
A veces la ciudad se convierte en un lugar completamente distinto. Los colores de las calles que a uno le hacen sentirse en casa desaparecen de repente, súbitamente comprendo que las mismas multitudes que tan misteriosas me parecen cada vez que las veo, en realidad llevan siglos errando sin rumbo por las aceras. Todos los parques se transforman en un momento en eriales fangosos e insípidos, las plazas cubiertas de postes eléctricos y paneles publicitarios en fríos espacios de cemento y la ciudad en un lugar tan completamente vacío como mi alma. La suciedad de los callejones, el hedor que se extiende por toda la ciudad desde los contenedores de basura abiertos, los infinitos socavones en calles y aceras, las subidas y bajadas, todo ese desorden, esa confusión y ese caos que convierten Estambul en ella misma me provocan la impresión de qur no es la ciudad la insuficiente, mala y deficiente, sino mi vida y mi alma. Es como si la ciudad fuera para mí un castigo merecido y yo algo que la contamina. Cuando una profunda tristeza y una intensa amargura se filtran de la ciudad a mí y de mí a la ciudad, noto que ya no me queda nada qué hacer: yo, como la ciudad, soy un muerto viviente, un cadáver que respira, un miserable condenado a la derrota y a la suciedad, tal y como me hacen notar las calles y las acercas. En esas ocasiones así, ni siquiera me da la más mínima esperanza ver el Bósforo, que se estremece como un pañuelo por entre edificios de cemento nuevos y feos que se desploman sobre mi espíritu con todo su peso”.
Pamuk, Orhan
Estambul: ciudad y recuerdos
México: Mondadori, 2006. Pag. 363
(Traducción de Rafael Carpintero)
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Préstame uno de ese wey!
jejeje ciao
Comentario por Cobian — Junio 19, 2007 @ 1:24 pm |
……..hermoso..
Comentario por MagicieNNe — Junio 19, 2007 @ 7:42 pm |
bellas lineas, no como un sarten de teflon (chiste local).
que bien tu pasion con el Pamuk, ojala se arme que publiquen la traduccion. y a darle al turco!
Comentario por diamante — Agosto 4, 2007 @ 11:49 pm |
[...] libro negro Estambul, ciudad y recuerdos Nieve Filed under: Literatura [...]
Pingback por Orhan Pamuk - La vida nueva /// « Baúl de Long Plays — Noviembre 4, 2007 @ 9:33 am |
Casualidad número ocho:
Primero fue amar el ocho, pero eso ya no importa. Lo que de verdad importa, lo de verdad primero, fue ese bibliotecario confundido de puerta. Un segundo después unas cervezas y nombrar Estambul – hace apenas unas horas. Él había nombrado Estambul y ya fue todo el día hablando de ese libro y el interior de ese libro y los lugares de ese libro. Me quedo con Ohran Pamuk en la cabeza, aún tengo a Ohran Pamuk en la cabeza cuando tomo el bus línea tres, cuando llego a casa, la verdadera casa, la no confundida casa, y miro el correo, y el otro correo, y canto Puro Teatro en el baño mientras me pinto los ojos. Entonces mi PC de memoria electrónica, mi PC a través de circuitos que no entiendo, me dice cuando busco una frase que empieza por ‘yo’ – siempre ‘yo’ – me dice así: Yo, como la ciudad, soy un muerto viviente. Me detengo. Me gusta esa frase que me alcanza, que me encuentra sin ser yo quién la busca. Pulso la tecla intro, como diciendo: A ver, de dónde vienes, a dónde me llevas. Y me trajo aquí. Y la sorpresa es eso, que me trajo a Estambul, o a México, o a no sé bien dónde estoy, después de que el bibliotecario equivocado de hora, de tiempo, llamara a la puerta incorrecta y pasara a tomar algo y a hablar toda la mañana de Estambul, de precisamente estas líneas. Ésa es mi casualidad número ocho.
Comentario por M — Agosto 12, 2008 @ 2:37 pm |