Joseph Beyer es programador del Festival de Cine Independiente de Sundance
-Con el desarrollo de la tecnología, sobre todo en los medios de filmación, ¿ha cobrado mayor importancia el cine independiente?
-Sólo podría hablar de la experiencia norteamericana, y sí, en Estados Unidos el cine independiente se ha trasladado de la independencia al mainstream. Por ejemplo, a finales de los noventa hubo una serie de películas en Estados Unidos que fueron importantísimas porque trasladaron el movimiento independiente al sistema de los estudios. Éste no tenía el apoyo de Hollywood antes de eso. Hubo una película en particular, Sling Blade, de Billy Bob Thornton, quien la escribió y dirigió, que luego fue nominada para dos premios de la academia. Se trata de una película muy sencilla, hecha con muy poco dinero. Ese incidente fue la chispa que provocó un enorme interés en los estudios, que habían ignorado a los filmes independientes por veinte años, para que comenzaran a trabajar con este director.También tienes a alguien como Steven Soderbergh, que estrenó su primera película en el Festival de Sundance, Sex, Lies and Videotape, y quince años después es uno de los directores más grandes en el sistema, y hace Ocean Eleven, Twelve y Thirteen y Fourteen (Juego de palabras en inglés respecto a película “La gran estafa” y sus secuelas).
Ese proceso de trasladar a estos directores y artistas del movimiento independiente al lado del sistema de los estudios se ha completado. El año pasado tuvimos en el Festival de Sundance una película llamada Little miss sunshine que luego se ganó el ser nominada a Mejor Película en los Óscar, lo cual es algo nunca antes visto en nuestra comunidad. Entonces, en ese sentido sí, las cosas han cambiado mucho, demasiado.
-¿Qué es lo más radical y alternativo actualmente, en cuanto a cine independiente?
-Hay cosas muy interesantes sucediendo ahora en Estados Unidos, debido a la tecnología y la habilidad de usar la Internet y la distribución digital. Los cineastas muy experimentales no están trabajando sólo con el proceso visual y de fotografía, sino que también están experimentando en los campos de la narrativa, la historia y la estructura. Sus películas nunca habían tenido la oportunidad de alcanzar el tipo de audiencia que pudiera apreciarlos o emocionarse con este tipo de trabajos, pero ahora los canales alternativos de difusión han ido creando comunidades de interés en filmes muy experimentales.
Sundance ha tratado de apoyar esto durante muchos años, tenemos una sección del festival que es dedicada no sólo a trabajos experimentales, sino a llevar artistas que realizan su trabajo en diferentes medios: fotógrafos, pintores, sonorizadores, músicos, y otra gente que está experimentando con sus propias formas de arte. Ahora tenemos un foro que desarrollamos para que estos artistas se conecten con los cineastas, y vemos cómo las ideas pueden influenciarse mutuamente. Es algo que solía ser muy marginal y ahora es muy celebrado y existe un gran interés; es interesante ver cómo se desarrolla, porque, cuando empezó, el cine experimental se encontraba mucho a la sombra.
-Finalmente, con estos nuevos medios de distribución, ¿cuál es el futuro del cine?
-Hay algo muy interesante con la experiencia que implica ver una historia a través de la tecnología, que es muy individual. Yo encuentro que cuando me gusta una película o un corto, cuando me engancha a través de una pequeña pieza de tecnología (un reproductor portátil, por ejemplo) me concentro en ella y hay cosas que disfruto más porque estoy solo con el filme. Al mismo tiempo, esto nunca podrá reemplazar el sentimiento que una audiencia le brinda a la obra, y esa experiencia colectiva es precisamente el por qué estos eventos son tan importantes. Hay una conexión al nivel humano, que crea una dinámica diferente que el ver una película individualmente.
Estos reproductores portátiles son buenos para áreas del mundo que no tienen acceso a cinetecas o festivales de cine, etcétera. Me parece muy interesante y la mayoría de los cineastas en Estados Unidos están muy concentrados en cómo usar la tecnología. Pero todavía hay la creencia de que ir a un teatro, que se apaguen las luces y aparezca la magia de la luz en el celuloide es la meta número uno de cada artista que trabaja en el cine.
Al mismo tiempo hay directores impresionantes: David Lynch está haciendo un montón de trabajo que está siendo sólo producido para el Internet, así como hay también un documentalista, Robert Greenwald que hace documentales muy críticos acerca de la guerra en Irak, o la empresa Wal Mart, y para él la Internet es la manera más rápida de llegar a su audiencia. Hay también una nueva estructura de directores que a los que no les interesa los festivales, la televisión o los cines, y sólo se concentran en You Tube e Internet.
Hablaba hace una semana con un amigo acerca de qué tan diferentes eran los directores nacidos hoy que los que nacieron hace veinte años. Y, tan sólo desde el inicio, está la experiencia completa de cómo llegar a amar el cine o como se puede acceder a él; la idea de que alguien puede usar ahora un servicio como Netflix, en el que no se requiere ir a una escuela de cine para ver una gran cantidad de películas, hace que pudiera yo educarme a mí mismo. La gente joven está más preocupada en cómo usar la tecnología, pero el valor principal permanece intacto: una buena historia, que le diga algo a la audiencia, que la mueva. Si estos elementos están ahí, no importa si la pantalla es grande o pequeña, no importa. Los valores son los mismos. Todas las cosas cambian, pero el contar una buena historia sigue siendo la base.
En El Porvenir
28 de octubre de 2007


