
En el video que abre la exposición Manchuria, visión periférica nos topamos con el registro de uno de los múltiples performances que Felipe Ehrenberg ha realizado a lo largo de su trayectoria. En él, frente a la cámara, Felipe pronuncia un discurso acerca de la corbata y su status de poder y servilismo. Mientras tanto, el artista anuda en su cuello una corbata tras otra hasta estar lleno de ellas. Si una corbata hace importante a alguien, según explicara el día de la inauguración, no hace falta imaginarse qué tan importante puede ser alguien que porta un montón de ellas.
“El arte sólo es una excusa”, indica Ehrenberg como uno de sus lemas. Y cada una de sus pinturas, dibujos, esculturas y acciones invita a reflexionar en aspectos de la vida cotidiana, de la sociedad, de la historia, por medio de la estrategia particular de cada pieza.
Felipe Ehrenberg, uno de los artistas visuales contemporáneos mexicanos más importantes del siglo XX decidió montar su primer retrospectiva en la ciudad de Monterrey. Las galerías del Colegio Civil de la Universidad Autónoma de Nuevo León albergan ahora Manchuria, visión periférica.
Durante la inauguración, Erhenberg, quien se denomina a sí mismo como neólogo -una persona enfocada hacia la creación e indagación de lo nuevo-, respondió un cuestionario del crítico y curador Guillermo Santamarina, en el que indició que lo contrario del neólogo es el ortodoxo, aquél que sigue manteniéndose en lo ya conocido, en lo tradicional, sin lanzarse a la exploración. Felipe dejó la pintura, el mismo lo indica, porque el cine y las nuevas corrientes del arte ya lo estaban superando. Del Erhenberg que comenzó su carrera, de niño, siendo asistente de Diego Rivera, al experimentado creador que ahora reside en Brasil distan ya varias décadas y exploraciones de distancia.
Manchuria es una “visión periférica” debido al modo de aproximarse a la obras en esta retrospectiva, sobre todo a aquella que es más difícil de meter en una galería: sus performances y acciones. Ehrenberg es uno de los artistas que más cuidado han tenido en documentar y registrar cada parte del proceso de su obra, de tal manera que si ha logrado vender arte, ha sido por medio de tales archivos. “No vendo el performance, vendo el guión, los bocetos y las fotografías de tal acción”.
De esta manera encontramos el plano, los bocetos y las polaroids tomadas de su performance El arte según yo, o las cartas enviadas a la Bienal de Puerto Rico para explicar que los telegramas que adjunta son en realidad la obra que está proponiendo para exposición. La primera de las dos salas en que se ha dividido Manchuria está dominada por dos grandes vitrinas en que podemos encontrar desde bocetos y dibujos hasta registros e invitaciones a muestras del autor.
Por si no fuera poca la idea de Erhenberg como una obra de arte en sí mismo (memorable es su acción de tatuarse unos huesos en su mano izquierda, para montar su mano en un homenaje al grabador José Guadalupe Posada), en 1982 contendió en para diputado federal por el Partido Socialista Unificado de México, y de aquella aventura electoral recoge las serigrafías que adornaron diversas paredes con su efigie, así como folletos de propaganda electoral.
El humor, el kitsch, el erotismo y la violencia son temas que Ehrenberg recoge, trastoca y juega. Desde un cartel trabajado en aerosol para anunciar un concierto de música tropical hasta su Codex Aeroscriptus Ehrenbergensis hecho a base de serigrafía y aerosol sobre un papel doblado al modo de un códice prehispánico, la obra de Felipe provoca, genera sonrisas y cuestiona.
Y todo bien puede partir de una simple imagen de periódico. Una fotografía de una pelea callejera en un diario provocó la creación de una escultura en cemento de tal imagen, rememorando, según indicó el artista, la manera en que las grandes batallas del pasado se registraban por medio de la escultura. O realzando los desfases de color en la impresión de las fotografías del periódico, específicamente en las de sociales: “nuestra sociedad desfasada”, ironiza el artista.
De esta manera, Erhenberg resume cincuenta años de trabajo que podrían describirse en su propio modo de nombrarse: neología, el arte como la excusa de la búsqueda, de la indagación, del juego, que bien podría llevarnos a reconocer lo importantes que somos por el número de corbatas anudadas en el cuello.
En El Porvenir
19 de noviembre de 2007