
[Caricatura de Miguel Rep, del diario Página 12 -Argentina-]
A Diana
Palabras de Pedro Kóminik en su columna “pánicoescénico” de la revista EmeEquis (No. 67, Mayo 2007):
Leer teatro -no ir al teatro, no-, leer teatro es una de las experiencias más fascinantes a las que nos podemos enfrentar. ¿Por qué? Porque nos convertimos en el director, en el escenógrafo y en el iluminador de nuestra propia representación; porque nuestra voz es la de los personajes, porque no tenemos que soportar el tráfico, la lluvia, ¡ni siquiera a los franeleros!, para disfrutar de una gran función teatral”.
En efecto, la obra teatral impresa suele desdeñarse en aras de la experiencia vivencial, de la experiencia escénica. Pero en un contexto cultural marcado por el reducido número de espacios y la menos afortunada oferta de títulos, la alternativa de leer teatro se vuelve indispensable. Y más cuando el teatro breve nos ofrece verdaderas joyas de fácil lectura, dignas de rescatar en páginas con amplia difusión. Recientemente la Universidad Autónoma de Nuevo León ha venido publicando, en conjunto con su Facultad de Artes Escénicas, una colección, en pequeños fascículos, de dramaturgia mexicana contemporánea: Drama. Con autores regionales y nacionales, la colección, que ya rebasa la docena de números, presenta alternativas al alcance de la mano para estudiantes y fanáticos de lo teatral. De la colección extraigo (por poner un ejemplo), el número 3: Selena, la reina del Tex-Mex, del premiado Hugo Salcedo. En vez de llevar a las tablas la frivolidad de una nota roja del espectáculo, Salcedo crea un montaje muchísimo más rico y simbólico. Abstracto, lleno de simbolismos, y con duras resonancias freudianas con fuerte carga de crítica fronteriza, Selena, la reina del Tex-Mex es un buen ejemplo de teatro contemporáneo breve, intenso y ansioso de ser degustado vía lectura o convivio teatral.
Por otro lado tenemos el ejemplo de la colección literaria La Centena, que en su rama de teatro ofrece un panorama bastante amplio de la dramaturgia contemporánea mexicana, con nombres como Sabina Berman, Óscar Liera, Alejandro Licona o el propio Hugo Salcedo. Una de sus ventajas reside en que, al ser editada por el Conaculta, los números están disponibles en cualquiera de sus tiendas por muy bajo precio. De la colección recientemente adquirí una obra brevísima de Sergio Zurita, de la cual ya antes había tenido noticias y que en su momento me llamó poderosamente la atención: No te preocupes, Ojos Azules. Zurita nos lleva hasta la noche del 5 de abril de 1994, cuando Kurt Cobain, el guitarrista y cantante de Nirvana decide poner fin a sus días con un disparo en la cabeza. Con este marco, aparece el espíritu de Frank Sinatra para tratar de convencer al melenudo de lo desafortunado de su decisión. Lejos de tratarse de un alegato anti-suicidio, Zurita ironiza con estas dos figuras musicales norteamericanas, con sus obsesiones y temperamentos muy particulares en un choque de generaciones. Una idea sumamente llamativa, y la dramaturgia está a la altura de las circunstancias.
Estos dos ejemplos teatrales, que curiosamente enlazan a íconos musicales contemporáneos de México y Estados Unidos, llegaron hasta mi cabeza por medio de la experiencia lectora, por medio de esa “función íntima” que resulta leer teatro. Y aunque no desdeño la hermosa experiencia de las butacas, el telón y el sudor de los actores en escena, la teatralidad en las páginas sigue siendo una alternativa fascinante, una alternativa que juega a tope con nuestra libertad y capacidad de creación.