
UNO // “…en realidad nosotros aprendimos porque oíamos a los anteriores y les pedimos que nos enseñaran de lo que ellos sabían, pero no nos enseñaron todo, no alcanzaron, pero ahí fue cómo aprendimos nosotros…”
Don Lupe Salazar dice esto con su voz grave y pausada, y luego toma un respiro afuera de una casa en Sapioriz, Durango. El sol de abril golpea con fuerza las calles sin pavimentar de este ejido de la Comarca Lagunera, lugar donde todavía se respira un aroma a tradiciones. Se trata del último reducto de la canción cardenche.
Este recóndito rincón del norte de México es guardián de los últimos cantantes de un estilo musical campesino que carece por completo de acompañamiento instrumental. Se trata de un canto polifónico, a tres voces, con largas pausas que se intercalan en el fraseo musical. Un canto surgido de las largas horas de sol en las haciendas de La Laguna, que ahora lucha contra la desaparición.
En los campos del dolor