Baúl de Long Plays

Septiembre 28, 2007

Goran Bregovic

Archivado en: Reseñas — by staff @ 11:32 pm

goran.jpgRecuerdo dos fotografías del checo Josef Koudelka, de su serie dedicada a los gitanos. En una de ellas un grupo de personas vela  un cadáver en una habitación; en la otra, dos violinistas y un contrabajista aparecen en la calle con el fondo de una festividad pública. El sábado, en la Plaza 400 Años, el músico bosnio Goran Bregovic demostró que su banda hace honor a su nombre (Goran Bregovic & Wedding and Funeral Band) y son capaces de tocar marchas fúnebres y temas ambientales, así como canciones veloces y festivas.
Goran se mostró complacido, y complació a la asistencia que bailó sin parar su “Kalashnikov” con inesperados reprises con que cerró su participación. Bebió a la salud de su público y les enseñó una canción balcánica usada para beber en el ejército. El ambiente gitano se apoderó de Monterrey. Dos horas y media de concierto.
En realidad Bregovic no es el centro del espectáculo. Es más bien el director que mira complacido el desempeño de su enorme ensamble: su Goran Bregovic Band de percusión, metales y alientos, un coro de hombres, orquesta de cámara y coristas ataviadas al estilo tradicional.
El inicio del concierto nos recordó su papel de compositor de bandas sonoras en las películas de Emir Kusturica. Música ambiental y espiritual; voz y cuerdas como una tranquila ceremonia. Repentinamente el sonido cambia de ubicación y, cruzando el público, un cuarteto de metales, vestidos a la usanza tradicional balcánica, avanza hacia el escenario. Se completa el ensamble y Goran Bregovic aparece en escena. Traje blanco, guitarra eléctrica, voz ruda. Y avisa. El concierto será una mezcla de todas sus facetas: el compositor de scores, el músico independiente, el autor de una ópera Carmen con final feliz.
Y lo cumple. A lo largo de dos horas alterna entre las composiciones suaves, apoyadas en el trabajo de la orquesta y el coro, y las composiciones rítmicas, veloces, que incitan al público a bailar, a pararse, a sentir el espíritu de una región donde cristianos, ortodoxos, musulmanes y gitanos conviven muchas veces con violencia, y otras tantas con paz y ceremonia. La vida y la muerte. El funeral y la boda. Pero siempre con música.
Como las fotos de los gitanos de Koudelka, la música de Goran Bregovic reclama la memoria de lo tradicional y hace énfasis en la riqueza de lo popular. Y debido a la especial ubicación geográfica de los Balcanes, hace converger tradiciones musicales orientales y occidentales. Y si el conflicto entre estos dos polos culturales es uno de los temas claves del mundo contemporáneo, la música de Bregovic propone una integración que va más allá de los credos, las agendas políticas y las guerras.

En El Porvenir
25 de septiembre de 2007

Las dos fotografías de Koudelka:

Funeral
Músicos

Ute Lemper

Archivado en: Reseñas — by staff @ 11:19 pm

ute.jpg“Es la Segunda Guerra Mundial; una canción suena en la radio”, evoca la cantante alemana Ute Lemper. “Obviamente es una radio nazi, pero la señal es interceptada por los británicos, por los franceses, por los italianos… La canción suena y hace recordar a los soldados el hogar, o el amor que dejaron en casa”. Se trata de uno de los clásicos de la música europea: “Lili Marleen”.
Lemper se encuentra en Monterrey, en el Teatro de la Ciudad.  Su público es preponderantemente adulto. Pero se trata de una entera lección que recorre algunas de las más bellas tradiciones de la historia de la música: el cabaret alemán, la chanson francesa, la música yiddish, de las comunidades judías europeas que conservaron su particular lenguaje. “Es un viaje”, comenta Ute, “por el mundo”.
Su presencia escénica es impactante. Lemper sabe cómo seducir con cada uno de sus movimientos: su figura envuelta en traje de noche, sus brazos que apoyan la interpretación, y sobre todo su voz, sus registros, su asombrosa improvisación vocal, una capacidad sobrada para viajar a través del jazz más fino y atemporal.
Bromea también con el público. Hace mofa de los políticos. Recupera el ambiente esencial del cabaret. Incluso se burla de la parte del público que le pide que cante “Blue moon”. Y  rompe con el cliché de los cantantes extranjeros: complace con una canción mexicana, sí, pero sin abandonar la esencia del concierto con “Noche de ronda” de Agustín Lara, tema indispensable del cabaret tradicional latinoamericano.
También recuerda a Kurt Weill y Bertolt Brecht: “Dos genios, un gran compositor y un gran poeta y autor. Obviamente no podía durar mucho tiempo”, explica. “Discutían sobre qué tenía más importancia, si la letra o la música. Incluso a Brecht le molestaba que la gente en la calle silbara la canciones, porque así olvidaban la letra”.
“Collage of Bilbao Song”, fue una de las canciones que interpretó del dueto alemán. De la tradición de la chanson francesa evocó “La memorie de la Mer” de Leo Ferré, así como canciones de Jacques Brel. El encore, festivo, y definido a petición del público, corrió a cargo de “Life is a cabaret” de Kander y Ebb.
Un concierto de indiscutible nivel, una voz maravillosa y una personalidad brillante. Ute Lemper brindó un recital majestuoso y aleccionador. Un breve, pero sustancial recorrido por las más finas tradiciones musicales europeas.

En El Porvenir
28 de septiembre de 2007

Septiembre 22, 2007

Cirque Éloize

Archivado en: Reseñas — by staff @ 6:09 pm

“De noche, el cielo es más grande”

A cargo del Cirque Éloize de Québec, Canadá, Nomade es espectáculo de Daniele Finzi Pasca, una fantasía poética de más de dos horas de duración, que propone una metáfora entre el sueño y los recuerdos en un ambiente de principios del Siglo XX.
Nomade es un espectáculo ecléctico, que da cabida a numerosos géneros circenses en un ensamble dinámico y virtuoso. Acróbatas, contorsionistas, trapecistas, clown, malabaristas y bailarines apoyados en el sonido del acordeón y la música gitana en vivo, colorida muestra de la rica herencia cultural de la parte francesa de Canadá.

Septiembre 20, 2007

Beirut – The flying club cup

Archivado en: Long Play's — by staff @ 2:59 am

beirut.jpgComo bien dicen algunas reseñas de Internet: “antes de que hubiera tiempo de extrañarlos, Beirut regresa con nuevo disco”. Zach Condon sigue imparable, y luego de haber despachado el ya de culto Gulag orkestar, resulta que ya circula un nuevo disco en la calles: The flying club cup. Aquí la buena noticia es que es un disco tan bueno como su debut.
Si Gulag orkestar era una vuelta de tuerca a los motivos de la música folclórica balcánica y en general europea,  The flying club cup acusa de un estilo ya coherente. No cabe duda de que Condon, a sus escasas dos décadas de edad, muestra una madurez musical impactante. El Beirut de The flying club cup suena a Beirut y ya no más a una banda de gitanos producida por Yann Tiersen. Obviamente siguen ahí las trompetas brillantes, los órganos marca de casa y el ukulele que Zach se ve obligado a tocar debido a los problemas médicos que le impiden tocar la guitarra. Pero lograr un estilo íntimo y propio es algo que en el 2007 sólo le he escuchado a The Good, The Bad and The Queen y que no es fácil de lograr. Beirut lo consigue y pasa la prueba con creces. The flying club cup está trazado por excelentes canciones, a pesar de que voces contrarias podrían opinar que no es más que un Gulag orkestar revisitado.
The flying club cup goza de cabal salud, y quizá la razón es que Condon parece no cansarse de viajar. Y a cada viaje va dando testimonio en sus canciones. Por eso no resulta extraño que las trompetas en el disco suenen un tanto a mariachi, cuando Condon nombra una canción como “Guaymas, Sonora”, sin renunciar a la francofonía en geografías como “Nantes”, “Cliquot” o “La fete” con sus indudables referencias a la chanson francesa.
Pero lo más importante de todo es que la música de The flying club cup lo embriaga a uno con la sensación de saberse frente a un músico joven, dueño de sus recursos, que sabe aprovechar lo mejor del pasado y el presente para crear una colección de canciones de la más delicada y eficaz manufactura. Que así siga muchos discos más.

Reseña de Gulag Orkestar

Septiembre 18, 2007

Entrevista con Mario Bellatin

Archivado en: Periodismo — by staff @ 8:07 pm

La literatura de Mario Bellatin es enfretarse un mundo que se maneja por sus propias reglas, y que se manifiesta de una manera tan natural que cualquier interrogante al lector queda ahogada por esa sensación de inmediatez cotidiana que presenta el relato. Sin embargo, Bellatin es transparente, nunca oscuro. Afuera el misterio y el desconocimiento. Adentro la coherencia y la estructura. Salón de Belleza y las bizarras autobiografías de El gran vidrio son buena muestra de ello.
A continuación una entrevista con Mario Bellatin, antes de la presentación de El gran vidrio en el Colegio Civil de Monterrey.

Lo que se puede encontrar tanto en la primera autobiografía de El gran vidrio como en pasados libros tuyos como Salón de belleza es la intención de retratar a un personaje en el presente, que mira atrás y que a la vez está por enfrentarse a un porvenir cambiante e inminente.
Sí, todo responde a una misma escritura. Lo que quiero es conseguir que se reconozca a un autor, al mismo autor detrás de todos los libros, independientemente de que los temas sean distintos, de las diferentes situaciones, temas, y objetivos de cada libro. Que se sienta que hay una misma estructura que los sostiene. No es casual que encuentres similitudes entre esos dos textos, lo que sí no hay es repetición; se trata de una indagación, una exploración más en un mismo tono o camino determinado.

¿Consideras tu narrativa como minimalista?
A mi me da mucho temor etiquetar mi obra, y a mí mismo aun más. Porque, de alguna manera, cuando se hace ese ejercicio se suele reducir las posibilidades de la obra bajo determinada idea que se imponga. Lo que yo creo que se refieren con eso no es tanto ubicarla como minimalista, porque el minimalismo es una corriente que tiene una serie de características muy propias, sino como una escritura que permite la existencia de los vacíos, del silencio, de la presencia del lector como autor de los textos. Es una escritura como una suerte de andamio por la cual pretendo que el lector transite, y que cada quien vaya descubriendo un mundo determinado, un mundo propio de acuerdo a quien sea ese lector, es un libro a la medida de todos los lectores.

Otra cosa que se distingue en tu obra es la creación de mundos especiales, universos propios y cerrados con sus propias reglas que, sin embargo, dejan muchas cuestiones abiertas al lector.
Creo que es un mundo también bastante habitual y cotidiano. Está construido de manera que invita a ingresar en su universo; porque se podría pensar, al momento de hablar de un espacio particular, de un espacio extrañado de la realidad, que fuera una cosa exótica, o un espacio experimental; y yo creo que no, que son textos que mantienen una coherencia bastante tradicional y que cualquier lector puede ser atrapado por ellos.

De cualquier manera sigue presente esa extrañeza…
Yo creo que aquí la extrañeza radica en que el lector está esperando una forma determinada para que le cuenten los sucesos que aparecen en los libros, entonces, se establece un choque en que el contenido va siendo construido de una manera que incluso es mucho más amable al lector, que aparentemente no le pone trabas de carácter retórico o intelectual, sino que está construido con una lógica que aparentemente es bastante inocente, amable, repito la palabra, seductora, para que alguien ingrese en ese mundo. Esto sucede de una manera que casi no lo adviertes, o lo adviertes cuando ya estás dentro de la obra y no suceden las cosas que tu crees que van a pasar, y eso me parece que es importante en la literatura, que nunca sepas lo que va a pasar, porque eso es un poco la idea de enfrentarse a una obra de arte, que nunca sepas cómo va a ser tu recorrido como lector, que todo tiempo haya sorpresas y esas mismas sorpresas hagan que te involucres con ese texto que tienes delante.

¿Hay algo de alegórico en tu narrativa?
No lo sé, yo a veces la leo, y este libro en particular (El gran vidrio), de una manera bastante realista también. Y siento que al decir que mi literatura es alegórica también caeríamos en esta suerte de colocar una etiqueta que le impediría ver todas las opciones que puede tener. Creo que ciertos aspectos pueden ser leídos de una manera alegórica, de una manera no realista por decirlo de algún modo, más que alegórico, que no se apega a la realidad; pero al mismo tiempo surge la pregunta de ¿qué es la realidad? Creo que este es uno de mis libros más reales que he escrito y, curiosamente, se crea el mecanismo contrario. Cuando pensamos que estamos en un mundo totalmente imaginario, un universo que obedece sólo a sus propias reglas, curiosamente estamos exhibiendo la realidad de una manera mucho más profunda de lo que podemos hacerlo si respetamos ciegamente una manera tradicional de escribir, de construir lo que supuestamente es una novela.

Septiembre 16, 2007

Torreón, cien años

Archivado en: Recortes — by staff @ 3:54 pm

juego.jpg

(Foto: Juegos artificiales el 15 de septiembre de 2007, durante los festejos del Centenario de Torreón)

Septiembre 8, 2007

Bob Dylan (Parte II)

Archivado en: Long Play's — by staff @ 11:22 pm

bob2.jpg

El Dylan crítico

A reserva de lo que puedan opinar críticos y público, no me gusta “Blowin’ in the wind”. La canción más famosa del poeta de poetas del folk, basada en el spiritual negro “No more auction block”, siempre me ha parecido vaga y un tanto simple. A pesar de que en su momento resultara todo un hallazgo. La cantante Mavis Staples estaba sorprendida de que un joven blanco pudiera captar tan poderosamente la frustración y las aspiraciones de la comunidad negra.
Covereada por miles de artistas, citada igual número de veces, la letra de “Blowing in the wind” es contemplativa, carente de acción, de profecía, a pesar de que el coro es un verdadero hallazgo poético, explicado por Dylan en el sentido de una verdad que flota y que nadie es capaz de atrapar “al vuelo”. Sin embargo, las estrofas son débiles:

How many years can a mountain exist
Before it’s washed to the sea?
Yes, ‘n’ how many years can some people exist
Before they’re allowed to be free?
Yes, ‘n’ how many times can a man turn his head,
Pretending he just doesn’t see?”

El Dylan más crítico se encuentra en otras partes. Es un Dylan sumamente poético, que habla de inminencias, cosas que vendrán, que no se detienen; (¿catástrofes, desgracias, revoluciones?) pero es la acción del hombre -el trovador- la que da testimonio de ellas. Basta ver otro tema del mismo disco donde se incluye “Blowin’ in the wind” (The freewheelin’ Bob Dylan), la monumental “A hard rain is a-gonna-fall”, donde, en larguísimas letanías, Dylan profetiza el apocalipsis:

And what did you hear, my blue-eyed son?
And what did you hear, my darling young one?
I heard the sound of a thunder, it roared out a warnin’,
Heard the roar of a wave that could drown the whole world,
Heard one hundred drummers whose hands were a-blazin’,
Heard ten thousand whisperin’ and nobody listenin’,
Heard one person starve, I heard many people laughin’,
Heard the song of a poet who died in the gutter,
Heard the sound of a clown who cried in the alley,
And it’s a hard, and it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard,
And it’s a hard rain’s a-gonna fall”.

Pero su fantasmagoría del “final del mundo” no tendría sentido sin la última estrofa, que pone en su lugar al poeta que vislumbra como un ente necesario para dar testimonio:

I’m a-goin’ back out ‘fore the rain starts a-fallin’,
I’ll walk to the depths of the deepest black forest,
Where the people are many and their hands are all empty,
Where the pellets of poison are flooding their waters,
Where the home in the valley meets the damp dirty prison,
Where the executioner’s face is always well hidden,
Where hunger is ugly, where souls are forgotten,
Where black is the color, where none is the number,
And I’ll tell it and think it and speak it and breathe it,
And reflect it from the mountain so all souls can see it,
Then I’ll stand on the ocean until I start sinkin’,
But I’ll know my song well before I start singin’,
And it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard,
It’s a hard rain’s a-gonna fall”.

Por otro lado, encontramos en “When the ship comes in” al mismo Dylan con su poética de la inminencia y del cambio. En este caso, la transformación -evitando cualquier posible interpretación marxista, religiosa o mística de este cambio- está simbolizada en la llegada de un barco a tierra. Llegada que no podrá detenerse de ninguna manera:

And the words that are used
For to get the ship confused
Will not be understood as they’re spoken.
For the chains of the sea
Will have busted in the night
And will be buried at the bottom of the ocean.
[...]
Oh the foes will rise
With the sleep still in their eyes
And they’ll jerk from their beds and think they’re dreamin’.
But they’ll pinch themselves and squeal
And know that it’s for real,
The hour when the ship comes in.

Then they’ll raise their hands,
Sayin’ we’ll meet all your demands,
But we’ll shout from the bow your days are numbered.
And like Pharaoh’s tribe,
They’ll be drownded in the tide,
And like Goliath, they’ll be conquered”.

Como podemos ver, Dylan recurre a la imaginería bíblica para hacer mas nítidas sus imágenes. Pero esto no debe llevarnos a interpretaciones religiosas erróneas. Mucho del imaginario de Dylan es bíblico, porque precísamente bíblico es el imaginario de muchas de las canciones folk de las cuales se nutrió. Sin embargo, es clara su distancia hacia la religión, salvo en discos evidentemente de esta temática, como John Wesley Harding o sus discos católicos de finales de los setenta.
El Dylan más crítico y poético es precisamente el de canciones como “A hard rain is a-gonna-fall” o “When the ship comes in”. Lejos, muy lejos del visor estático de “Blowin’ in the wind” y lejos también del Dylan panfletario que recorre muchos otros temas de The times they’re a-changin’ o incluso de The freewheelin’ Bob Dylan. Un Dylan trabajado en su materia literaria, que mide cuidadosamente el equilibrio poético y crítico de sus palabras. El Dylan más valioso, por ende.

***
Bob Dylan (Parte I) El Dylan íntimo

Los Tres – Fome

Archivado en: Long Play's — by staff @ 10:31 pm

200px-fome.jpgQué delicia es rescatar esta fina pieza del mejor rock chileno. Si para el momento que editaron este disco (1997) Los Tres ya habían logrado obras trascendente envergadura como Se remata el siglo o La espada y la pared, faltaba redondear la faena con una obra maestra y completa como Fome.
¿Qué hace que este disco suene tan retro y a la vez tan actual? Quizá el hecho de que Álvaro Henríquez y compañía no se rodearan más que de los artefactos necesarios para hacer música atemporal: Guitarras, bajo, batería y excelentes canciones. Fome es un disco de cuerdas por excelencia: Los tonos acústicos y distorsionados de las guitarras se unen al contraste entre bajo eléctrico y contrabajo, y al plañidero lamento del pedal steel.
Por eso Los Tres igual suenan ácidos, cuando “Bolsa de mareo” o “Libreta” sin prejuicios pudieran haber sido firmadas por el Radiohead post-grunge de The bends o Pablo honey; y de la manera más natural cambian a atmósferas como la de ”Olor a gas” (una de las canciones más conmovedoras del rock latinoamericano) o “De hacerse se va a hacer”, que bien pudieran haber sonado en la radio de los cincuenta, o “Antes”, que cuenta con todo ese sabor british y sesentero de Ray Davies y los Kinks.
Y lo mejor de todo es que Henríquez no descuida la parte letrística y si bien puede cantar de la manera más irreal un ”contrátame una gira por el sol / págame en estrellas por favor” como puede pintar cuadros de delicado costumbrismo en “Olor a gas” (“olor a una carne, mantel y sal / es Semana Santa, sol celestial / sin sábanas, sin un colchón / duerme tranquilo como un lirón / seco el corazón”) o narrar las más bizarras historias como en “La torre de Babel”.
¿Cuántas bandas darían todo por tener en sus discos una sola canción del calibre de “Toco fondo” o “Jarabe para la tos”? La música habla por sí misma. No importa la sencillez de su vestimenta, mientras haya con qué rellenarla. Por eso Fome es un disco indispensable.

Utiliza WordPress.com