, y aunque en el concierto se extrañan los temas de su disco debut, canciones como “Estación Marte”, “Marmotas in the toilette”, “Magma” e “Incendio” cumplen con las expectativas y aun las superan.
Y es que luego del más “tradicional” Vientos del Norte, Turbulencia resulta una afirmación de principios, como lo ilustra el epígrafe de Miles Davis que Óscar Adad apunta en sus notas al disco: “Me gustan las personas que siempre se están moviendo, cambiando; la gente que dice: ‘¿Qué es esto?’ ‘¿Qué es lo otro?’ ‘¿Por qué están haciendo tal cosa?’ Así soy yo. Así he sido toda mi vida”.
Y esto se confirma a lo largo del turbulento tracklist: Los suaves ambientes de “Canción Muda”, “Canto” o “Alba”. La estridencia de las abrasivas “Unión Laguna” o “Volar de Valor”. El ambiente funky de “Pez Gordo”, marcado por los scratches de DJ Rayo. La melancolía del tema central de “Ruta Dorada” que se trastoca en un viaje ambiental de raigambre pinkfloydiana. Una proeza sónica. Música que viaja del jazz al post-rock y de regreso.
Formados en el verano del 2003, y aunque radicados en el Distrito Federal, a lo largo de Turbulencia no se oculta un hálito de nostalgia hacia la norteña región de origen de los compositores Damián y Carlos: “Unión Laguna”, como aquél equipo de béisbol ahora transformado en Vaqueros Laguna; “Ruta Dorada”, como una línea del transporte urbano de Torreón. Y finalmente no está de más apuntar que Valdés, el autor de las ilustraciones del disco, pertenece al reconocido taller de grabado El Chanate, y que el diseño gráfico y la impresión corrieron a cargo de Erasmo Bernadac y Luis Sergio Rangel del taller Máscara Vs. Cabellera -todos ellos de Torreón.
En un estruendo de efectos electrónicos provenientes de los pedales de Demián, Carlos y Daniel, el concierto llega a su fin. Desde la batería Rodrigo arroja sus ejecuciones más embravecidas.  “Incendio” es el tema con el que cierran. Horas atrás, en una breve charla, el propio baterista pareció englobar toda la esencia de  Los Dorados: “El eje es la improvisación, no hay una estructura definida; y siento que parte importante de Los Dorados es entrar en territorios desconocidos. Aunque sea la misma rola, vas a entrar a un territorio desconocido”.

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Reseña publicada en la
revista Replicante No. 11
(Mayo-Julio 2007)

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Como extra: fragmentos de
una entrevista a Los Dorados:

La entrevista se realiza a minutos antes de comenzar su concierto, en los camerinos del Aula Magna del Colegio Civil. Los cuatro músicos se muestran relajados. Demián cambia una cuerda a su guitarra Gibson Les Paul y Rodrigo hace ejercicio de calentamiento con las baquetas. El baterista es el primero en explicar:
“La intención originalmente fue empezar a palomear; standards de jazz y esas cosas. Pero luego se empezó a notar que la vibra se generaba de manera que las rolas originales fluían más que los standards, por lo que desde los primeros encuentros tuvimos la inquietud de grabar un disco. Eso fue lo que nos abrió muchas puertas, porque desde un principio quisimos tener algo físicamente, y por eso mismo nos empezamos a dar a conocer entre la gente”.

¿De qué manera percibe la gente en México el jazz?
Carlos: Nosotros hemos tocado desde San Pedro de las Colonias [Coahuila], hasta Santa Fe, en la Ciudad de México. Y siempre es distinto… lo más importante es que la gente se conecta cuando ve que nosotros estamos conectados, que nosotros hacemos esto honestamente. La gente lo percibe. A veces uno subestima al público, porque dice: ‘bueno, es público que no conoce’. Pero resulta mejor; en una entrevista hace poco hablábamos también de que para escuchar a los Dorados tienes que librarte de cualquier prejuicio, o hasta perder la razón; todo para poder escucharnos plenamente y disfrutar el concierto. Yo creo que la gente en México percibe bien el jazz. Al menos nosotros estamos tratando de quitarle esa imagen de música high para la alta sociedad, o música de etiqueta. Y la gente se ha conectado muchísimo, tanto jóvenes en antros nocturnos como en recintos como el de hoy. Yo creo que la gente en México percibe el jazz en una manera muy honesta.

¿Y cómo recibieron su propuesta los jazzistas?
Daniel: Los jazzistas creen que somos rockeros y los rockeros creen que somos jazzistas…
Carlos: Lo cual nos pone en una situación conveniente, porque nos invitan tanto a festivales de rock como a festivales de jazz.  A los jazzistas les decimos que tocamos rock jazz, y a los rockeros les decimos que tocamos jazz rock, como para ubicarlos. La banda ha ido ha evolucionando mucho. El primer disco, Vientos del Norte, es más jazzístico, por clasificarlo de alguna forma, jazz contemporáneo.
El segundo disco, Turbulencia, ya es muy experimental: incorporamos mucho los pedales análogo-digitales en el saxofón, en el contrabajo. Y sí, habrá jazzistas a los que no les parezca que es jazz, pero pues la palabra jazz son sólo cuatro letras; no representa mucho para nosotros la palabra en sí. Ha habido buena aceptación, porque no hay nada que se haya hecho en México, similar. No hay una banda joven que haya grabado tres discos como nosotros hasta ahora. El reconocimiento está. Porque estamos haciendo las cosas de la manera mejor posible.
Demián: Sobre todo estamos haciéndolas con convicción, sin prejuicios. En el momento en que decidimos en el segundo disco incluir pedales y cosas así, no nos pusimos a pensar en que “ese sonido está fuera de la tradición…” Nosotros vamos a seguir haciendo lo que nos dicten la conciencia, los gustos, y las influencias que tenemos. No sólo escuchamos jazz, escuchamos muchos otros tipos de música. Entonces, si se va hacia el jazz, hacia el rock, o hacia el punk, nosotros lo vamos a dejar fluir de esa manera…

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