
Siempre he sido un apasionado del vinil. No hay nada más placentero que el hecho de sacar un enorme disco de 33 revoluciones de su funda, ponerla en el plato, colocar la aguja y gozar con ese ruido de los surcos al rodar.
Tengo una pequeña colección de vinilos de los Beatles, de Pink Floyd, de los Rolling Stones, que poco a poco me concentro en aumentar.
El futuro de la música será de vinil. Sin duda. Lo digo momentos antes de irme a comprar una re-edición de The Freewhelin’ Bob Dylan en disco de 33 rpm. De esto está consciente la industria discográfica, casi muerta gracias a la piratería y al MP3.
Hace algunos años, Radiohead conmocionó al mundo regalando su In Rainbows a través de su sitio web. Meses después, la edición normal en CD del disco alcanzó ventas importantes.
A partir de entonces esta costumbre de regalar la música en MP3 ha sido una tendencia en aumento en las bandas mainstream como en gran cantidad de myspaces, páginas de bandas independientes y blogs.
A la par, ha ido en aumento una revalorazión del vinil como soporte de la música. Mulitud de artistas se están volcando a lanzar ediciones especiales o reediciones de sus discos en formato análogo.
En el Long Play existe una energía, una mística especial. El objeto de gran tamaño, el arte visual del disco, el proceso mecánico, crea una magia que ni el frío MP3 ni el efímero CD han podido igualar.
Steven Wilson, vocalista de Porcupine Tree, manifiesta en el documental Insurgentes su odio a la cultura del MP3 destruyendo gran cantidad de iPods de las más diversas maneras.
Al igual que a Wilson con la época del vinil, yo crecí en una época y una ciudad (los 90′s en Torreón) donde el acceso a la música que me interesaba era tan difícil y restringido que el mero hecho de encontrar y comprar un CD resultaba una fiesta.
El ahorrar o convencer a tus padres de comprarte uno, el tiempo invertido, el sacar el disco de su cajita, devorar el booklet, sentarte a escucharlo una y otra vez, generaba un vínculo afectivo hacia la música en un momento en que descubrir a Beatles, Floyd o Radiohead era descubrir un mundo de posibilidades insospechadas.
La llegada del MP3 ha traído una democratización del acceso a la música, pero también una distancia más fría ante ella. El hecho de que casi cualquier disco editado sea fácilmente accesible brinda una posibilidad de conocimiento infinita, pero también lo convierte en un producto fácilmente deshechable.
Viví la efímera época del CD, viví la época del Napster, ahora vivo la época del rapidshare y el megaupload. Mi biblioteca musical es tan extensa que hay discos que sólo habré escuchado alguna vez.
Pero mi sentimiento está años atrás, en la extensa época del vinil, al que se dió por muerto, pero que parece renacer con renovada pasión.
Actualmente, mis bandas favoritas, Blur y Radiohead, regalan sus canciones en sus sitios web. Blur acaba de volver al estudio para grabar un tema, “Fool’s Day”, que se lanzó hace unas semanas en edición limitada de vinil de 45 rpm.
Sin embargo, se puede desacargar en MP3 sin costo desde su sitio web. ¿Su justificación?
Blur’s manager Chris Morrison has said it is important that the song was made available to fans legally. “To avoid fans having to illegally obtain an inferior copy of this track from pirate sites – we have made it freely available through the band’s website”.
En el futuro la música estará en manos de todos, pero el soporte de la música será el vinil. Ya no tendrá sentido el CD, ni la piratería, y la industria discográfica habrá transformado su manera de trabajar.
En el futuro toda la música estará en Internet, en MP3, y en las tiendas de discos sólo habrá viniles, disponibles para quienes realmente desean preservar esa pieza de creatividad y energía que representan los discos de 33 y 45 revoluciones.
Y ese futuro me gusta.
Jajajajaja…. ya sé, a mí me consta que le tengo más aprecio a la música de mis primeros y últimos CD’s que compré (bueno, a mi ya no metocó la época del vinil) a la música que recientemente he bajado del internet…. en serio, la escucho un breve lapso de tiempo, me aburrió, y busco más…. que horror, y eso que yo soy músico…
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