Si hay una banda contemporánea a la cual profeso un fanatismo profundo y sincero es Blur. Por eso me resulta toda una fiesta que Damon Albarn y Graham Coxon hayan decidio resolver sus diferencias y vuelvan a tocar este verano. Sería maravilloso verlos actuar en México, pero eso es harina de otro costal.
Ya en el año 2000 había lanzado Blur su primera recopilación, Blur:The Best of…, una colección de singles enmarcada por esa coqueta portada diseñada por Julian Opie. En este 2009, para celebrar su regreso a los escenarios, Blur despacha una nueva recopilación: Midlife, a beginner’s guide to Blur.
¿Qué es lo que hace esta nueva recopilación atrayente a los escuchas tanto doctos como no-iniciados en Blur? Su fascinante tracklist. En efecto, Midlife no se conforma, como su recopilación antecesora, en reunir singles; las verdaderas joyas están en las canciones ignoradas en el interior de los álbumes, pero de alto calibre.
Joyas ocultas como “Bugman”, “Strange news from another star”, “Popscene”, “He thought of cars” o “Battery in your leg” suenan fabulosas al lado de temas inmortales como “Girls & Boys” o “Song 2″.
Disco doble cien por ciento recomendable para los no iniciados en Blur, y para quienes -como yo- tienen ya todas estas canciones, la tarea es programar los mp3 en el orden que propone Midlife y recibirán una experiencia gratificante.
Siempre he sido muy fan de Natalia Lafourcade, por eso me resulta toda una celebración que su cuarto disco (segundo como solista vocal) salga a la luz finalmente.
Cada disco de la Lafourcade había estado marcado por una exigencia particular. Si en Natalia Lafourcade era demasiado notoria la presencia de un productor, en Casa se encontraba oculta detrás de La Forquetina, mientras que Las cuatro estaciones del amor resultó un proyecto alterno donde el verdadero protagonista es la Orquesta Sinfónica Juvenil del estado de Veracruz.
Da gusto escuchar este Hu hu hu donde Natalia Lafourcade suena a Natalia Lafourcade y a nada más. Un disco exquisito, de sonoridades sutiles, de texturas, con mucha influencia de músicos como Leslie Feist o Sufjan Stevens. Una delicia para los oídos.
Destaco temas como “Hu hu hu”, a dueto con Julieta Venegas, “Running too fast”, donde su voz recuerda demasiado a la etérea Joana Newsom, así como la increíble “Azul”. Quizá sus únicos puntos débiles sean los otros dos temas en inglés, donde Natalia suena limitada y acartonada en su pronunciación.
Hu hu hu es un disco notable, que demuestra que Natalia ha alcanzado su madurez y ha dejado muy atrás a su madrina Julieta Venegas y a la insufrible Ximena Sariñana. Bien por ella.
Entre tanta atención mediática hacia el fallecimiento de ese limitado poeta que es Mario Benedetti, nadie (ni yo mismo) puso atención en el fallecimiento de otra poeta uruguaya, Idea Vilariño, cuyos poemas me dio a leer mi amiga Jessica Nieto. Poemas de una exquisitez ensordecedora, construidos con las mismas palabras sencillas que hicieron famoso a Benedetti, pero de imágenes y resonancias más profundas y más hermosas. Sólo quiero colocar aquí un par de ellos, y un enlace para leer más de su obra.
Comparación
Como en la playa virgen
dobla el viento
el leve junco verde
que dibuja
un delicado círculo en la arena
así en mí
tu recuerdo.
Mediodía
Transparentes los aires, transparentes
la hoz de la mañana,
los blancos montes tibios, los gestos de las olas,
todo ese mar, todo ese mar que cumple
su profunda tarea,
el mar ensimismado,
el mar, a esa hora de miel en que el instinto
zumba como una abeja somnolienta…
Sol, amor, azucenas dilatadas, marinas,
Ramas rubias sensibles y tiernas como cuerpos,
vastas arenas pálidas.
Transparentes los aires, transparentes
las voces, el silencio.
A orillas del amor, del mar, de la mañana,
en la arena caliente, temblante de blancura,
cada uno es un fruto madurando su muerte.
Parece que a España y a los países de Latinoamérica ya se les olvidó lo que la palabra “independencia” significa. Hágame usted el favor. Ahora resulta…
Felipe González a América Latina: “Podemos hacer una muy buena tarea juntos”
El Rey, el presidente Zapatero y el ex mandatario intervienen en la presentación de la estrategia española para la conmemoración de los bicentenarios de las independencias en América Latina
AGENCIAS – Madrid – 11/05/2009
Un acto institucional ha reunido este lunes en la Casa de América a los Reyes, los Príncipes de Asturias, las principales figuras del Ejecutivo español, el ex presidente Felipe González y a los representantes de los países de Hispanoamérica que a partir de este año celebrarán los 200 años de la declaración de la independencia. Los oradores del encuentro han precisado el espíritu de la estrategia de España para la conmemoración de este aniversario, que puede ser resumido en una frase de la intervención de González: “Podemos hacer una muy buena tarea juntos”. Los aniversarios comienzan en Bolivia y Ecuador, prosiguen en 2010 en México, Argentina, Venezuela, Colombia y Chile, hasta culminar con las previstas en Centroamérica en 2021.
-De la nada, otro disco de Dylan.
-Claro, es muy bueno, pero no supera a Time out of mind (1997).
-Destaco su sonido cincuentoso, vintage, viejo, crudo.
-Y sobre todo el acordeón de David Hidalgo, aunque en algunas de las canciones me hace un poco de ruido, como en “My wife’s hometown”… ese blues rudo pedía a gritos una armónica.
-De nuevo cuenta vuelve a hacer mancuerna para las letras. Ahora con Robert Hunter.
-La portada es de antología (foto de Bruce Davidson).
-Está bien, es una obra sólida, presta a ser alabada por las críticas, Dylan sigue en buen nivel, pero otro disco así ya estaría de más. Como quiera el viejo siempre sabe cómo renovar el panorama. Eso de andar ya en su tercer aire ni los Stones lo han logrado.
-Siempre es gozozo un nuevo disco de Dylan.
Music is amazing. There’s some metaphysical comfort where it allows you to be isolated and alone while telling you that you are not alone… truly, the only cure for sadness is to share it with someone else.
Wayne Coyne
Esta cita del líder de los Flaming Lips es el epígrafe de uno de los libros más interesantes de análisis de la música pop contemporánea, Teen Spirit: De viaje por el pop independiente, que editó Mondadori en el 2003, con ensayos de los más reputados críticos musicales españoles.
Simplemente quería escribirla aquí, dejar patente su certeza y belleza, como cuando Cerati apunta en “Adiós”: “Pones canciones tristes para sentirte mejor…”
“Las personas que tarareaban sus versos en aquellos pueblos y veredas retirados de la Civilización, no lo habían visto a él ni en pintura. No sabían cómo era su rostro ni les interesaba. Pero reconocían en sus coplas el mejor correo posible, porque no les informaba sobre lo urgente – nada era urgente – sino sobre lo importante. Por eso las acogían aunque llegaran retrasadas: venían de muy lejos y conservaban el aroma de los montes. Quienquiera que fuera su autor, les estaba regalando ricas historias, contadas a la manera de las buenas crónicas periodísticas: historias completas, redondas, en las que había burla, deliciosos arcaísmos, apuntes sobre la suerte de las cosechas, regaños para bajarle los humos a algún aparecido, guiños a una mujer amada que hoy se llamaba Manuela y mañana María.
Conforme a la tradición, sus versos parecían destinados no más que a los compañeros de parranda y de labranza. Pero tenían tanta gracia melódica, tanta vitalidad narrativa, que a pesar de que no habían sido grabados aún, se extendieron de boca en boca, de manera espontánea, por toda la costa caribe colombiana. En las trochas malsanas de la región se desnucaban las bestias, se extraviaban los caminantes, y los versos seguían su marcha a lomo del viento, porque fueron hechos por uno de esos juglares auténticos que no necesitan fijar su voz en el papel para protegerla del olvido. Un juglar que no se dejó extinguir durante el tiempo en que permaneció a la zaga de su propio canto.”
En 1997, el sello Irdial Discs creó un box set que recopilaba infinidad de grabaciones de “number stations”, esas emisoras de onda corta de origen desconocido que se dedican a transmitir números y palabras en clave. Éstas se cree que son usadas por diferentes gobiernos para transmitir información a espías o embajadas.
The Conet Project, Recordings of Shortwave Numbers Stations, es el nombre de esta recopilación, donde enigmáticas voces femeninas o masculinas, en idiomas que van del ruso, al inglés, el chino o español, transmiten misteriosas series de números y palabras. La colección se puede escuchar y consultar en esta página del Internet Archive.
Jeff Tweddy, vocalista de Wilco, extrajo de una de esas grabaciones una voz femenina que pronuncia pausadamente las palabras Yankee – Hotel – Foxtrot. Una clave en alfabeto fonético para transmitir las letras Y-H-F. ¿Su significado? Desconocido. El hecho es que esta serie de tres palabras sirvió para nombrar la obra maestra de Wilco.
Wilco es una de esas bandas de alternativas extraídas de las oscuras filas del country contemporáneo independiente. El pasado de Tweddy se llama Uncle Tupelo, pero es bajo el nombre de Wilco que desplegó todo su talento e inventiva.
Yankee Hotel Foxtrot (2002) es una demostración de los alcances creativos del alt. country. Un álbum donde la claridad y la disonancia chocan, donde melodía y ruido se conjuntan y van de la mano. Las guitarras acústicas se mantienen, los pianos siguen vibrando, el pedal steel y los violines engalanan “Jesus Etc”, pero el ruido, la estática y los riffs electrónicos configuran un nuevo background.
Grabado entre cambios y discusiones entre los miembros de la banda y los productores (existe incluso un documental al respecto, I am trying to breake your heart), el resultado fue un disco alabado por la crítica, al que siguió una especie de continuación, más pop, bajo el nombre de A ghost is born, también de alto calibre.
Según Luis Martín, en su investigación Raíces de la música regional de Nuevo León, la primera vez que el público de Monterrey disfrutó y gozó de polkas, redowas y schottises, fue con las bandas belgas y francesas venidas con la Intervención, en la plaza Zaragoza. Corrían los años sesenta del siglo XIX.
A la partida de las tropas de la intervención el gusto por estos bailes europeos se mantuvo entre la población del estado, eminentemente rural, asimilándose con los boleros, corridos, huapangos y rancheras tan representativas en muchas partes de México.
Es a finales del siglo XIX y principios del XX cuando surge el matrimonio entre bajosexto y acordeón, dos instrumentos musicales que sólo son típicos y tradicionales en el noreste mexicano. La mesa estaba puesta y los ingredientes listos para el gran estallido norteño.
Los años treinta, cuarenta y cincuenta trajeron esta primera oleada de norteñidad musical. El auge de la radio y los discos de vinil grabados en Monterrey y San Antonio, Texas hicieron de grupos como los Montañeses del Álamo y los Alegres de Terán las primeras referencias del género.
A finales de los años sesenta y principios de los setenta vino la consolidación con clásicos como los Relámpagos del Norte de Cornelio Reyna y Ramón Ayala, los Cadetes de Linares de Homero Guerrero y Lupe Tijerina, así como los Invasores de Nuevo León de Lalo Mora. Por no hablar de un background de trovadores como el legendario Julián Garza “El Viejo Paulino”, que luego saltaría a los escenarios con su hermano Luis, en el dueto Luis y Julián.
El norteño continúa su trayecto histórico, evolucionando y transformándose. El surgimiento del estilo “tejano”, las mezclas con pop y cumbia, así como la fina sofisticación que grupos como Intocable y Pesado han imprimido al género, son detalles que no pueden pasar de largo.
Pero volviendo al old school norteño, podríamos distinguir una breve guía de ritmos y estilos, que en gran medida se han perdido en la práctica contemporánea y “comercial”, pero que siguen siendo la base del trabajo de las superbands del género.
Polka – El compás 2/4 de la polka sigue siendo una referencia rítmica ineludible en el norteño actual. Su origen, evidentemente, se encuentra en el alegre baile europeo del mismo nombre. Aquí una polka tradicional con los Cadetes de Linares, con el neoleonísimo título “De Ramones a Los Algodones”.
Redova – La rítmica de la redova (y su origen en la redowa europea), con su festivo compás 3/4, implica una mayor reto al virtuosismo del acordeonista. Sin embargo, es un estilo en desuso. Aquí una redova norteña con los Alegres de Terán: “De China a Bravo”.
Chotís - El chotís y su característico compás proviene del schottis presente en numerosos lugares del Viejo Continente, aunque considerado de origen escocés. Prácticamente extinto, es de notar, sin embargo, que este baile europeo tuviera una presencia fuerte y popular en el norte. Aquí quizá el chotís más clásico de la región: “Monterrey de mis amores”:
Estos tres géneros representan el estrato europeo-dancístico. Y aunque de ellos la rítmica de la polca es la que con más fuerza pervive en la práctica contemporánea, hay que ahora notar las influencias más tradicionalmente “mexicanas” del norteño:
Huapango – Con este nombre se distinguen toda una serie de sones, jarabes y huapangos con una cierta concordancia rítmica que fueron asimilados en la música regional. A pesar de que es difícil que las nuevas bandas aborden el huapango norteño, algunas piezas tradicionales interpretadas por los Cadetes o los Invasores siguen siendo constantemente programadas en antros, fiestas y eventos. ¡Aguas con saber cómo zapatear antes de sacar a bailar a una fémina! Aquí un tradicional huapango con los Cadetes: “El fronterizo”. (Nótese el matón solo de bajosexto de don Homero Guerrero.)
Bolero – El bolero es uno de los genereos populares y generosos por excelencia. Emigró de Cuba, primero a Yucatán y después al resto de México a mediados del siglo XX, trayendo consigo una época dorada de tríos y romanticismo. El norte no podía ser ajeno a ello, y creo un modo muy especial de abordarlo con bajosexto y acordeón. Boleros norteños hay por montones, así que incluiré sólo uno de mis favoritos: “Una página más”, de los Cadetes de Linares.
Corrido - En torno al corrido existen ensayos, libros, estudios y miles y miles de páginas. El corrido, con sus antiquísimas raíces en las gestas medievales españolas, y presente en casi todo México, es parte indispensable y fundamental de la música norteña, donde tomó un carisma de bandidos, pistoleros, y luego de narcotraficantes. Aquí uno de los más clásicos (incluso mencionado en otros corridos), “Gerardo González”, de Ramón Ayala:
En plena invasión británica, en 1965, muy pocos pusieron atención al primer sencillo de The Zombies, “She’s not there”, que apenas trascendió en las listas de popularidad como un hit menor. Y mientras los Beatles, los Stones y los Kinks hacían temblar los charts, Colin Blunstone (voz), Rod Argent (teclados), Paul Atkins (guitarra), Chris White (bajo) y Hugh Grundy (batería) disfrutaban haciendo de una música igual o más de exquisita que los propios Beatles o los Beach Boys.
Los Zombies grabaron en 1967 Odessey & Oracle, álbum que en Inglaterra apareció al año siguiente y cayó en el olvido. Sería hasta 1969 que los DJ’s americanos descubrieran el disco y programaran hasta el cansancio “Time of the season”, que se convirtió en un hit de aquél lado del charco. Para ese momento los Zombies ya no existían.
Odessey & Oracle es una de las joyas más desconocidas de los sesenta. Un disco de una belleza soberbia, delicada, festiva. Un pop fantástico que se demuestra en tracks de altos vuelos como “A rose for Emily”, “Maybe after he’s gone” o “Beechwood Park”, por no hablar de ese clásico sesentero que es “Time of the season”, donde el órgano de Argent genera más psicodelia que los Beatles y Pink Floyd con toda su extensa instrumentación.
Si me preguntan por mi top 3 de los discos más bellos de los sesenta, no lo dudo ni un instante: Sgt. Pepper’s de los Beatles, Pet Sounds de los Beach Boys y Odessey & Oracle de los Zombies.
UNO / Hablar de Radiohead implica dejar a un lado el tono neutro y periodístico con que suelo abordar estos asuntos. Es remontarme mucho tiempo atrás, es hablar por mí mismo. Recuerdo la noche del 24 de diciembre de 1998, cuando puse por primera vez el CD de Ok computer en el reproductor de mi estéreo. Difícil sería describir todas las sensaciones que vinieron a mi cabeza. Escuchar por primera vez el final de “Karma police” fue una experiencia estremecedora. Estaba en tercero de secundaria. No recuerdo cuántas veces he repasado ese disco, con audífonos, detectando cada sonido, cada riff, cada armonía, cada detalle. Todavía podría hacerlo y encontrar un mundo en cada uno de los tracks.
DOS / Lunes 16 de marzo de 2009. “Exit music (For a film)”. El Foro Sol por primera vez puede estar en silencio, y podemos detectar con claridad los sonidos de uno de los temas más estremecedores de Ok computer. A media canción a Jonny Greenwood se le revienta una cuerda de su Fender Telecaster, con un repentino ruido disonante. Thom Yorke hace una pausa. “Whithout that”, dice, volteando a ver a Jonny. Hace una pausa de un compás y retoma la canción. El Foro aplaude. Avanza el tema, pero un ruido del bajo de Colin Greenwood saca de concentración a todos. Pausa. Yorke sigue rasgando su guitarra acústica y empieza de nuevo: “Wake, from your sleep…”. Locura total. Pero pocos segundos más adelante es su propia acústica la que falla. También una cuerda parece reventarse. Pausa. Diálogo. “To the next song”, apunta Yorke ante la queja del auditorio. “Bodysnatchers” se presenta enseguida.
Me contaron de que alguien en gradas gritó: “¡A ensayar a su casa!”. A mí simplemente me parece lo más bello que puede suceder. Una demostración de que, al final, Radiohead no son más que cinco seres humanos, arriba de un escenario, haciendo algo eminentemente humano, en lo cual siempre se puede fallar. En ocasiones la imperfección es el gesto más artístico y más hermoso que uno puede otorgar.
TRES / De una experiencia así de espiritual uno puede apuntar demasiadas cosas, demasiadas. Mi parte objetiva coincide en muchas cosas que hablé con mis amigos, como de que el sonido no tenía la suficiente potencia para acallar la voz del público, y la visibilidad evidentemente fue baja o nula para muchos, además de la amenaza de lluvia que al final no cayó. Pero la realidad es otra, la realidad es que ver a Radiohead representa una experiencia más allá de cualquier concierto, por el significado de su música en nuestras vidas, la sorpresa que representaba cada nuevo disco; yo no tengo miedo en afirmar que Ok computer es el Sgt. Pepper’s de mi generación, y me hace feliz haber vivido el momento, aquéllos días de finales de los noventa en que uno se despertaba en MTV con “No surprises”, aquellos años de radicalidad con Kid A en la nueva década. Tiempos que inevitablemente se quedarán guardados. Las sorpresas: “Talk show host”, que jamás esperaba, lado B incluido en el soundtrack de Romeo + Juliet, “How to dissappear completely”, “Kid A”, “The bends” y “You and whose army?”. Por supuesto, hubiera dado todo por ir el domingo y haber escuchado “No surprises”, “Fake plastic tres” y “Just”. Pero la satisfacción es absoluta.
CUATRO / Hablar de “Creep” es difícil; es un tema tan controversial para los fanáticos de Radiohead que es raro llegar a un acuerdo. El “Creep” que mil veces tocamos en nuestras bandas de la prepa. El “Creep” por el que muchos sólo conocen a Radiohead. El “Creep” maldito, el “Creep” prohibido; pero también el “Creep” deseado.
Al entrar al Foro Sol uno está mentalizado de que “Creep” no aparecerá. Desde la gira de Ok computer dejó de aparecer en los setlists de Radiohead y sólo en algunas ocasiones especiales la interpretan. Ocasiones especiales como visitar México después de quince años.
A pesar de no esperar tal canción, el que Radiohead interpretara “Creep” es un gesto noble, amable, amistoso, profundo. Nos guste o no, la odiemos o no, “Creep” significó ese “algo más”, una suerte de gentil disculpa por tantos años de ausencia. Y para quienes creímos que jamás escucharíamos, estando presentes, esa canción interpretada por Radiohead, fue una especie de deseo oculto concedido. Con “Creep”, Radiohead incluyó en el concierto canciones de cada uno de sus siete discos de estudio.
CINCO / No matter what happens now, sure I won’t be afraid, ‘cos I know today has been the most perfect day I’ve ever seen… (Radiohead, “Videotape”, In Rainbows, 2007)
Me, my thoughts are flower strewn
ocean storm, bayberry moon.
I have got to leave to find my way.
Watch the road and memorize
this life that pass before my eyes.
Nothing is going my way.
The ocean is the river’s goal,
a need to leave the water knows
We’re closer now than light years to go.
I have got to find the river,
bergamot and vetiver
run through my head and fall away.
Leave the road and memorize
this life that pass before my eyes.
Nothing is going my way.
Automatic for the people (1992) es uno de los discos más exquisitos de los noventa. Obra maestra de REM (aunque otros prefieran el irregular Out of time -1991-, donde viene su megahit “Losing my religion”), es una maravillosa y delicada colección de canciones plenas de guitarras acústicas y atmósferas eneverantes. REM trazó con este material un disco que lleva hasta su máxima consecuencia un estilo forjado con retazos del rock alternativo, alternative country y el luminoso pop sesentero. Un disco para escucharse con audífonos y los ojos cerrados.
El papel de la “viuda más famosa del rock” hace que la obra artística de Yoko Ono no sea valorada en su justa dimensión.
La realidad es que Yoko resulta una de las pioneras del arte conceptual, desde los años sesenta. La simpleza serena y delicada de algunas de sus piezas contrasta con el escándalo mediático de sus bed-ins con Lennon durante los turbios años de la desintegración de los Beatles.
Cabe mencionar, por ejemplo, aquella escalera con una lupa que Lennon escaló para descubrir un minúsculo “Yes” escrito en el techo, o sus “wish trees” que le dan la vuelta al mundo.
Me quedo con su bellísima instalación de toscos ataúdes de madera, de cuyo interior emergen verdes rámas de árboles. Ex It:
La portada de esta edición de El libro negro es ensordecedoramente bella. Supera, con creces, la portada de la edición Alfaguara.
Nota de la página de Mondadori:
«Un día la hermosa mujer de un hombre que la quería muchísimo lo abandonó. Él empezó a buscarla. Allá donde fuera por la ciudad encontraba su rastro pero no a ella…» Así cuenta su caso Galip, un joven abogado que vive en Estambul y quiere reencontrarse con Rüya, su esposa y prima. Sospecha que ha huido con otro hombre, con un hombre que bien podría ser alguien muy cercano, casi tan cercano como su propio hermanastro, Celâ, un periodista excéntrico que también ha desaparecido. En su persecución alucinada, Galip recorre día y noche las calles de un Estambul real y fabuloso que alberga en cada esquina una historia secreta, y donde todas las pistas, como si fueran cajas chinas, esconden nuevos misterios. Pero cuando Galip da su paso más audaz y asume la identidad de Celâ, ignora el riesgo al que se expone. Porque hay juegos que desembocan en crímenes inesperados. El libro negro es una novela policíaca, tan espectacular como poco convencional, donde la investigación se centra en la identidad y la escritura. Con esta obra, que en Turquía se convirtió a la vez en lectura de culto y de masas, Orhan Pamuk se consagró como uno de los maestros actuales de la literatura mundial.
Para nadie es desconocido que las primeras canciones de Bob Dylan no eran del todo “originales”. Muchas veces tomaba melodías o extractos de canciones tradicionales para sobreponerle sus letras. Con todo, su segundo álbum, The freewheelin’ Bob Dylan, es el despliegue de toda su imaginería poética, sobre todo en la épica “A hard rain is a-gonna fall”.
Con todo, he aquí el recuento de las canciones tradicionales que sirvieron de inspiración para algunos de los temas de The freewheelin’…
Para 1970 los Beatles ya no existían, aunque Let it be estaba apenas por llegar a los anaqueles. En complemento, 1970 fue el año de sus primeros discos como solistas. John Lennon y George Harrison ya habían lanzado algunos trabajos de música experimental, pero es en 1970 cuando ven la luz las canciones de John Lennon / Plastic Ono Band y de All things must pass. En ese mismo año Ringo despachó Sentimental Journey con todo su sentimiento crooner, y Paul grabó por sí solo todo el material de su mediocre McCartney.
En este panorama, All things must pass destaca como una obra que todavía falta ser valorada en su justa dimensión. Una exquisita colección de canciones en disco doble (más su curioso extra, el Apple Jack), que muestra el contenido potencial del buen George, siempre a la sombra de Lennon y McCartnety.
Escuchando la remasterización (con bonus tracks) que hizo el propio George con su hijo Dhani en el 2001 no podemos más que dejarnos llevar por la fina belleza de “Beware of darkness”, “Isn’t it a pity” o la propia “All things must pass”, por no hablar del fabuloso cóver a “If not for you” de Bob Dylan, con quien George co-escribió la abridora “I’d have you anytime”.
Y qué decir de ese tema no incluído en el disco originalmente, pero rescatado para la edición: “I live for you”, con ese increíble solo de pedal steel, por no hablar de la nueva versión a “My sweet Lord”.
All things must pass muestra el valor y la creatividad de George Harrison en su mejor momento, a pesar del wall of sound con que Phil Spector vistió la producción. Debajo del eco, de las guitarras sobregrabadas, están las mejores canciones del ex-beatle, y eso es lo importante.
Portada de la nueva novela de Orhan Pamuk, Masumiyet Müzesi, en su edición turca. Bellísima imagen, aunque es probable que no sea respetada para cuando Mondadori edite la novela en español.
Nadine Labaki es una directora ya famosa por su trabajo en la industria árabe del video, de ese exótico arab-pop libanés que uno puede disfrutar en las pantallas del restaurant Beirut del centro de San Pedro, fumando shisha y bebiendo delicioso café turco (fin del comercial).
Originaria precisamente de la capital de Líbano, es luminoso destacar la dedicatoria que Nadine hace de su primer largometraje de ficción, سكر بنات Sukkar banat, (Caramelo), “a mi Beirut”.
Y es que más allá del tópico recurrente de los conflictos entre libaneses e israelitas en Medio Oriente, la cinta de Labaki es una oda gozoza a la vida diaria de tantas personas en su ciudad. Las historias de cinco mujeres se entrecruzan en un salón de belleza, donde la soledad, el amor, el miedo a envejecer y el conflicto con los cánones sociales se desenvuelven en una atmósfera que no poco le debe al más exquisito cine europeo. (Almodóvar es una referencia ineludible.)
Femenina, sencilla y conmovedora, Caramelo es una de esas películas que, sin pretensiones de crear una obra maestra, saben tocar el corazón de manera inmediata.