Baúl de Long Plays

Marzo 24, 2008

Periodismo y literatura en Torreón

Archivado en: Periodismo — by staff @ 6:55 am

Torreón, con apenas tres diarios de importancia, con un exceso de escuelas de Comunicación, carente de escuelas de Letras, parece ser el lugar menos idóneo para el desarrollo de la literatura y el periodismo de una manera profesional.

Con todo, la estable presencia de estas dos actividades abre espacio a la reflexión en torno a sus convergencias, divergencias y vínculos.

La presente ponencia pretende esbozar apenas un muy superficial acercamiento a la relación de los escritores torreonenses con el periodismo, destacando la situación educativa de la ciudad, algunos ejemplos de escritores vinculados con el periodismo y algunos retos y proposiciones a futuro entre estos dos campos de la escritura.

La segunda ciudad de Coahuila, a pesar de su importancia económica estatal, su extensión territorial y población, enfrenta el grave problema de su carencia de escuelas de humanidades en todas sus variantes: desde las artes visuales hasta la música.

La falta de una escuela o facultad que otorgue una licenciatura en Letras ha llevado a gran cantidad de jóvenes con inquietudes teóricas o de creación en el área de la literatura a emigrar o canalizar esas inquietudes por medio de especialidades profesionales afines.

En contraparte, la misma pobreza de instituciones culturales (académicas y gubernamentales) que se vinculen a la literatura lleva a los escritores a buscar refugio en la docencia y el periodismo, cuando no en otras profesiones.

Ojo, una facultad de letras no crea escritores per se. Crea académicos, especialistas en el estudio de los fenómenos de la lengua y literatura. Pero es natural que en su seno se congreguen gran parte de los interesados en ejercer el oficio literario.

En ese sentido, la inexplicable proliferación de escuelas de Comunicación absorbe a múltiples jóvenes con inquietudes literarias. La formación de muchos escritores y posibles escritores torreonenses se ha dado y se está dando en las escuelas de Comunicación. Por tanto falta poner atención en el vínculo tanto de los jóvenes que abrazan el periodismo como su especialidad, como la de los escritores que, de un modo u otro llegan al periodismo como actividad complementaria o como método se subsistencia.

La relación de los escritores torreonenses y laguneros para con el periodismo es evidente, pero aún falta perfilarse con mayor firmeza.

Es notoria la presencia en los medios como columnistas y reseñadores. El ejemplo más claro de ello es el de Jaime Muñoz Vargas con su columna “Ruta Norte”, que desde hace ya algún tiempo habita en las páginas de La Opinión Milenio. Muñoz ha publicado ya, incluso, bajo el sello editorial de la Universidad Iberoamericana, sus recopilaciones Tientos y mediciones y Miscelánea de productos textuales.

A nivel nacional el nombre más fuerte es el de Carlos Velázquez, quien colabora para Milenio Diario, La Mosca en la Pared, Replicante y hasta hace poco en el periódico virtual regiomontano Los Tubos, con temas que trascienden el ámbito literario para adentrarse en el campo de la música.

Por otro lado, Vicente Alfonso Rodríguez, cuya novela Partitura para mujer muerta obtuviera recientemente el Premio Nacional de Literatura Policíaca-IPAX, fue reportero y editor de El Siglo de Torreón, además de que ha publicado trabajos periodísticos en el semanario Proceso.

También están las colaboraciones de Saúl Rosales en el suplemento Siglo Nuevo del citado Siglo de Torreón, o las del poeta Daniel Maldonado con su columna “El buen caldo” publicada en el mismo periódico, además de su labor en los medios Kiosco y RazonEs de SER.

Son apenas unos cuantos nombres, seguramente no todos (el espacio asignado a esta ponencia no permite consignar más nombres importantes), pero ya ilustrativos de una, si no saludable al menos estable, relación de los escritores para con el periodismo. Pero, en contraparte, la relación de los periodistas para con la literatura no deja de ser todavía precaria.

Salvo el caso de Vicente Alfonso, la narrativa no ha encontrado entre el periodismo y los periodistas ideas o nombres que la nutran y la revivan. Ante la aún reducida práctica de la novelística en Torreón es necesario volver la vista hacia el periodismo como causa u objetivo de la actividad literaria. Dejar atrás la barrera que impide a la ficción y a la no ficción empatarse por medio de su misma naturaleza discursiva narrativa.

Basta volver a revisar nombres como los de Ryszard Kapuscinski, Gabriel García Márquez, Ernest Hemingway, Truman Capote o Norman Mailer para ejemplificar los mejores frutos de la relación.
Que los escritores vayan más allá de la mera columna y la reseña en su labor periodística. Y que los periodistas abran cauces para hacer del reportaje y la crónica piezas con valor literario.

En ese sentido falta también prestar atención a lo que los reporteros tienen que narrarnos. Por poner un ejemplo, la reciente publicación por el Conaculta de Xico, el pueblo de María Magdalena, del torreonense Quitzé Fernández, quien ha publicado reportajes de una calidad literaria indiscutible en medios como Vanguardia, La Jornada o EmeEquis, propone un nuevo diálogo entre escritores y periodistas, no como antagónicos, sino como compañeros de una misma ruta.

[Ponencia leída (y publicada en libro) en el
I Encuentro de Escritores Coahuilenses.
8 de marzo de 2008, Teatro Isauro Martínez de Torreón]

Dylan, en vivo

Archivado en: Reseñas — by staff @ 6:25 am

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Para Carlos, que tanto lo pidió

He aquí, finalmente, al poeta de poetas, al maestro, creador de una obra que hizo estremecer al propio John Lennon. El que ha hecho cuestionarse a la Academia Sueca si un poeta de folk y del rock puede ser merecedor del Nobel de Literatura. Dylan está en el lugar y la Arena Monterrey es demasiado grande para un show que se presta más para un bar oscuro y lastimero. Pero aún así el goce es total.

Y el viejo sonríe. Lo disfruta. Por primera vez en toda la noche el público se ha puesto de pie. Claro, es “Like a rolling stone”. Como siempre los de los asientos más caros no son precisamente los más conocedores de quien tienen en frente. He bajado por los pasillos libres de la arena hasta colocarme en los asientos ubicados exactamente a un lado del escenario, aunque fuera por unos minutos.

En aquella posición tan cercana y tan íntima resulta más claro el por qué, la develación del misterio, la súbita revelación. La estrella de la noche no es Dylan; es su banda, ese quinteto de forajidos que son la banda de blues más perra que he visto en toda mi existencia. Dylan sólo es la presencia, el mentor, el viejo maestro que mira con agrado el groove de sus muchachos.

Dylan ya no puede cantar y eso es obvio para cualquiera que haya escuchado sus últimos discos. Por eso no se esfuerza en entonar alguna nota, ni al momento de cantar sus temas recientes. Así aguanta más, así lo disfruta el maestro y no hay problema. Aunque sea arrastrando apenas la voz emite sus mensajes, su palabra, su poesía que irónicamente en esta noche no es lo esencial.

Lo esencial es la fuerza, la intensidad de su banda, tocando blues, puro blues. Blues rudo, perro, sucio. Ese mismo ritmo machacón, esos mismos solos que aúllan dolor. Pero también suaves baladas. Gentiles canciones que nos hablan de que si vas al condado norte busques a la chica de aquella larga cabellera, o las promesas de amor que no acabarán mientras dure el trato de nuestra existencia.

Pero termina “Like a rolling Stone” y Dylan abandona a un público apenas encendido. Tarda en regresar al encore, pero lo hace de modo feroz, con la tremendísima “Thunder of the mountain”, tema que abre el ya mítico Modern times. Y el final toma por sorpresa a muchos que se miran entre sí confundidos. Sí, sí es “Blowin’ in the wind”, es momento de alzar encendedores y gritar que la respuesta está en el viento. Bien por Dylan; ojalá haya paseado por las calles de Monterrey, ojalá haya entrenado en algún gimnasio popular sin ser visto. Las calles de la ciudad se poblarían de otra leyenda, y yo prefiero quedarme con la duda, la duda que construye mitos.

“El desierto es la coincidencia de principio y fin” (Entrevista con Alfredo de Stéfano)

Archivado en: Periodismo — by staff @ 5:26 am

La Galería GE, en San Pedro Garza García, alberga actualmente Breve crónica de luz, una muestra de las fotografías incluidos en el libro del mismo nombre, que fue presentado en la misma galería el pasado jueves 28 de febrero. Con textos del editor Alberto Ruy Sánchez y del escritor y guionista Gullermo Arriaga (Amores Perros, Babel), el libro es pretexto para que Alfredo comente en entrevista acerca de la visión del desierto que construye en sus imágenes. 

>¿De dónde surge la idea de recopilar las fotografías en este libro, Breve crónica de luz?

>Realmente es una serie que surgió en el 2004, un poco después de que terminó la serie de Habitar el vacío, que también tiene un libro. La exposición comenzó a moverse, aunque todavía no estaba completa la serie, y en un momento estaba en una galería en Zaragoza, España. Alberto (Ruy Sánchez), en una visita que tuvo allá, -todavía no lo conocía yo en persona- ve la exposición, le gusta mucho, y se da cuenta que es un fotógrafo mexicano, por lo que me empieza a rastrear hasta que da conmigo en México; y le gustó tanto mi obra que me invita a hacer un libro en torno a mi trabajo. En general eso es lo que detona que se imprima. Surge después la invitación a Guillermo Arriaga por una amistad personal con él, y surgen otras cosas. Pero uno como artista siempre busca que la obra, independientemente de que se exhiba, o aparte de que se exhiba, quede plasmada en una publicación. Las fotos están ahí, se van, se venden, y lo único que queda como memoria es un libro. Lo importante es que la obra quede plasmada ahí.

>En sus fotografías siempre muestra un paisaje desértico intervenido. ¿Cuál es el método que sigue para lograr ese equilibro entre la intervención y el paisaje natural?

>Hago una lectura del paisaje, primero, donde quiero trabajar. En el caso de los paisajes mexicanos, son paisajes que ya visité previamente porque tengo una relación cercana a ellos, de visitarlos, de estar cerca, porque finalmente vivo en el norte y en el norte lo que más veo como paisaje es el desierto. Estudio su luz y hago una reflexión del espacio, no nada más en cuanto al espacio geográfico donde voy a hacer la intervención, sino también lo que hay alrededor. Si alguien vivió ahí, si alguna cultura vivió ahí, quiénes fueron, qué tipo de flora, cómo fue geológicamente hace mil años, doscientos años. Todo eso para obtener una lectura del espacio, para poder interpretarlo o hacer una ironía del desierto, una reflexión sobre él. Obviamente que mi intervención tiene que tener un equilibrio con el paisaje, porque lo que quiero mostrar es el desierto, y mi intervención tiene que ser muy sutil, tal como lo es el propio desierto. Ese equilibrio es el que tengo que cuidar.

>¿Qué elemento es el que más le atrae del desierto?

>La simplicidad del espacio, a lo mejor no es un elemento, es lo que me da o lo que yo veo en el desierto. Elemento tendría que ser algo como la arena, la tierra, pero lo que yo veo en el desierto es la simplicidad de las formas, que es lo que a mí me atrae, ese minimalismo que hay en el desierto, es lo que a mí me invita a hacer una reflexión. Lo he dicho varias veces, para mí el desierto es la coincidencia del principio y el fin. Es donde se inicia la vida y después de un ciclo termina en un desierto. Así empezó la vida en la tierra, y se cierran ciclos. En el desierto podemos encontrar ese principio y ese fin, se está acabando la vida y está empezando otra.

>Ya los mencionó antes, pero ¿cómo es su relación con Guillermo Arriaga y Alberto Ruy Sánchez?

>Con Alberto todo mundo sabe que es un gran novelista, clave en la literatura mexicana, y editor de una de las revistas más importantes de México, Artes de México, y toda la colección de libros que hace, y él, independientemente de la editorial, es un intelectual clave, con libros maravillosos. Una invitación de él era un privilegio. Con Guillermo había una relación de amistad. En este libro no quería que el texto, siendo yo un artista contemporáneo, fuera, como suele ser lógico, de un curador o un especialista en fotografía. Al contrario, quería tener una visión externa a mi obra, pero también una visión de alguien quien entendiera la imagen. En el caso de Guillermo es un escritor, guionista, aunque no le gusta que le digan guionista, es un escritor de cine, que muchos de sus escritos terminan plasmados en una imagen fotográfica con movimiento, por lo que entiende lo que es la fotografía. En segundo lugar, quizá más importante, es que a él le encanta el desierto, es un cazador, una faceta que pocos conocen. Lo invité, a él le gustaba mucho mi trabajo, y para él fue un reto, ya que finalmente no era un guión. Yo le indique que escribiera lo que le naciera, lo que le dijeran las fotos; pudo haber salido un pequeño ensayo, cuento, y lo que él escribe es más bien su experiencia como cazador, por qué para él es importante la cacería, por qué es el desierto donde le gusta estar, cuál es su relación con el desierto, y al final del texto hace una reflexión de por qué le gusta mi trabajo. Esa es la manera en que se gestó este texto de Guillermo en mi trabajo, por el amor que él le tiene al desierto.

>Actualmente ¿en qué está trabajando, qué viene a continuación?

>Sigo trabajando los desiertos, pero ahora es un proyecto global, todavía no tiene un título, tiene que ver con la muerte, con la muerte en los desiertos. Pero estoy empezando a trabajar en desiertos de otras partes del mundo, acabo de regresar del de Atacama en Chile, me voy a pronto al Sahara, al Gobi, al de Namibia, me iré a otros espacios desérticos del mundo. También a lugares fríos como Islandia. Seguirá el tema del desierto. Lo he trabajado por más de quince años y seguiré trabajando en él.

[En El Porvenir
3 de marzo de 2008]

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