Torreón, con apenas tres diarios de importancia, con un exceso de escuelas de Comunicación, carente de escuelas de Letras, parece ser el lugar menos idóneo para el desarrollo de la literatura y el periodismo de una manera profesional.
Con todo, la estable presencia de estas dos actividades abre espacio a la reflexión en torno a sus convergencias, divergencias y vínculos.
La presente ponencia pretende esbozar apenas un muy superficial acercamiento a la relación de los escritores torreonenses con el periodismo, destacando la situación educativa de la ciudad, algunos ejemplos de escritores vinculados con el periodismo y algunos retos y proposiciones a futuro entre estos dos campos de la escritura.
La segunda ciudad de Coahuila, a pesar de su importancia económica estatal, su extensión territorial y población, enfrenta el grave problema de su carencia de escuelas de humanidades en todas sus variantes: desde las artes visuales hasta la música.
La falta de una escuela o facultad que otorgue una licenciatura en Letras ha llevado a gran cantidad de jóvenes con inquietudes teóricas o de creación en el área de la literatura a emigrar o canalizar esas inquietudes por medio de especialidades profesionales afines.
En contraparte, la misma pobreza de instituciones culturales (académicas y gubernamentales) que se vinculen a la literatura lleva a los escritores a buscar refugio en la docencia y el periodismo, cuando no en otras profesiones.
Ojo, una facultad de letras no crea escritores per se. Crea académicos, especialistas en el estudio de los fenómenos de la lengua y literatura. Pero es natural que en su seno se congreguen gran parte de los interesados en ejercer el oficio literario.
En ese sentido, la inexplicable proliferación de escuelas de Comunicación absorbe a múltiples jóvenes con inquietudes literarias. La formación de muchos escritores y posibles escritores torreonenses se ha dado y se está dando en las escuelas de Comunicación. Por tanto falta poner atención en el vínculo tanto de los jóvenes que abrazan el periodismo como su especialidad, como la de los escritores que, de un modo u otro llegan al periodismo como actividad complementaria o como método se subsistencia.
La relación de los escritores torreonenses y laguneros para con el periodismo es evidente, pero aún falta perfilarse con mayor firmeza.
Es notoria la presencia en los medios como columnistas y reseñadores. El ejemplo más claro de ello es el de Jaime Muñoz Vargas con su columna “Ruta Norte”, que desde hace ya algún tiempo habita en las páginas de La Opinión Milenio. Muñoz ha publicado ya, incluso, bajo el sello editorial de la Universidad Iberoamericana, sus recopilaciones Tientos y mediciones y Miscelánea de productos textuales.
A nivel nacional el nombre más fuerte es el de Carlos Velázquez, quien colabora para Milenio Diario, La Mosca en la Pared, Replicante y hasta hace poco en el periódico virtual regiomontano Los Tubos, con temas que trascienden el ámbito literario para adentrarse en el campo de la música.
Por otro lado, Vicente Alfonso Rodríguez, cuya novela Partitura para mujer muerta obtuviera recientemente el Premio Nacional de Literatura Policíaca-IPAX, fue reportero y editor de El Siglo de Torreón, además de que ha publicado trabajos periodísticos en el semanario Proceso.
También están las colaboraciones de Saúl Rosales en el suplemento Siglo Nuevo del citado Siglo de Torreón, o las del poeta Daniel Maldonado con su columna “El buen caldo” publicada en el mismo periódico, además de su labor en los medios Kiosco y RazonEs de SER.
Son apenas unos cuantos nombres, seguramente no todos (el espacio asignado a esta ponencia no permite consignar más nombres importantes), pero ya ilustrativos de una, si no saludable al menos estable, relación de los escritores para con el periodismo. Pero, en contraparte, la relación de los periodistas para con la literatura no deja de ser todavía precaria.
Salvo el caso de Vicente Alfonso, la narrativa no ha encontrado entre el periodismo y los periodistas ideas o nombres que la nutran y la revivan. Ante la aún reducida práctica de la novelística en Torreón es necesario volver la vista hacia el periodismo como causa u objetivo de la actividad literaria. Dejar atrás la barrera que impide a la ficción y a la no ficción empatarse por medio de su misma naturaleza discursiva narrativa.
Basta volver a revisar nombres como los de Ryszard Kapuscinski, Gabriel García Márquez, Ernest Hemingway, Truman Capote o Norman Mailer para ejemplificar los mejores frutos de la relación.
Que los escritores vayan más allá de la mera columna y la reseña en su labor periodística. Y que los periodistas abran cauces para hacer del reportaje y la crónica piezas con valor literario.
En ese sentido falta también prestar atención a lo que los reporteros tienen que narrarnos. Por poner un ejemplo, la reciente publicación por el Conaculta de Xico, el pueblo de María Magdalena, del torreonense Quitzé Fernández, quien ha publicado reportajes de una calidad literaria indiscutible en medios como Vanguardia, La Jornada o EmeEquis, propone un nuevo diálogo entre escritores y periodistas, no como antagónicos, sino como compañeros de una misma ruta.
[Ponencia leída (y publicada en libro) en el
I Encuentro de Escritores Coahuilenses.
8 de marzo de 2008, Teatro Isauro Martínez de Torreón]

