Metal de la voz
Texto para la cuarta de forros del libro Metal de la voz, de Jessica Nieto, publicado por ediciones intempestivas en 2011.
En El libro negro de Orhan Pamuk, un periodista estambulí narra en una columna cómo llegara el día en que las aguas del estrecho del Bósforo se sequen y pueda ver todas las reliquias que conserva en sus profundidades. Llegará hasta un viejo Cadillac negro, protagonista de una leyenda local, y raspara con un bolígrafo sus vidrios tapizados de algas y animales marinos, hasta poder observar su interior. Esta imagen de la escritura como develación de un misterio, como desdoblamiento del escritor, es uno de los muchos puntos de partida de Metal de la voz; libro en que Jessica Nieto va en pos de ese concepto esquivo que es la escritura literaria.
Más allá de las interpretaciones que nos ha dado la historia crítica de la literatura, que ha trabajado desde y por el texto ya plasmado, Jessica emprende una un viaje por la escritura literaria desde una perspectiva metafísica hasta el momento en que ésta se marca sobre el papel. Esas pre-estancias de la escritura literaria (la escritura como desdoblamiento, como espacio, como superación del instante y como memoria) van marcadas por el concepto de silencio. “A la literatura le concierne el rescate del silencio”, apunta Jessica, y es ahí donde la literatura dota de sentido a las pausas, a los espacios vacíos, al blanco, al fragmento.
Metal de la voz es un libro cautivador, a mitad de camino entre estudio literario y ensayo poético. Sin embargo, ¿de qué otra manera podría ser cuando se habla de esencias metafísicas, de escrituras que resuenan en otras escrituras, de memoria, de silencio, de espejos?

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