
La consagración de la primavera es una de las obras más impresionantes del siglo XX. Aparte de servir de punto de partida de las nuevas corrientes de la música de concierto, su primera presentación es emblemática de la lucha entre cambio y conservadurismo, entre vanguardia y tradición. Concebido como un ballet con la coreografía de Nijinski, la noche de su estreno (29 de mayo de 1913) enfrentó a la sociedad conservadora (que ocupaba los asientos más caros y cercanos, y que abuchearon la desconcertante partitura de Stravinsky) y la juventud avant-garde que ocupaba las galeras, y estaba interesado en el trabajo del ruso.
Como sea, La consgracación de la primavera le podrá parecer al escucha contemporáneo algo nada fuera de lo normal. Más cuando la obra incluso ha formado parte de películas de Dinsey. Sin embargo, hay que contextualizar cada trabajo en su momento histórico. Para 1913, una obra como la de Stravinsky todavía tenía que hacer frente contra el gusto de un público anclado en un romanticismo tardío. Por lo que los extraños patrones rítmicos, las disonancias, el dramatismo casi primitivo (la obra se remonta a un ritual en la Rusia pagana) y el sonido del oboe al borde de su registro resultaron algo realmente insultante para la sociedad parisina. Y vaya que se lo hicieron saber.
Como sea, La consgración de la primavera, junto a otras obras geminales como el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy, ayudaron a expander los limites de lo que se conocía como música de concierto. El siglo XX no podría entenderse sin Stravinsky y Debussy.
Al respecto, hay una página que, amparada por un profuso trabajo de animación flash, nos introduce en el mundo de La consgracación de la primavera. Se pueden analizar fragmentos de la partitura, mientras una orquesta (con video incluido) la interpreta, comentarios de los instrumentistas, diagramas del ballet de Nijinski, así como testimonios de su noche inaugural en París. Sin palabras:

Hacía mucho que no escuchaba un disco de rock tan potente e intenso como el nuevo material de los Kings of Leon. Y sobre todo, alejado de los estrechos límites que las bandas se autoimponen en su música. Because of the times es un disco que aprovecha a plenitud el sonido de todas las corrientes operantes en el rock americano contemporáneo: Ecos de grunge, de garage, de heavy, moods blueseros, baterías hardcore por aquí, guitarras que suenan con el trade mark de The Edge por allá… y sobre todo, buenísimas canciones. Sólo de esuchcar la abridora “Knocked up” sabes que estás metiéndote en un disco de grueso calibre. Y el nivel no baja. Me quedo con “Arizona”, “Charmer” y “The runner”. Un gran logro para aquella banda que en su debut —Young and youth manhood— más bien sonara a una calca contemporánea de los Creedence. A esto se le llama evolución y trabajo. Más bandas como los Kings of Leon, por favor.