
La Galería GE, en San Pedro Garza García, alberga actualmente Breve crónica de luz, una muestra de las fotografías incluidos en el libro del mismo nombre, que fue presentado en la misma galería el pasado jueves 28 de febrero. Con textos del editor Alberto Ruy Sánchez y del escritor y guionista Gullermo Arriaga (Amores Perros, Babel), el libro es pretexto para que Alfredo comente en entrevista acerca de la visión del desierto que construye en sus imágenes.
>¿De dónde surge la idea de recopilar las fotografías en este libro, Breve crónica de luz?
>Realmente es una serie que surgió en el 2004, un poco después de que terminó la serie de Habitar el vacío, que también tiene un libro. La exposición comenzó a moverse, aunque todavía no estaba completa la serie, y en un momento estaba en una galería en Zaragoza, España. Alberto (Ruy Sánchez), en una visita que tuvo allá, -todavía no lo conocía yo en persona- ve la exposición, le gusta mucho, y se da cuenta que es un fotógrafo mexicano, por lo que me empieza a rastrear hasta que da conmigo en México; y le gustó tanto mi obra que me invita a hacer un libro en torno a mi trabajo. En general eso es lo que detona que se imprima. Surge después la invitación a Guillermo Arriaga por una amistad personal con él, y surgen otras cosas. Pero uno como artista siempre busca que la obra, independientemente de que se exhiba, o aparte de que se exhiba, quede plasmada en una publicación. Las fotos están ahí, se van, se venden, y lo único que queda como memoria es un libro. Lo importante es que la obra quede plasmada ahí.
>En sus fotografías siempre muestra un paisaje desértico intervenido. ¿Cuál es el método que sigue para lograr ese equilibro entre la intervención y el paisaje natural?
>Hago una lectura del paisaje, primero, donde quiero trabajar. En el caso de los paisajes mexicanos, son paisajes que ya visité previamente porque tengo una relación cercana a ellos, de visitarlos, de estar cerca, porque finalmente vivo en el norte y en el norte lo que más veo como paisaje es el desierto. Estudio su luz y hago una reflexión del espacio, no nada más en cuanto al espacio geográfico donde voy a hacer la intervención, sino también lo que hay alrededor. Si alguien vivió ahí, si alguna cultura vivió ahí, quiénes fueron, qué tipo de flora, cómo fue geológicamente hace mil años, doscientos años. Todo eso para obtener una lectura del espacio, para poder interpretarlo o hacer una ironía del desierto, una reflexión sobre él. Obviamente que mi intervención tiene que tener un equilibrio con el paisaje, porque lo que quiero mostrar es el desierto, y mi intervención tiene que ser muy sutil, tal como lo es el propio desierto. Ese equilibrio es el que tengo que cuidar.
>¿Qué elemento es el que más le atrae del desierto?
>La simplicidad del espacio, a lo mejor no es un elemento, es lo que me da o lo que yo veo en el desierto. Elemento tendría que ser algo como la arena, la tierra, pero lo que yo veo en el desierto es la simplicidad de las formas, que es lo que a mí me atrae, ese minimalismo que hay en el desierto, es lo que a mí me invita a hacer una reflexión. Lo he dicho varias veces, para mí el desierto es la coincidencia del principio y el fin. Es donde se inicia la vida y después de un ciclo termina en un desierto. Así empezó la vida en la tierra, y se cierran ciclos. En el desierto podemos encontrar ese principio y ese fin, se está acabando la vida y está empezando otra.
>Ya los mencionó antes, pero ¿cómo es su relación con Guillermo Arriaga y Alberto Ruy Sánchez?
>Con Alberto todo mundo sabe que es un gran novelista, clave en la literatura mexicana, y editor de una de las revistas más importantes de México, Artes de México, y toda la colección de libros que hace, y él, independientemente de la editorial, es un intelectual clave, con libros maravillosos. Una invitación de él era un privilegio. Con Guillermo había una relación de amistad. En este libro no quería que el texto, siendo yo un artista contemporáneo, fuera, como suele ser lógico, de un curador o un especialista en fotografía. Al contrario, quería tener una visión externa a mi obra, pero también una visión de alguien quien entendiera la imagen. En el caso de Guillermo es un escritor, guionista, aunque no le gusta que le digan guionista, es un escritor de cine, que muchos de sus escritos terminan plasmados en una imagen fotográfica con movimiento, por lo que entiende lo que es la fotografía. En segundo lugar, quizá más importante, es que a él le encanta el desierto, es un cazador, una faceta que pocos conocen. Lo invité, a él le gustaba mucho mi trabajo, y para él fue un reto, ya que finalmente no era un guión. Yo le indique que escribiera lo que le naciera, lo que le dijeran las fotos; pudo haber salido un pequeño ensayo, cuento, y lo que él escribe es más bien su experiencia como cazador, por qué para él es importante la cacería, por qué es el desierto donde le gusta estar, cuál es su relación con el desierto, y al final del texto hace una reflexión de por qué le gusta mi trabajo. Esa es la manera en que se gestó este texto de Guillermo en mi trabajo, por el amor que él le tiene al desierto.
>Actualmente ¿en qué está trabajando, qué viene a continuación?
>Sigo trabajando los desiertos, pero ahora es un proyecto global, todavía no tiene un título, tiene que ver con la muerte, con la muerte en los desiertos. Pero estoy empezando a trabajar en desiertos de otras partes del mundo, acabo de regresar del de Atacama en Chile, me voy a pronto al Sahara, al Gobi, al de Namibia, me iré a otros espacios desérticos del mundo. También a lugares fríos como Islandia. Seguirá el tema del desierto. Lo he trabajado por más de quince años y seguiré trabajando en él.
[En El Porvenir
3 de marzo de 2008]