Baúl de Long Plays

Febrero 25, 2007

Orhan Pamuk – Nieve

Archivado en: Reseñas — by staff @ 4:58 am

NieveNieve es una de las novelas más hermosas que he leído. En ella Orhan Pamuk, además de pintar un cuadro lo suficientemente grande como para introducirse en el drama político y religioso de Turquía, incluye interesantes acercamientos a los temas del amor y el arte.
Recuerdo una idea iluminadora que Pamuk ofrece en palabras de su protagonista, un poeta y supuesto periodista: “Ka me había dicho mucho antes que un buen poeta sólo tiene que girar alrededor de las poderosas verdades que encuentra ciertas pero en las que teme creer porque estropearían su poesía y que es precisamente la música oculta de aquellos giros lo que forma su arte”.
Como si fuera una síntesis de su propio giro, Nieve juega con la seducción de aludir más que señalar. De bosquejar, mas no de rematar. He ahí una de las mayores virtudes de la buena escritura: la sugerencia.
Y no me refiero sólo al fascinante hecho de que Pamuk considere más poderoso el no revelar explícitamente las líneas de los poemas de su protagonista, sino solamente las reconstrucciones memoriales de ellos; me refiero también al modo en que su acercamiento a la política turca lo cuida de caer en un compromiso ideológico entorpecedor. El golpe político más certero y doloroso es el que busca estar al margen de las ideologías.
Nieve narra el regreso de Ka, exiliado en Alemania, a su Turquía natal. Desde Estambul es enviado por un periódico a una lejana población fronteriza, Kars, donde el clima social se encuentra al rojo vivo: Hay una ola de suicidios de chicas islámicas a las que se les prohíbe llevar velo a las universidades, según las leyes turcas. Además, el partido islámico se encuentra a punto de ganar las elecciones locales. Al amparo de una tormenta de nieve que incomunica la ciudad por tres días, Pamuk configura tres jornadas frenéticas en las que islamistas, militares, laicos, kurdos, ex socialistas y supuestos terroristas enfrentan sus destinos ante la vista del confuso Ka, que lleva más de cuatro años sin escribir un solo verso, y repentinamente encuentra la inspiración perdida.
Una novela como Nieve evidentemente no podía pasar desapercibida por los grupos políticos de Turquía. El propio Pamuk cuenta acerca de la recepción de su texto en una entrevista de Miguel Ángel Villena, publicada por el suplemento “Babelia” de El País:

Mire, este libro no trata de soluciones. Le pondré un ejemplo más claro, este asunto del velo, que todavía es un problema muy grande en Turquía. Los periodistas turcos me preguntaban por el libro y me decían que yo había definido la postura política de todo el mundo intentando identificarme con todas las personas. Con las niñas, con los laicos, con la gente como Ka, etcétera. Así que me preguntaban: ¿cuál es tu punto de vista, cuál es la solución? Y mi respuesta es que este libro no pretende solucionar los problemas de Turquía o imponer soluciones a los problemas políticos de Turquía.
De lo que se trata en este libro es de comprender a la gente que ha quedado totalmente atrapada por estos problemas de laicismo, islamismo político, modernidad, tradición, amor a la familia y la imposición de una manera de pensar, vestir, hacer”.

Como más adelante explica Pamuk, el tema de la novela es político, mas no su fin. Se trata simplemente de una intensa descripción de la problemática turca a fines del siglo XX. Porque a diferencia de otros países como Irán o Arabia Saudita, donde religión y política son una misma materia bajo el amparo de la ley coránica, Turquía es un país laico. En 1923, al derrumbe del Imperio Otomano, el militar Mustafa Kemal Ataturk instauró la República Turca. Desde aquél momento, el país ha transitado un contrastante proceso de occidentalización dentro de una población eminentemente islámica. Y actualmente está a un paso de acceder a la Unión Europea.
Turquía, como frontera de oriente y occidente, es el gran tema de la literatura de Pamuk, como lo demuestra su más reciente libro: una autobiografía mezclada con las memorias de su ciudad natal: Estambul, ciudad y recuerdos, donde define el extraño sentimiento de amargura que produce, colectivamente, una ciudad que convive con las ruinas de un esplendor ya lejano: el Imperio Otomano. Un repaso muchas veces periodístico, como si se tratara del columnista Celal, cuyas ficticias columnas acompañan la trama de su mejor novela, en mi opinión, El libro negro.
Mientras que novelas de tinte histórico como El castillo blanco o Me llamo Rojo (donde también se aborda el contraste entre oriente y occidente) han determinado su éxito entre la crítica, Pamuk es también autor de una novela extraña y sumamente poética, La vida nueva, que parece llevar hasta la más profunda abstracción su búsqueda de la identidad turca, y su fascinación por otra gran dicotomía: la realidad y la escritura.
Fronterizo no sólo en lo geográfico sino también en lo cultural, puente de culturas, Turquía sigue en pie, caminando hacia el centenario de su legendaria unión entre laicismo político e Islam. Fronteriza así mismo, la escritura de Orhan Pamuk hurga en la música oculta que guarda su nación. Y de sus diferentes tonos, el más recomendable para introducirse al conjunto de su obra resulta Nieve.

Si el viajero que se sentaba junto a la ventana no hubiera estado tan cansado del viaje y hubiera prestado un poco más de atención a los enormes copos que descendían del cielo como plumas, quizá hubiera podido sentir la fuerte tormenta de nieve que se acercaba y quizá, comprendiendo desde el principio que había iniciado un viaje que cambiaría su vida, habría podido volver atrás.
Pero volver atrás era algo que ni se le pasaba por la cabeza en ese momento. Con la mirada clavada en el cielo, que se veía más luminoso que la tierra según caía la noche, no consideraba los copos cada vez más grandes que esparcía el viento como signos de un desastre que se aproximaba sino como señales de que por fin habían regresado la felicidad y la pureza de los días de su infancia. El viajero sentado junto a la ventana había vuelto a Estambul, la ciudad donde había vivido sus años de niñez y felicidad, una semana antes por primera vez después de doce años de ausencia a causa del fallecimiento de su madre; se había quedado allí cuatro días y había partido en aquél inesperado viaje a Kars. Sentía que la extraordinaria belleza de la nieve que caía le provocaba más alegría incluso que la visión de Estambul años después. Era poeta, y en un poema escrito años atrás y muy poco conocido por los lectores turcos había dicho que a lo largo de nuestra vida sólo nieva una vez en nuestros sueños…”.

de: Pamuk, Orhan. Nieve. México: Alfaguara. p. 11-12.

Beirut – Gulag Orkestar

Archivado en: Long Play's — by staff @ 4:42 am

Beirut - Gulag OrkestarZach Condon, chico de 19 años del lejano poblado de Albuquerque, Nuevo México. Después de vivir en Europa oriental, regresa a su pequeña ciudad americana, a grabar en su habitación un disco que conmocionó a la crítica: Gulag Orkestar, bajo el nombre de Beirut.
Sin embargo, ¿a qué suena Beirut? A una insólita revisión -y a la vez, una actualización- de la música de Europa oriental y los Balcanes. Zona gitana por excelencia. Región donde el islamismo, el cristianismo ortodoxo y el catolicismo conviven con nostalgia y a veces con violencia. A todo eso suena Beirut.
Canciones inteligentes, épicas, algunas veces fastuosas y otras veces más íntimas. “Prenzlauberg” casi nos hace imaginar las puertas de Brandenburgo, mientras que “Bratislava” sonaría sin problemas en cualquier plaza de toros. “Mount Wlroclai”, con su francesísimo acordeón, no habría estado para nada fuera lugar dentro de la banda sonora de “Amelie”, por no hablar de la bellísima ”Postcards from Italy”.
Gulag Orkestar es un disco difícil, y puede que a no todo mundo llegue a gustarle de entrada. A otros quizá les aburra después de media hora. La verdad es que es una grabación que toma tiempo, sobre todo si no se está familiarizado con la música europea más tradicional. Sin embargo, no cabe duda que Condon, a sus diecinueve, ha dado una gran lección de sensibilidad músical. Toda una revelación.
El texto que pone en el “About” de su myspace es más que sustancial, para mostrarnos a la perfección lo que significa hacer música con verdadera actitud en el siglo XXI:

“…a trumpet from Paris, farfisa organ, accordion, piano, ukelele, mandolin, glockenspiel, violin, cello, tambourine, The air powered organ I bought on twelth street, Congo drum donated from the neighbors….A broken microphone stolen from the university of new mexico…. premier LP Gulag Orkestar available now”

Febrero 20, 2007

M. Ward, Sufjan Stevens, Devendra Banhart

Archivado en: Long Play's — by staff @ 9:22 pm

Tres cantautores, tres trovadores del folk contemporáneo. Tres obras de culto. Ward, Stevens y Banhart bien podrían integrar una nueva generación norteamericana. Éste es el nuevo folk.

post war

Post war, de M. Ward

Matt Ward alguna vez tocó la guitarra con Bright Eyes en el programa de televisión Late Late Show. Eran los tiempos en que ambos jóvenes exponentes del folk/alt.country se encontraban unidos en su campaña Vote For Change, con un evidente tono anti-Bush. En un dado momento, Connor Oberst gritó “M Ward for president!”. Quizá la broma no esté tan fuera de lugar. Pero más allá de la política, a Ward se podría definir como uno de los cantautores más sólidos de la nueva escena. La ironía política empieza en el título y se desvanece –o atenúa- después: Post war es un disco simplemente hermoso.
Con el tema que da nombre al disco tenemos más que suficiente: la sutileza de la voz de Ward, los arreglos precisos y acompasados. Sin embargo, todos los tracks son una delicia para el escucha: la guitarra acústica impacta desde sus tonos más americana, más alt. country de “To go home” o “Right in the head”, hasta rozar el surf en la fabulosa “Neptune’s net” o el vodevil en “Rollercoaster”. Una colección de canciones memorables.

Ilinoise
Come on, feel the Ilinoise, de Sufjan Stevens

Autor de discos con villancicos navideños. Creador de un proyecto en el que, según él, grabará un disco para cada uno de los estados de la Unión Americana. La buena noticia es que, después de su inicial Michigan, este Ilinoise es sencillamente una obra maestra.
Desde su punto de partida (“Concerning the UFO…”) Stevens nos arroja una conmovedora y esperanzadora tonada al piano, que es sólo una pequeña probada de lo que vendrá a lo largo de éste extensísimo álbum: tracks que flotan entre himnos llenos de instrumentaciones festivas y coros infantiles, hasta las historias íntimas y acústicas coronadas por la dulce voz de Stevens, historias que nos transportan al pasado, mitología y geografía de uno de las regiones más representativas de Norteamérica. Me pregunto qué cosas sucederían si Sufjan Stevens tocara junto a Wayne Coyne en los Flaming Lips. Quizá el mundo no está preparado para tanta fantasía e imaginación musical, por no decir visual. Por lo pronto, títulos tan extensos y alucinados como “Riffs And Variations On A Single Note For Jelly Roll, Earl Hines, Louis Armstrong, Baby Dodds, And The King of Swing, To Name A Few” y canciones tan bellísimas como “Chicago” nos demuestran que aún hay gente que no para de soñar… y lo mejor de todo, de soñar haciendo música.

cripple crow
Criple Crow, de Devendra Banhart

Una vez leí en una reseña que planteaba la idea que de organizarse de nueva cuenta un Woodstock (un verdadero Woodstock, no el fraude lodoso del 94), Devendra Banhart debería estar al frente del cartel. Buenas razones no faltan, porque sí habría de definir lo que es ser post-hippie en pleno siglo XXI, pondría éste disco, que algunos pasados de lanza han definido como el Sgt. Pepper’s del folk.
Y es que Devendra, aunque estadounidense, reside en Venezuela, por lo que es capaz de recetarse tremendos temas acústicos con un sabor netamente latinoamericano, aunque su pobre español bien pareciera quedar en mera parodia.
Con todo, su música ha sido vinculada a la de clásicos trovadores latinoamericanos como el mismísimo Caetano Veloso. La comparación no es exagerada sino, antes bien, una sana vinculación entre movimientos que parecieran tener perspectivas diferentes pero que en la médula, cabe notarlo, vienen siendo lo mismo: esa recuperación de la canción popular, del cantar folclórico, de retornar a la tradición lírica y musical de la sociedad, sea sajona o latina.
Cripple Crow es toda una aventura de contrastes: selvática y urbana, psicodélica y folkie, acústica y eléctrica, latina y sajona, globalizada y local. Otro disco extenso pero enteramente disfrutable, lleno de momentos sorprendentes y cambios radicales.

Febrero 15, 2007

Los Dorados – Vientos del Norte

Archivado en: Long Play's — by staff @ 7:27 am

Vientos del Norte¿Por qué reseñar y recomendar a Los Dorados? Podría empezar con el regionalismo: Los Dorados son la banda de jazz qué más está dando de qué hablar en México. Demián Gálvez (guitarra) y Carlos Maldonado (contrabajo) son torreonenses. Rodrigo Barbosa (batería) es capitalino y Daniel Zlotnik (sax) argentino, lo cual convierte al combo en una mezcla más que interesante. Pero lo fundamental por supuesto que es la música.
Podría comenzar haciendo mención a lo seductor de sus temas, que se disfrutan como si fueran standards que hubieramos escuchado toda la vida. Una desbordada imaginación melódica enriquecida por una certera ejecucción; dando como resultado atmósferas que igual nos suenan antiquísimas como contemporáneas.Los Dorados
Uno de sus grandes aciertos es que Los Dorados se alejan de esa tendencia en el jazz contemporáneo a la deconstrucción armónica por medio de modos y escalas intrincadas y (a)compleja(da)s. No, el de Los Dorados es un jazz que conserva ese feelin’ al mero estilo del primer jazz modal de Miles Davis en su Kind of Blue, pasado por el filtro de décadas de melancolía en el rock alternativo. Y cabe notarlo, se agradece que Los Dorados dejen fuera cualquier cualquier intento de fusión latina, tan común en el trabajo del jazz en este lado del mundo. Lo cual no implica que no se atrevan a ejecutar abrasivas estructuras musicales como en el caso de la impresionante “Fantasmas”, o que Demián Gálvez no distorsione su guitarra en “Huellas”.
Pero si algo transita Vientos del norte de principio a fin, es una apacibilidad melancólica, un ambiente relajante, que va muy bien con la idea nostálgica del disco. La región de origen de Demián y Carlos marca la música de Los Dorados: plagada de olor a tolvaneras, calles y camellones con palmeras, estepas desérticas. El solo de contrabajo y sax en “Tregua” es lo suficientemente hermoso y desolador como para ambientar una mañana de cruda, mientras el aire fresco se cuela por la ventana y no podemos hacer nada más que beber en soledad un sorbo más de nuestro café.
Me permito citar una frase de José Jiménez-Ortiz acerca de este bandón: ”Mediante su santa y pura ejecución técnica, sus preciosos y precisos arreglos, y la frenética libertad mediante la cuál logran cambiar el rumbo de sus estructuras melódicas, Los Dorados logran hacer con cada una de sus canciones, un pequeño álbum perfectamente logrado”.

Febrero 7, 2007

Sean Lennon – Friendly Fire

Archivado en: Long Play's — by staff @ 6:27 am

friendly firePara Jessica

Quizá pocos se acuerdan ya, pero en 1998 el beautiful boy de Lennon padre lanzó su álbum debut (Into the sun) enmarcado por el potente single “Home”, lleno de ese feelin’ al mero estilo del Radiohead de The Bends, que oscila entre la suavidad y el estruendo. El resto del disco mantenía el espíritu alternativo de aquellos años, oscilando entre la influencia del bossa nova y el legado del post grunge.
Sin embargo, tras largos años de ausencia, Sean esta de vuelta con una joya pop bajo el brazo. ¿El pretexto? El cómo su novia por cuatro años, Bijou Philips, lo abandonó por su mejor amigo, Max Leroy, quien trágicamente falleció en un accidente de tránsito sin tiempo para haber hecho las paces con Lennon.
De ahí se desprende Friendly Fire, el disco que definitivamente llevo a Sean a los reflectores, tras su discreto debut. Y las razones saltan a la vista. Atrás quedaron las experimentaciones brasileñas, el estruendo de las guitarras distorsionadas y la vanguardia neoyorkina. Ahora la bandera es el pop, pero en el más fino y excelso sentido de la palabra. Pop con P mayúscula, de la misma estirpe de Belle & Sebastian, el primer Coldplay, o por qué no, los más iluminados trabajos de los propios Beatles.
Con la melancolía corroyendo cada uno de sus diez cortes, Friendly Fire da cauce a las obsesiones amorosas de Sean, enriquecidas por una fina estructura de guitarras acústicas, pianos y coros sesenteros. Puede que Friendly Fire no sea una obra maestra, pero canciones como “Wait for me”, “Parachute” (“Love is like an airplane, you jump and then you pray, the lucky ones remain in the clouds for days”), “Spectacle”, “Tomorrow” u “On again, Off again” son joyitas imposibles de ignorar; memorables cumbres cuya delicadeza y fino corte nos confirman que Sean lleva claramente la sangre beatle en sus venas. Un disco al que Lennon (padre) y McCartney darían completamente el visto bueno.
Pero no conforme con todo, el chico se lanzó a la tarea de filmar videos para cada uno de los cortes del disco, y ofrecerlos en un DVD anexo. Pero sentarse a analizar las dotes histriónicas de Lennon ya es harina de otro costal.

Febrero 6, 2007

Anthony and The Johnsons – I am a bird now

Archivado en: Long Play's — by staff @ 6:26 am

antony and the johnsonsAntony Hegarty, británico de nacimiento, creció en California, donde vio por primera vez a Boy George con Culture Club, momento que lo marcaría ante su recién descubierta homosexualidad.
Pero eso no importa, por ahora. Dos décadas después, y tras hacerse de fama en los bares de Nueva York, pudo concretar su sueño como cantante y editar su primer álbum, homónimo, en 1998. Pero es hasta el 2005, cuando I am a bird now sale a la venta, que llega el reconocimiento de la mano de un trabajo que aspira a ser un clásico.
¿Qué hace de I am a bird now un disco esplendoroso, delicado y profundamente conmovedor, a pesar de basarse sobre bases de baladas atemporales, soul y jazz? Sus canciones, su búsqueda de libertad. El delicado piano de Anthony, los certeros arreglos de cuerda y una discreta sección rítmica crean una atmósfera idónea para la aparición de su peculiar timbre de voz.
“Hope there’s someone” o “For today I am a boy” son joyas atemporales del pop contemporáneo, pero por si fuera poco, Anthony se rodea de dos de las mayores divas malditas de Nueva York: su adorado Boy George en la bellísima “You are my sister” y Lou Reed en la no menos estremecedora “Fitsful of love”. Además se apunta duetos con Rufus Wainwright y Devendra Banhart.
Anthony nos habla de una búsqueda personal, de libertad. “One day I’ll grow up, and be a beautiful woman, but for today I am a child, for today I am a boy”, dice, esperanzado, mientras que en un conmovedor encuentro con Boy George, se apuntan el uno al otro: “You are my sister, and I love you, may all of your dreams come true”. Sin embargo, la sombra de la soledad se cierne siempre, una soledad que se manifiesta crudamente cuando susurra con dolor: “Hope there’s someone who take care of me…”
I am a bird now es una obra impecable. Llena de soul, de sentimiento crooner, de minimalismo, una galería de hermosos matices. Quizá no sea ocioso apuntar que el disco fue premiado con el prestigioso Mercuy Prize (otorgado por una serie de críticos al mejor álbum británico) en el 2005, por encima de favoritos populares como Coldplay, Bloc Party o los Kaiser Chiefs.

He aquí el dueto de “You are my sister” de Anthony con Boy George, en vivo:

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