Entrevista con Juan Pablo Villa publicada en La Opinión Milenio (Torreón) el pasado lunes 4 de octubre de 2010.
En el escenario sólo una luz y el micrófono. Quizá una máquina de loops. No es necesario cargar con otro instrumento que no sea la garganta, aquella garganta primitiva que alguna vez imitó los sonidos de la naturaleza, aquella garganta que creó el lenguaje, el canto y la música.
La apuesta de Juan Pablo Villa es una de las más arriesgadas de la música que se hace en México. Peregrino de países como la trova, el jazz o la música de concierto, Juan Pablo se siente más cómodo despojado de etiquetas o de instrumentos. La voz, la pura voz es su herramienta, su punto de partida y su destino.
Y en su viaje muchas han sido sus escalas: la improvisación vocal de Mike Patton, el canto de garganta inuit de los esquimales canadienses, el canto armónico tuvalés en las estepas mongolas. Sin embargo, había algo mucho más cercano a Villa (ciudad de México, 1975) que habría de cautivarlo.
Hace más de diez años, a través de un amigo suyo, el músico Germán Bringas, conoció a Rafael Pi, un joven que vivió en Sapioriz, Durango, y tenía grabaciones de cardenche, ese canto polifónico de los campesinos de la Comarca Lagunera.
“Llegó este cuate preguntándole por algún cantante y Bringas me recomendó. Con él conocí el cardenche, nos juntamos un par de veces a cantarlo, pero luego después perdimos totalmente el contacto”, rememora Villa.
Juan Pablo contesta apurado al teléfono para una entrevista, en la ciudad de México. Recién llega de Houston tras una presentación y tiene que alistar sus maletas para viajar a Nueva York. Sus viajes tienen una próxima escala en Torreón, Coahuila, donde impartirá un taller de voz y ofrecerá un concierto en el Teatro Nazas, el próximo 7 de octubre.
En el taller –que se realizará dos días previos al concierto– se trabajará sobre las técnicas extendidas de la voz, con el fin de acercar las herramientas de la improvisación vocal a los participantes. El concierto, por otra parte, es bajo el formato de “sólo voz”, en que deja atrás el looper en una experiencia mucho más orgánica. Este proyecto forma parte de la beca que Juan Pablo recibió en la categoría de Creadores Escénicos del FONCA 2009-2010.
De regreso a la entrevista, Villa reconoce que la profundidad de la interpretación del cardenche tocó fibras muy profundas en él, al punto de incluir dos cardenchas (“Yo ya me voy a morir a los desiertos” y “Al pie de un árbol”) en su celebrado álbum La gruta de baba (Intolerancia, 2007), junto a las piezas originales e improvisaciones que completan el tracklist.
Villa actualmente se encuentra trabajando en proyectos como su citado espectáculo “Sólo voz”, y recientemente lanzó un disco, La fiesta de los bárbaros con la música que creó para la compañía de danza A Poc A Poc. En el próximo Festival Internacional de Cine de Morelia se presentará con la pianista Deborah Silber, mientras sigue viajando. Por ahora, aprovecha para hablar en torno a ese pequeño homenaje cardenche incluido en La gruta de baba.
“Después de lo de Rafael conocí las grabaciones del INAH [Tradiciones musicales de La Laguna. La canción cardenche], ya ves que tienen esta colección fabulosa de música mexicana”, explica. “Ahí fue donde escuché al señor Elizalde y todo su grupo, que fue a mi, en lo personal el que más me llamó la atención, por su canto tan franco, sin ninguna preparación más que la que te da la vida y el lugar donde vives”.
Muy dramática la interpretación de “Al pie de un árbol”, en el disco del INAH. ¿Has tenido oportunidad de conocerlos en persona?
Una vez vinieron aquí a México los actuales, los que más se mueven, el hijo de Fidel Elizalde, Eduardo, Guadalupe Salazar, Genaro Chavarría y Antonio Valles. Estuvieron en un festival muy lindo, Ollin Kan, que es como “música en resistencia”, donde invitan gente de varios lados. Y no perdí la oportunidad de irlos a escucharlos en vivo.
Yo para esto ya estaba haciendo un arreglito de “Al pie de un árbol”. Es música que me gusta mucho. Yo casi nunca hago covers o interpretaciones de piezas de alguien más, por lo general hago piezas mías o improvisaciones. Pero hubo algo en estas canciones que desde hacía tiempo ya me habían tocado muy adentro.
No perdí la oportunidad de expresarles mi reconocimiento y mi admiración. Y decirles que me invitaran a su casa, a su pueblo. Yo quería conocer de dónde eran, tener un trato más directo con ellos. Me fui a Sapioriz, Durango, en el 2006, donde estuve unos cuantos días, unos cuatro, y fuimos a visitar varias partes del pueblo, sus plantíos de pepino, nos fuimos a bañar al río. Y no perdían oportunidad ellos de cantar canciones, todo el tiempo estaban cante y cante. Fue muy lindo. Yo les hice mi interpretación de “Al pie de un árbol”. Iba una amiga cantante, así que ella armó el ostinato [patrón melódico o rítmico] que yo hago en mi grabación, y canté la pieza. Les enseñé un poquito lo que yo hacía con mi voz y les pedí permiso de grabar su canción. Ya sabemos que es una canción tradicional, y que no hay derechos de autor, pero hay una raíz y un pueblo que mantiene -o no- viva esta tradición.
¿Y qué tal escucharon ellos tu versión?
Bien, sus comentarios eran de que “suena diferente, ¿no?” [risas]. Yo creo que les gustó. Les canté mis improvisaciones, algún día en… un museo en frente del pueblo de Sapioriz, no recuerdo el nombre.
La Hacienda de La Loma…
Exactamente, que yo todavía conocí al director del museo antes de que falleciera. No recuerdo su nombre, y nos dio permiso de estar ahí. Nos pusimos a cantar y les pedí permiso para cantar con ellos. Cantamos “Al pie de un árbol”, “Ojitos negros” y “Yo ya me voy a morir a los desiertos”. Y pues fue una experiencia súper linda, poderosísima para mí, poder cantar esas piezas con ellos. Estaba el director del museo, mi amiga, y algunas otras personas. Pero para mí era el concierto más importante de mi vida, esa sola improvisación. Me sentí súper bien, súper contento, cerró súper bien el viaje con esa interpretación. Quedamos siendo buenos amigos. Nos hemos encontrado en la ciudad de México. Ha habido el coqueteo de que lleven a los cardenches a algún lugar junto conmigo, que se pueda mostrar lo tradicional y cómo esto se ha fusionado con lo más contemporáneo.
En La gruta de baba, que ya tiene algunos años sonando, ¿qué fue lo que te llevó a incluir dos canciones cardenches en medio de todo el material tuyo?
La gruta de baba es una búsqueda de formas vocales que ya había encontrado, que ya había hecho mías, y que incluyen formas de varias partes del mundo. Y me pareció muy importante y muy honesto con mi trabajo poder incluir estas dos piezas vocales de un arte que no se ve tanto, ya que no hay mucha música polifónica, casi todo está acompañado por instrumentos. Me pareció súper interesante el acercamiento de estos campesinos a la música sólo a través de la voz. Dentro de esta búsqueda encontré muy poderoso e importante incluir estas piezas, que están medio en peligro de extinción, pero no tanto. Creo que tú y yo, y Rafael y muchísimos etnomusicólogos de la Comarca Lagunera han hecho un trabajo alrededor de la canción cardenche. Las Muna Zul a veces hacen un homenaje o cantan alguna pieza cardenche. Hay también otras interpretaciones, creo que los Jaguares, esa no la he escuchado, y Lila Downs…
Los Jaguares sólo usaron un sample de “Al pie de un árbol”. Por otro lado, estaba pensando en la versión de Lila Downs de “Yo ya me voy a morir a los desiertos”, y me llama la atención que tú resolviste muy bien el aspecto de la polifonía con la máquina de loops, y tu interpretación de “Al pie de un árbol” la siento más cercana a la esencia del cardenche, a diferencia de la de Lila Downs, que es mucho más solemne, más fría… la sentí más distante.
Hay algo que tiene esta música y que es una conexión súper honesta con lo humano. Eso significa la tierra, el mundo, la raíz, muchas cosas que creo que de repente la música académica olvida, y no debiera. Lo que me pareció enriquecedor para mi vida y mi trabajo es la profundidad de la interpretación de estas canciones. Las letras también son súper muy profundas, son mucho más nostálgicas que otra cosa. Son profundísimas las interpretaciones, están cantando con esta voz franca, con todo lo que son. Para mí eso es la música, que cada vez que tu ejecutas entregues todo lo que tienes en ese momento. No escogí más canciones, no pretendo seguir interpretando cardenchas, esas son las dos cardenchas que hice, aunque veces en concierto incluyo “Ojitos negros”. Mis siguientes proyectos no incluyen canciones cardenches. Fue un homenaje que hice en ese momento y fue muy lindo. Ahora, no quisiera hablar mucho de la interpretación de Lila Downs, pero creo que coincidimos un poco. Es un tratamiento que no refleja, para mí, lo que verdaderamente es el canto cardenche.