Hace unas semanas me encontraba despierto a altas horas de la madrugada. Encendí la televisión por aburrimiento y la pantalla de MTV me arrojó un video de Bright Eyes (“Four winds”) que me tomó por sorpresa. Sobre todo porque ya estoy habituado a la porquería en que se ha convertido MTV, atascado de reality shows espantosos y absurdos. Y en los breves lapsos en que recuerdan que son un canal de videos, lo hacen sólo para llenarlo de pop, R&B, o el hip-hop de todos esos sujetos con complejo de pimps.
Desde su cambio de imagen y programación que comenzó en 1999, MTV ha venido cayendo en picada hasta convertirse en el ejemplo más claro de las obsesiones, frustraciones y excesos del american way of life, sobre todo por medio de sus miserables reality shows que realmente no vale la pena ni mencionar. Sin embargo, todavía por el año 2002 o 2003, uno contaba con que, a las 2 de la mañana, daba inicio ese pequeño resquicio de cordura llamado “120 minutos”, donde convergían las más diversas manifestaciones de lo alternativo.
Pero, y sobre todo, yo extraño el viejo MTV, aquél MTV de mediados de los noventa, con Ruth y Arturo de VJ’s, con programas alucinados de música electrónica como Ozono, con Beavis and Butt-head. Aquél MTV con videos a toda hora, que programaba hasta el cansancio a Radiohead, a los Smashing Pumpkins, a The Verve. Aquél MTV de las doce de la noche con Nación, con especiales de Blur y Nirvana. Aquél Top 20 donde 7 semanas seguidas estuvo el video de Chumbawamba en primer lugar. Aquél MTV de los clips de Chico Migraña, aquél canal con identificaciones y cortinillas super bizarras (y algunas francamente perturbantes o escatológicas, otras quizá incluso poéticas). Aquéllos excelentes conciertos Unplugged donde los Aterciopelados, Soda Stereo, Charly García, la Maldita Vecindad o Illia Kuriaki and the Valderramas derrochaban pasión. Algo debí sospechar cuando Maná grabó el suyo en 1999. Fecha fatídica. Creo que ese suceso debió marcar el comienzo del fin.
Ojalá algún día surga otro canal tan propositivo y libertario como el viejo MTV, que fuera parte de la educación sentimental de todos los de mi generación.
Julio 26, 2007
El viejo MTV
Julio 17, 2007
Ricardo Piglia – Plata quemada
Una historia basada en un hecho real. 1965. Tres pistoleros porteños: el “Nene” Brignone, el “Gaucho” Dorda y el “Cuervo” Mereles. El asalto a un banco en Buenos Aires. 7 millones de pesos en botín. Huída a Uruguay. El amor. La traición. El asedio de la policía.
El baño de sangre que cierra Plata quemada sólo puede comprenderse cabalmente con el sentido que Piglia explica en su epílogo. Después de conocer en un tren a la amante de uno de los criminales, el escritor se sintió inevitablemente atraído:
Ella me habló de los mellizos, del Nene Brignone y del Gaucho Dorda y de Malito y el Chueco Bazán y yo la escuché como si me encontrara frente a una versión argentina de una tragedia griega. Los héroes deciden enfrentar lo imposible y resistir, y eligen la muerte como destino”.
Han pasado más de cuarenta años desde los sucesos del edificio Liberiaj en Montevideo, pero la leyenda negra de los pistoleros porteños pervive en la novela de Piglia, una eficaz mixtura entre novela policial y reportaje periodístico de nota roja:
-No aflojés, Marquitos –dijo el Nene. Lo había llamado por el nombre, por primera vez en mucho tiempo, en diminutivo, como si fuera el Gaucho quien precisara consuelo.
Y después se alzó un poco, el Nene, se apoyó en un codo y le dijo algo al oído que nadie pudo oír, una frase de amor, seguramente, dicha a medias o no dicha tal vez pero sentida por el Gaucho que lo besó mientras el Nene se iba.
Estuvieron un momento inmóviles, la sangre corría entre los dos. Un absoluto silencio reinaba en el departamento. Los policías se asomaron por el boquete. Los recibió una ráfaga y los gritos de Dorda, amurallado ahora tras el cuerpo de Brignone.
-Vengan, gran puta, a ver si se animan…”.
Piglia, Ricardo. Plata quemada. Barcelona: Anagrama, 2000. Pag. 225 y 197.
Julio 8, 2007
The Beatles – Please Please Me
Me parece curioso destacar que el disco debut de los Beatles, fechado en 1963, es realmente muy poco rocanrolero. Más allá de la original “I saw her standing there” que abre el disco y los covers a “Boys” (en voz de Ringo) y la intensa “Twist and shout”, el álbum transcurre entre la fascinación de los de Liverpool por el Rythm & Blues -el sonido Motown-, las viejas canciones de cabaret y hasta el country.
De hecho, de los seis covers incluidos sólo uno es meramente rocanrolero: el mencionado clásico “Twist and shout”; mientras que “Boys”, de las Shirelles, es un arreglo especial del original R&B. En Please Please Me aparece otro gran tema de las Shirelles: el bellísimo “Baby it’s you”, en voz de Lennon, mientras que el toque R&B prosigue en covers como “Anna” de Arthur Alexander y “Chains” de The Cookies. Los Beatles también eran dados a interpretar canciones al viejo estilo de cabaret, de las cuales “A taste of honey” era una de las preferidas y fue incluida en el álbum.
Sin embargo, la atención debe guiarnos hacia los ocho temas de John Lennon y Paul McCartney que completan el acetato original. Aparte del duro rock n’ roll de Paul en “I saw her standing there” -todo un clásico del repertorio beatle-, hay un tímido rocanrolito de John, “Misery”, que más parece tender hacia la balada R&B (nótese el jugueteo vocal de John cuando la canción va en fade out). Por otro lado, temas como “Ask me why”, “P.S. I Love you” o “Do you want to know a secret?” deben tomarse como lo que son: inocentes baladas que se nutren por igual de la Motown y el pop de cabaret, y que merecen escucharse desprejuiciadamente para descubrir su cándida belleza. Destaca también la inclusión del primer single de la banda, “Love me do”, a medio camino entre el blues y el country.
Sin embargo, he dejado para el final los dos puntos más fuertes del álbum, dos canciones que muestran a la perfección la capacidad melódica de Lennon y McCartney que comenzaba a desarrollarse en plenitud en ese momento. El tema que da título al disco y que primeramente se publicó como single, “Please please me”, es una arriesgada propuesta vocal que parte de los standards del R&B mezclada con la veloz rítmica del rock n’ roll. Sin embargo es en el otro tema, “There’s a place”, donde ambas corrientes suenan más fuertemente amalgamadas en eso que podríamos llamar el “estilo beatle”, con la diferencia que la canción no cae en la tendencia cursi de clásicos de los de Liverpool como “She loves you” o “From me to you”. “There’s a place” es verdaderamente la canción de Please Please Me, un tema de una dificultad vocal evidente y una estructura melódica desconcertante, que rompe con los paradigmas del pop de inicio de los sesenta. Un paso adelante, aunque Lennon ha comentado que se trató de un intento de hacer algo muy al estilo de la Motown, algo muy negro. Una joya infravalorada, sin duda, de todo el catálogo de Los Beatles.
En suma, Please Please Me resulta un disco disfrutable y ameno, un tímido anuncio de la genialidad que vendría en el futuro.
Gustavo Cerati – Bocanada

A Cobián,
y a mis demás amigos devotos ceratianos
Grabado poco después del rompimiento de Soda, Bocanada ofrece una colección de las mejores canciones de Gustavo, llenas de momentos, de sonoridades, de influencias. Obviamente se trata de su obra maestra aún no superada. Sería extensísimo describir a plenitud la riqueza sonora de este memorable trabajo. Las cuatro canciones iniciales, disímbolas entre sí, forman un bloque poderosísimo e irrepetible: El oscuro sonido tribal-electrónico de “Tabú”, seguido por el minimalista pop electrónico de “Engaña”, donde Gustavo no deja de poetizar: Junto al ventanal, nos pusimos a jugar a decirnos la verdad, ¿qué más engaña saber? Luego, la nostalgia de la preciosa “Bocanada”, donde los samples de orquesta y la batería lenta parecieran llevarnos a un paisaje lejano y lleno de niebla: Distante placer de una mirada frente a otra… esfumándose. Tras una leve pausa, aparece una de las canciones más memorables de Gustavo: la britaniquísima “Puente”, donde alternan la suavidad acústica y el estruendo de las guitarras eléctricas, y su poesía alcanza los momentos más excelsos: Hoy te busqué en la rima que duerme con todas las palabras. Si algo callé es porque entendí todo, menos la distancia. Desordené átomos tuyos para hacerte aparecer… Cuatro canciones que hubieran bastado para hacer un EP histórico y magistral, pero hay más… Después del descanso instrumental de “Río Babel”, prosiguen dos canciones preciosas y oscuras: “Beautiful” y “Perdonar es divino”, para dar paso a la majestuosidad de la Orquesta Sinfónica de Londres en “Verbo carne”, dramático juego de referencias religiosas y sagradas. Pronto llega “Raíz”, y Gustavo retoma los aires andinos que rozó en Soda con “Cuando pase el temblor”.
“Y si el humo está en el foco” ofrece una pausa con algo de electrónica abstracta, al igual que la cerradora “Balsa”. Pero en el espacio entre éstas, se desarrollan tres canciones memorables: la juguetona “Paseo inmoral”, la borgiana “Aquí y ahora” (con su añadido electrónico de “Y después…”), y la casi hipnótica “Alma”.
Quince canciones históricas. Quince canciones que pertenecen al soundtrack personal de muchos. Un disco que muestra a la perfección la actitud de un verdadero músico, despierto a todos los recursos que puedan usarse al servicio de la canción. Un maestro compositor en uno de sus mejores momentos. Una genialidad.