Para Argenis
El segundo disco de Travis es uno de esos álbumes que uno no suele exhaltar como avasalladoras obras maestras. Es más, puede que esté siempre por ahí olvidado. Sin embargo, es una de esas pequeñas piezas de una belleza desmesurada. Diez finas piezas (más bonus track) de la más cuidada orfebrería musical, producidas por el mismísimo Nigel Godrich, curador predilecto del sonido de Radiohead.
The man who es una de esas reliquias de culto personales e íntimas, e irónicamente el primero que se me olvidaría colocar en una lista de “5 discos para llevarme a una isla desierta”. Por eso quiero hacerle justicia y recordar la soberbia elegancia de sus canciones, desde la frágil “Writing to reach you”, con ese suave wall of sound de guitarras eléctricas, hasta la initimidad de los recuerdos en “Slide show”, donde Fran Healy rememora a sus ídolos Noel Gallagher y James Dean Bradfield. Lapso a lo largo del cual se cruzan canciones como la impactante “As you are”, que tras su suave misterio rompe en un estruendo de guitarras eléctricas para recordarnos que Travis proviene de la estirpe del más intenso britrock de Oasis y Manic Street Preachers. Y cómo olvidar esa sobredosis de melancolía llamada “Why does it always rain on me?”.
The man who es un disco atemporal en la belleza de sus canciones. No descarto ninguna. “Driftwood”, “Turn” o “She’s so strange” siempre suenan tan nostálgicas como la primera vez. Alabo a Travis en ésta, su obra maestra aún no superada.
