Baúl de Long Plays

Marzo 25, 2007

Félix González-Torres

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Untitled (1991)

La de Félix González-Torres es una obra que, a diferencia de muchas propuestas agresivas o radicales del arte contemporáneo, juega de manera gentil con el descubrimiento de sus formas, métodos y contextos. Una obra profundamente meditativa y minimalista, mas nunca intrascendente.

(más…)

Marzo 20, 2007

Carlos Montemayor

Archivado en: Recortes — by staff @ 4:10 am

XXII

Dejo abiertas las puertas de la casa para que todos mis amigos,
con sus recuerdos y su dicha, con sus amores destruidos y persistentes,
lleguen con su risa y sus vasos desde el primer día de mi vida.
Dejo abiertas las puertas de la casa para esperar a mis padres en medio de mi infancia
y caminar de la mano con ellos por una mañana.
Dejo abiertas las puertas para que lleguen mis hijos con sus risas imborrables,
tropezando en innumerables vidas.
Para que lleguen las mujeres que he amado,
y decirles el tiempo que las esperé,
las tardes que las he comprendido.
Para que el viento inunde la casa, los libros, los muebles, los días,
oyendo todo lo que es posible.
Dejo abiertas las puertas de la casa
para estar siempre en el mundo.

… 
Del libro Abril y otras estaciones (México: Fondo de Cultura Económica)

Marzo 19, 2007

The Good The Bad and The Queen

Archivado en: Long Play's — by staff @ 6:37 pm

the-good.jpgPara empezar, una alineación de lujo: Damon Albarn en las voces y teclados, Simon Tong (ex The Verve y ex guitarrista de apoyo de Blur) en la guitarra, el veteranazo Paul Simonon (ex The Clash) en el bajo y el negrísimo Tony Allen (leyenda del afro-beat) en la batería.
Y llegamos hasta su LP homónimo, un canto de sarcasmo la Inglaterra en guerra, un elogio a la belleza de Londres, una revalorización de los recuerdos: The Good, The Bad and The Queen, un disco en cierta medida inclasificable, que bordea los límites del genuino pop británico, el soul, el jazz, el r&b y la electrónica. Hacía mucho tiempo que no encontraba en una banda un sonido tan afianzado en el que sus influencias se difuminan hasta el punto de poder afirmar que han adquirido un sello de casa. Indiscutiblemente uno de los mejores discos del 2007.
El intro de avant-gard jazzero en “Three changes”, el luminoso pop de “80’s life”, el debido homenaje a los Beatles entre explosiones de paranoia apocalíptica en “Kingdom of Doom”, la conmovedora melancolía de “Behind the sun”,  y los guiños a Blur en el tema que da título al álbum y a la banda.
Concebido como un homenaje a la vida en Londres -desde la portada, una pintura del siglo XIX acerca del incendio de la ciudad en 1666-, la lírica de The Good The Bad and The Queen, escrita por Albarn, muestra una madurez mayor que en la de aquella trílogía de Blur acerca de la vida inglesa, conformada por Modern Life is Rubbish (1993), Parklife (1994) y The Great Escape (1995). En cierta medida, el discurso de  The Good… se encuentra más emparentado al mencionado Great Escape en el sentido de una visión con cierta tristeza y melancolía, cuando no de ironía. Mientras en “Kingdom of Doom” la política exterior inglesa marca la paranoia cotidiana (“Drink all day, cos the country’s at war / soon you’re be falling of the palace walls), “Herculean” transita la melancólica visión de un canal al oeste de Londres, mismo feelin’ que se presenta de nuevo en ”The bunting show” o “Nature springs”, no excentas de sus líneas amargas acerca de una nación en conflicto.
Si embargo, mi tema favorito, y quizá uno de los más bellos, por más íntimo, resulta “Behind the sun”. En una de las primeras presentaciones de TGTBATQ, Damon dedicó la canción a John Peel, el famosísimo DJ británico, recientemente fallecido, que fuera uno de los baluartes de la música alternativa, difundiendo las nuevas propuestas británicas desde sus puestos de radio. Sin la labor de John Peel, músicos como Joy Division, PJ Harvey o los propios Blur no habrían visto la luz. Pero más allá del homenaje, “Behind the sun” es un tema conmovedor, de reconcilación personal, de convergencia entre pasado y presente para llegar a una mejor comprensión de nuestras propias vidas.

Versión en vivo de “Behind the sun” en el concierto de Electric Proms, donde Damon la dedica a John Peel.

Marzo 15, 2007

Tres momentos musicales de Almodóvar

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almodovar.jpg

3. Caetano Veloso – “Cucurrucucú Paloma” (Hable con ella)

Hable con ella es, a mi parecer, La obra de Almodóvar. Irónicamente, es una cinta más enfocada hacia lado masculino, donde las mujeres aparecen como meros cuerpos yacientes en camas de hospital, aunque resultan un elemento clave para entender la dinámica entre Benigno (Javier Cámara) y Mario (Darío Gradinetti). Un guión espectacular, una película conmovedora, controversial, impactante. Almodóvar, en pocas palabras.
De esta cinta recogo un momento casi onírico. Durante una ensoñación, Mario se encuentra en una fiesta privada donde Caetano Veloso, trovador brasileño de extendidísimo culto, interpreta la rancherísima “Cucurrucucú paloma”. Por supuesto, en una versión igualmente onírica.

2. Penélope Cruz – “Volver” (Volver)

Después de Hable con ella, me quedo con Volver. Una historia sencilla, pero encantadora. No hace falta apelar a las grandes exploraciones filosóficas para hacer una gran película. Y Volver lo demuestra con creces. Una vez más, una variante de la fascinación de Almodóvar por la mujer; en este caso, pareciendo cerrar una trilogía acerca de madres e hijos, que podría remontarse a Tacones lejanos, pasando por Todo sobre mi madre y terminando en Volver.
De la más reciente entrega de Almodóvar destaco un momento que toca el corazón. Durante la fiesta que Raimunda (Penélope Cruz) ofrece al equipo de producción para el que ha estado cocinando, un par de guitarristas intenta una versión flamenca del clásico tango gardelesco, “Volver”, incitando en ella las memorias de su madre y de su infancia. Por ende, no duda en tomar la voz e interpretar la canción con avasallador sentimiento andaluz.
El momento dulce es que, desde el auto de Sole, su madre misma (Carmen Maura) la está escuchando, con lágrimas en los ojos. Conmuévanse ustedes también:

1. Luz Casal – “Un año de amor” (Tacones lejanos)

Tacones lejanos marca las primeras exploraciones dramáticas de Almodóvar después de sus sexosas comedias de los ochenta. Y aunque algunos quieren ver en esta cinta su obra maestra, la verdad es que el final que no me termina de convencer. Sin embargo, pone el dedo en la llaga y nos entrega un excelente argumento de madre e hija divididas por el mismo hombre.
Lo que casi vale toda la película y la lleva hasta el status de culto es la aparición de Miguel Bosé, travestido y bailando la sensual “Un año de amor” de Luz Casal. En la película la canción supuestamente es interpretada por el personaje de Becky del Páramo (Marisa Paredes), quien regresa a España desde México para arreglar las cuentas pendientes con su hija.
La escena de Bosé es espectacular, sugerente. La pondría como una de las mejores escenas de travestimo que he visto en el cine, de no ser por esa increíble aventura visual que es Madame Satá de Karim Ainouz.

Marzo 8, 2007

Tríptico para “Lost in translation”

Archivado en: Reseñas — by staff @ 5:18 am

I – La película

Lost in translation es una de mis películas favoritas. La he visto unas dos o tres veces, la última de ellas fue patética. No por la película en sí, obviamente, sino porque se trataba de una versión doblada al español, espantosa, que incluso echaba a perder el último diálogo de la película, quizá el momento más conmovedor de la misma. No hay nada más seductor que lo que no se sabe, lo que se desconoce, lo que sólo se puede intuir. Las palabras de Bob en el oído de Charlotte son algo que el expectador no debe saber, un secreto que se queda en el interior de la realidad cinematográfica. Somos testigos, pero a la vez ajenos a esas íntimas palabras, por banales o trascendentales que puedan ser. Este concepto de lo secreto y lo ajeno es una de las ideas sustanciales de Lost in translation. Dos individuos abandonados en una ciudad bulliciosa, como de ensueño, perdidos en el mar de una realidad que les es presentada unas veces como incomprensible y otras tantas como seductora, se encuentran y entablan una relación compleja, que roza los límites entre el amor filial y el de pareja. Sin embargo, esta indefinición no es un problema, sino que se desenvuelve con una naturalidad conmovedora.
Una vez alguien, no recuerdo claramente quien, me preguntó si alguna vez en mi vida había conocido a una persona que me marcara de una manera fugaz. Alguien que conociera en un solo momento, un breve y hermoso lapso, para desaparecer luego y definitivamente de mi vida. Lost in translation podría ser la historia perfecta de esa hipotética situación. La historia de cómo dos extraños se conocen en un breve y hermoso lapso para desaparecer después, todo en medio de una frenética, alucinada y neónica urbe como la capital japonesa.
Si Lost in translation no es una película sencilla, tampoco es solemne. Basten las cómicas escenas de Bill Murray ante los directores japoneses o ante las extrañas visitas nocturnas en su habitación de hotel. Pero también es una cinta meditabunda, un elogio de la soledad y el silencio. El silencio en Lost in translation es embriagador, como un jardín japonés bajo la tibia llovizna, o una bulliciosa calle de Tokio plagada de neones y tecnología. Un guión increíble, una dirección efectiva y dos actuaciones inolvidables. Eso es Lost in translation, una de mis películas preferidas.

lost-in.gifII – El soundtrack

Si Sofía Coppola, directora de Lost in translation, había mostrado su fino gusto auditivo al encargar la banda sonora de su primera cinta, The virgin suicides, al dueto francés Air, para esta nueva película no escatimó esfuerzos y encargó la música al mismísimo Kevin Shields e invitados de lujo. El ex My Bloody Valentine entregó unos temas llenos de misterio y hermosura, que transitan entre la música electrónica y las explosiones de noise que lo caracterizaron durante su mencionada banda. Sin embargo, el sountrack se complementa con clásicos del underground americano como “Sometimes” de los propios Bloody Valentine o la imborrable “Just like honey” de The Jesus & Mary Chain, que ambienta el sublime cierre de la película. No faltan los nuevos valores como Phoenix con “Too Young”, o nombres de peso en la música electrónica como los ya recurridos Air o Death in Vegas. Complementan este soundtrack de lujo un curioso tema de folk-rock japonés, y como plus (en las ediciones especiales) la interpretación de “More than this” de Roxy Music, cantada en karaoke por Bill Murray en un fragmento de la cinta.

scarlett-1.jpg scarlett-3.jpg scarlett-2.jpg  

III – Scarlett Johansson

¿Necesito decir algo más de la belleza de Scarlett Johansson que no digan estas fotografías?

Marzo 5, 2007

Bright Eyes – I`m wide awake, it’s morning

Archivado en: Long Play's — by staff @ 4:35 am

 

Desde el segundo track de I’m wide awake it’s morning (Saddle Creek Records, 2004), Connor, acompañado de la diva del country, Emmylou Harris, nos atesta un golpe fulminante: “We are nowhere and it’s now. Somos ninguna parte y eso es ahora. La oda de la frustración cotidiana en un viaje por la ciudad. Del desencanto a la esperanza, y de regreso, I’m wide awake it’s morning sobresale como el gran himno de una generación contradictoria. Aquí sus palabras:

If you hate the taste of wine, why do you drink until you’re blind? / And if you swear that there’s no truth and who cares, how come you say it, like you’re right? / Why are you scared to dream of God when it`s salvation that you want?

Connor continúa narrando su travesía citadina en la misma tónica, hasta llegar a un bar con sus amigos, donde una chica le coloca un amuleto en la ropa, lo que provoca en el cantautor un sino de esperanza: …she said this one will bring you love / I don`t know if it’s true, but I keep it for good luck.

Por otro lado, en “Old soul song” el protagonista es testigo de la represión policíaca de una manifestación (¿contra la guerra? ¿la globalización?) que halla su punto culminante cuando en un momento de soledad, unas flores le recuerdan una pila de TV’s nuevas. Yeah they went wild, repite constante e irónicamente, mientras ésta visión absurda y enajenada pareciera reprimir el recuerdo de las crudas realidades que presenció en la calle.

Esta ironía, juego privilegiado, aparece incisivamente en la abridora “At the bottom of everything”, donde, en un largo speech previo, Connor narra la historia de un avión a punto de estrellarse, por lo que uno de sus pasajeros proclama una fiesta en correspondencia al absurdo existencial que representa el momento inevitable y repentino de la muerte:

Oh my morning’s coming back / the whole world’s waking up / All the city buses swimming past / I’m happy just because I found out I am really no one.

Esta negación se asienta en esa misma naturaleza deshumanizada de la época contemporánea. Unas líneas atrás, explica:

We must blend into the choir, sing as static with the whole / Must memorize nine numbers and deny we have a soul / And in this endless race for property and the privileges to be won, we must run, we must run, we must run.

Por otro lado, en “Landlocked Blues”, la poética historia de una separación amorosa, el discurso no está exento del sarcasmo de Connor respecto a la política exterior estadounidense como el background cultural de toda una generación:

We made love on the living room floor / With the noise in the background from a televised war / And in that deafening pleasure, I thought I heard someone say / “If we walk away, they walk away” // But greed is a bottomless pit / And our freedom’s a joke, we’re just taking a piss / And the whole world must watch the sad comic display / If you’re still free, start running away / Cos we’re coming for you!.

Del existencialismo a la esperanza, I’m wide awake it`s morning no es, sin embargo, una obra compleja ni hermética. El mismo Connor Oberst es capaz de momentos de conmovedora sencillez como en la bellísima “First day of my life, o en las encantadoras cotidianeidades de “Lua”, donde la relatividad de las verdades vuelve a tomar presencia:

But what was normal in the evening, by the morning seems insane (…) Because what is simple in the moonlight, by the morning never is.

La lírica de Connor impresiona, impacta. Sus imágenes ya han absorbido la complejidad de su entorno y nos son entregadas de una manera tan sencilla, que la oralidad e instantaneidad necesarias para las líneas de una canción nunca pierden su intención comunicativa.  Así, mientras en “Poison Oak apunta: You’re the yellow bird that I’ve waiting for, nos parece natural que esta misma imagen vuelva a aparecer, fluyendo en otras construcciones narrativas: Did you forget your yellow bird? How could you forget that yellow bird?

Pero lo más sustancial de I’m wide awake, it’s morning es el cuadro social que describe con los matices más variados. En medio de una posmodernidad desgarradora, fluye, sin embargo, una esperanza idealista, una esperanza no exenta del sarcasmo necesario para lidiar en un mismo juego contra la negatividad y la desolación de una época donde toda una estructura social como la norteamericana, y de pasada buena parte de la occidental, parece estar más en crisis que nunca. Como bien pudiera resumirlo un fragmento de la cerradora “Road to Joy: I have my drugs, I have my women, they keep away  my loneliness / My parents they have their religion, but sleep in separate houses.

Marzo 1, 2007

Los Dorados – Turbulencia

Archivado en: Periodismo — by staff @ 6:16 pm

Jazz de la Laguna
Los Dorados

Una animación flash al inicio de su website (www.losdorados.info) transforma una fotografía de Pancho Villa flanqueado de tres de sus guardias personales -los famosos “Dorados del Norte”- en cuatro aguerridos músicos armados de guitarra, contrabajo, saxofón y batería. Los Dorados, el combo de jazz-rock que buena parte de la crítica señalara como de lo mejor en el 2006. No es para menos, Turbulencia, su segundo trabajo, muestra cómo una banda de jazz puede volar al filo de los géneros sin estrellarse en el intento. O lo que es más simple: hacer música con la libertad de quienes se saben dispuestos a dar el paso adelante.
Mientras un avioncito recorre de lado a lado la pantalla la memoria se remonta al avión de Sarabia. Para los no laguneros (la región de La Laguna comprende las ciudades de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo), Ciudad Lerdo, Durango, es reconocida como el lugar de origen de uno de los pioneros de la aviación en México, Francisco Sarabia, por lo que en ella se encuentra un museo en su honor que resguarda su fiel aeronave, gigantesco armatoste que sirvió de inspiración al grabado de Pepe Valdés que engalana la portada de Turbulencia.
Ya había tenido referencia de Los Dorados, acaso por ser originario de Torreón, al igual que Demián Gálvez (guitarra) y Carlos Maldonado (contrabajo). El punto es que luego de tres conciertos en los teatros Nazas e Isauro Martínez de Torreón, fue hasta su presentación en Aula Magna del Colegio Civil, en Monterrey, donde escuché por primera vez a la banda, que se completa con el argentino Daniel Zlotnik en el saxofón, y el defeño Rodrigo Barbosa en la batería.
En un festival de jazz organizado por la Universidad Autónoma de Nuevo León, Los Dorados toman el escenario e impactan por su fuerza en vivo; “Turbulencia”, tema con el que abren el recital, provoca la ovación ante la entrega de Daniel al sax. Sin embargo, es lo más jazz que se escucha en toda la noche, puesto que el resto del set es un hueso más duro de roer, pero no por ello menos suculento. En gran parte se trata de temas que aparecerán en su nueva producción, en la cual participa Cuong Vu, trompetista vietnamita integrante del Path Metheny Group. En ellos Los Dorados no ceden en su búsqueda sonora, y aunque en el concierto se extrañan los temas de su disco debut, canciones como “Estación Marte”, “Marmotas in the toilette”, “Magma” e “Incendio” cumplen con las expectativas y aun las superan.
Y es que luego del más “tradicional” Vientos del Norte, Turbulencia resulta una afirmación de principios, como lo ilustra el epígrafe de Miles Davis que Óscar Adad apunta en sus notas al disco: “Me gustan las personas que siempre se están moviendo, cambiando; la gente que dice: ‘¿Qué es esto?’ ‘¿Qué es lo otro?’ ‘¿Por qué están haciendo tal cosa?’ Así soy yo. Así he sido toda mi vida”.
Y esto se confirma a lo largo del turbulento tracklist: Los suaves ambientes de “Canción Muda”, “Canto” o “Alba”. La estridencia de las abrasivas “Unión Laguna” o “Volar de Valor”. El ambiente funky de “Pez Gordo”, marcado por los scratches de DJ Rayo. La melancolía del tema central de “Ruta Dorada” que se trastoca en un viaje ambiental de raigambre pinkfloydiana. Una proeza sónica. Música que viaja del jazz al post-rock y de regreso.
Formados en el verano del 2003, y aunque radicados en el Distrito Federal, a lo largo de Turbulencia no se oculta un hálito de nostalgia hacia la norteña región de origen de los compositores Damián y Carlos: “Unión Laguna”, como aquél equipo de béisbol ahora transformado en Vaqueros Laguna; “Ruta Dorada”, como una línea del transporte urbano de Torreón. Y finalmente no está de más apuntar que Valdés, el autor de las ilustraciones del disco, pertenece al reconocido taller de grabado El Chanate, y que el diseño gráfico y la impresión corrieron a cargo de Erasmo Bernadac y Luis Sergio Rangel del taller Máscara Vs. Cabellera -todos ellos de Torreón.
En un estruendo de efectos electrónicos provenientes de los pedales de Demián, Carlos y Daniel, el concierto llega a su fin. Desde la batería Rodrigo arroja sus ejecuciones más embravecidas.  “Incendio” es el tema con el que cierran. Horas atrás, en una breve charla, el propio baterista pareció englobar toda la esencia de  Los Dorados: “El eje es la improvisación, no hay una estructura definida; y siento que parte importante de Los Dorados es entrar en territorios desconocidos. Aunque sea la misma rola, vas a entrar a un territorio desconocido”.

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Reseña publicada en la
revista Replicante No. 11
(Mayo-Julio 2007)

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Como extra: fragmentos de
una entrevista a Los Dorados:

La entrevista se realiza a minutos antes de comenzar su concierto, en los camerinos del Aula Magna del Colegio Civil. Los cuatro músicos se muestran relajados. Demián cambia una cuerda a su guitarra Gibson Les Paul y Rodrigo hace ejercicio de calentamiento con las baquetas. El baterista es el primero en explicar:
“La intención originalmente fue empezar a palomear; standards de jazz y esas cosas. Pero luego se empezó a notar que la vibra se generaba de manera que las rolas originales fluían más que los standards, por lo que desde los primeros encuentros tuvimos la inquietud de grabar un disco. Eso fue lo que nos abrió muchas puertas, porque desde un principio quisimos tener algo físicamente, y por eso mismo nos empezamos a dar a conocer entre la gente”.

¿De qué manera percibe la gente en México el jazz?
Carlos: Nosotros hemos tocado desde San Pedro de las Colonias [Coahuila], hasta Santa Fe, en la Ciudad de México. Y siempre es distinto… lo más importante es que la gente se conecta cuando ve que nosotros estamos conectados, que nosotros hacemos esto honestamente. La gente lo percibe. A veces uno subestima al público, porque dice: ‘bueno, es público que no conoce’. Pero resulta mejor; en una entrevista hace poco hablábamos también de que para escuchar a los Dorados tienes que librarte de cualquier prejuicio, o hasta perder la razón; todo para poder escucharnos plenamente y disfrutar el concierto. Yo creo que la gente en México percibe bien el jazz. Al menos nosotros estamos tratando de quitarle esa imagen de música high para la alta sociedad, o música de etiqueta. Y la gente se ha conectado muchísimo, tanto jóvenes en antros nocturnos como en recintos como el de hoy. Yo creo que la gente en México percibe el jazz en una manera muy honesta.

¿Y cómo recibieron su propuesta los jazzistas?
Daniel: Los jazzistas creen que somos rockeros y los rockeros creen que somos jazzistas…
Carlos: Lo cual nos pone en una situación conveniente, porque nos invitan tanto a festivales de rock como a festivales de jazz.  A los jazzistas les decimos que tocamos rock jazz, y a los rockeros les decimos que tocamos jazz rock, como para ubicarlos. La banda ha ido ha evolucionando mucho. El primer disco, Vientos del Norte, es más jazzístico, por clasificarlo de alguna forma, jazz contemporáneo.
El segundo disco, Turbulencia, ya es muy experimental: incorporamos mucho los pedales análogo-digitales en el saxofón, en el contrabajo. Y sí, habrá jazzistas a los que no les parezca que es jazz, pero pues la palabra jazz son sólo cuatro letras; no representa mucho para nosotros la palabra en sí. Ha habido buena aceptación, porque no hay nada que se haya hecho en México, similar. No hay una banda joven que haya grabado tres discos como nosotros hasta ahora. El reconocimiento está. Porque estamos haciendo las cosas de la manera mejor posible.
Demián: Sobre todo estamos haciéndolas con convicción, sin prejuicios. En el momento en que decidimos en el segundo disco incluir pedales y cosas así, no nos pusimos a pensar en que “ese sonido está fuera de la tradición…” Nosotros vamos a seguir haciendo lo que nos dicten la conciencia, los gustos, y las influencias que tenemos. No sólo escuchamos jazz, escuchamos muchos otros tipos de música. Entonces, si se va hacia el jazz, hacia el rock, o hacia el punk, nosotros lo vamos a dejar fluir de esa manera…

The Flaming Lips – Yoshimi Battles the Pink Robots

Archivado en: Long Play's — by staff @ 5:39 am

Yoshimi Battles the Pink RobotsLook outside, I know that you’ll
Recognize it’s summertime

Wayne Coyne

Un disco enternecedor, una fantasía, una odisea musical plagada de tonos pastel, de árboles luminosos y experiencias psicodélicas; de enormes botargas de conejos bailando en escena. Punto de convergencia entre música electrónica y acústica en un mismo y seductor pop.
Quizá los pocos que escucharon las primeras y ruidosas grabaciones de los Flaming Lips a mediados de los ochenta, nunca imaginaron que, quince años después, aquellos forajidos punketos de Oklahoma grabarían una obra tan fantasiosa como Yoshimi Battles The Pink Robots.
Yoshimi… es una celebración de la vida, con todas sus tristezas y felicidades, sus contradicciones, y sus preguntas sin respuesta. Wayne Coyne entrega unas letras íntimas, delicadas: La lucha vital de la vida, en la esperanzadora “Fight test”: I don’t know where the sun beams end and the star light begins it’s all a mystery / And I don’t know how a man decides what right for his own life, it’s all a mystery // Cause I’m a man not a boy and there are things you can’t avoid, you have to face them when you’re not prepared to face them.
En otro de los puntos fuertes del álbum, “Do you realize?”, Coyne vuelve los ojos hacia el conflicto vital del hombre que se sabe efímero, y que por ende, comprende la necesidad de apreciar la belleza y la magnitud de las cosas que lo rodean:
Do You Realize that you have the most beautiful face? / Do You Realize we’re floating in space? / Do You Realize that happiness makes you cry? / Do You Realize that everyone you know someday will die // And instead of saying all of your goodbyes / let them know you realize that life goes fast / It’s hard to make the good things last / You realize the sun doesn’t go down / It’s just an illusion caused by the world spinning round.
La tónica del resto de los temas sigue por esa misma senda, encarando la ambiguedad en la definición de conceptos como el amor y el odio, la inevitabilidad de la muerte, la “casualidad” de ciertos momentos de la vida, o la curiosa historia de cómo una pequeña chica karateca, llamada Yoshimi, tiene que salvar al mundo de unos malvados robots rosas. Todo ello enmarcado por una música fabulosa, plagada de teclados y ambientaciones electrónicas, entre las cuales se cuelan sutiles guitarras acústicas y la ruidosa y saturada batería tan marca de casa en los Flaming Lips.
Sin duda una obra cumbre, tras un largo camino de experimentaciones que empezó en Clouds taste metallic, continuó en el cuádruple y experimentalísimo Zaireeka y prosigió en su primera joya de pop psicodélico, The soft bulletin.

Algunas fantasías de los Flaming Lips en el YouTube:

1. Wayne Coyne, en uno sus famosos paseos entre el público adentro de una esfera de plástico, en el Lollapalooza 2006:

2. Cuando Beck sacó Sea Change, se encontró sin banda de apoyo para realizar su gira… Y podrán adivinar quiénes se ofrecieron para acompañarlo. Aquí una interpretación en vivo de “Little one” de Beck con los Flaming Lips como su banda de apoyo.

3. Los Flaming tocando “Yoshimi Battles The Pink Robots Part 1″ en Top of the Pops, entre botargas y… Justin Timberlake en el bajo.

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