¿Estará en pantallas mexicanas?

Olvídese usted por un momento de los boleros y corridos de los Cadetes de Linares, este disco es una joya absoluta, donde don Homero Guerrero y don Lupe Tijerina arremeten con su repertorio instrumental para sacar polvo al piso.

Polkas, redovas, huapangos y hasta un chotís se incluyen en Zapatellenle con los Cadetes de Linares, donde el acordeón guarda un gusto todavía muy germánico, y donde nos topamos de frente con canciones que nos hablan del pasado ya un poco remoto de la música norteña.

Lo encontré en este blog.

Ah, Monterrey y su verdadero rostro: “Allí donde la puta, el califa y el maricón / se deslizan orgullosos de su techo de estrellas”. Monterrey real, que en las noche se vuelca en el paraíso de los téibols, las cantinas y los arrabales. “Porque mis días se han levantado contra una ciudad enjoyada de mendigos…”

Me refiero al citadísimo y epigrafeado “Nocturno de la Calzada Madero”, publicado por Samuel Noyola en su libro Nadar sabe mi llama editado por la SEP en 1986.

Nocturno de la Calzada Madero

Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo
aunque es de noche

San Juan de la Cruz

A Roberto Vallarino

No le temo a los perros que me saludan
en el fondo de la noche
como niños hambrientos de luna,
con aullidos de alucinante sombra
y enamorado viento de las esquinas.
Porque mis días se han levantado
contra una ciudad enjoyada de mendigos,
circos donde la razón atraviesa aros de fuego
pirámides con sacerdotes adorando la cifra y el puñal.
Y donde ciertas desnudeces de cantera
-imitadoras del pulso de Miguel Ángel-
se alzan virtuosas de muslos y de pechos
en el centro de la plaza pública,
pero con una mueca de asombrada Medusa
ya vuelta piedra por el destello del espejo
arrullado por el terror, transparente
como la respiración de los ciudadanos,
cuando corre un alcohol dividiendo la sangre
de otras ninfas de cintura anochecida.
Y donde los frutos de un follaje centenario
altos y eléctricos
se debaten
como galeón anclado por un tonelaje de peste
contra el aire podrido de fábricas y tubos oxidados,
cuando ya silba el maguey de filosa punta
-violenta ceniza desde la orilla del siglo-
por los desiertos del norte:
helado y sonoro monzón de la sierra
hinchando la carpa de una comedia desconocida.

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cardenche5

UNO: La estrella del norte / llave del mundo

“…en realidad nosotros aprendimos porque oíamos a los anteriores y les pedimos que nos enseñaran de lo que ellos sabían, pero no nos enseñaron todo, no alcanzaron, pero ahí fue cómo aprendimos nosotros…”

Don Lupe Salazar dice esto con su voz grave y pausada, y luego toma un respiro afuera de una casa en Sapioriz, Durango. El sol de abril golpea con fuerza las calles sin pavimentar de este ejido de la Comarca Lagunera, lugar donde todavía se respira un aroma a tradiciones. Se trata del último reducto de la canción cardenche.

Este recóndito rincón del norte de México es guardián de los últimos cantantes de un estilo musical campesino que carece por completo de acompañamiento instrumental. Se trata de un canto polifónico, a tres voces, con largas pausas que se intercalan en el fraseo musical. Un canto surgido de las largas horas de sol en las haciendas de La Laguna, que ahora lucha contra la desaparición.

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fid1En los campos del dolor

Al inicio de su documental El Niño Fidencio, taumaturgo de Espinazo, Nicolás Echeverría ofrece una imagen que pareciera resumir toda la carga simbólica del peregrinaje, del viaje en busca de la redención. Tras un cambio en las señales, el tren arriba a Espinazo. Es octubre, a principios de los años ochenta, y de aquellos vagones color verde olivo, y de sus ventanas, caen bultos y paquetes con el equipaje de los fieles. Con ello se inicia el recorrido hasta la tumba del Niño Fidencio, santo popular del norte de México, centro de una religión cuyo santuario se encuentra en la frontera de Nuevo León con Coahuila. En el mero centro de un triángulo imaginario cuyos vértices serían Saltillo, Monclova y Monterrey.

Ahora es octubre de 2008 y por las vías que cruzan Espinazo sigue transitando el ferrocarril, que ya sólo transporta carga: materiales, automóviles, maquinaria. De aquella activa estación de tren sólo quedan ruinas. A los lados de las vías la gente acampa. Se instalan en torno a sus trocas para prender fogatas. Los niños arrojan piedras a los vagones que pasan lenta y perezosamente.

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Blur – Midlife

blur

Si hay una banda contemporánea a la cual profeso un fanatismo profundo y sincero es  Blur. Por eso me resulta toda una fiesta que Damon Albarn y Graham Coxon hayan decidio resolver sus diferencias y vuelvan a tocar este verano. Sería maravilloso verlos actuar en México, pero eso es harina de otro costal.

Ya en el año 2000 había lanzado Blur su primera recopilación, Blur: The Best of…, una colección de singles enmarcada por esa coqueta portada diseñada por Julian Opie. En este 2009, para celebrar su regreso a los escenarios, Blur despacha una nueva recopilación: Midlife, a beginner’s guide to Blur.

¿Qué es lo que hace esta nueva recopilación atrayente a los escuchas tanto doctos como no-iniciados en Blur? Su fascinante tracklist. En efecto, Midlife no se conforma, como su recopilación antecesora, en reunir singles; las verdaderas joyas están en las canciones ignoradas en el interior de los álbumes, pero de alto calibre.

Joyas ocultas como “Bugman”, “Strange news from another star”, “Popscene”, “He thought of cars” o “Battery in your leg” suenan fabulosas al lado de temas inmortales como “Girls & Boys” o “Song 2″.

Disco doble cien por ciento recomendable para los no iniciados en Blur, y para quienes -como yo- tienen ya todas estas canciones, la tarea es programar los mp3 en el orden que propone Midlife y recibirán una experiencia gratificante.

hu hu hu

Siempre he sido muy fan de Natalia Lafourcade, por eso me resulta toda una celebración que su cuarto disco (segundo como solista vocal) salga a la luz finalmente.

Cada disco de la Lafourcade había estado marcado por una exigencia particular. Si en Natalia Lafourcade era demasiado notoria la presencia de un productor, en Casa se encontraba oculta detrás de La Forquetina, mientras que Las cuatro estaciones del amor resultó un proyecto alterno donde el verdadero protagonista es la Orquesta Sinfónica Juvenil del estado de Veracruz.

Da gusto escuchar este Hu hu hu donde Natalia Lafourcade suena a Natalia Lafourcade y a nada más. Un disco exquisito, de sonoridades sutiles, de texturas, con mucha influencia de músicos como Leslie Feist o Sufjan Stevens. Una delicia para los oídos.

Destaco temas como “Hu hu hu”, a dueto con Julieta Venegas, “Running too fast”, donde su voz recuerda demasiado a la etérea Joana Newsom, así como la increíble “Azul”.  Quizá sus únicos puntos débiles sean los otros dos temas en inglés, donde Natalia suena limitada y acartonada en su pronunciación.

Hu hu hu es un disco notable, que demuestra que Natalia ha alcanzado su madurez y ha dejado muy atrás a su madrina Julieta Venegas y a la insufrible Ximena Sariñana. Bien por ella.

Idea Vilariño

Entre tanta atención mediática hacia el fallecimiento de ese limitado poeta que es Mario Benedetti, nadie (ni yo mismo) puso atención en el fallecimiento de otra poeta uruguaya, Idea Vilariño, cuyos poemas me dio a leer mi amiga Jessica Nieto. Poemas de una exquisitez ensordecedora, construidos con las mismas palabras sencillas que hicieron famoso a Benedetti, pero de imágenes y resonancias más profundas y más hermosas. Sólo quiero colocar aquí un par de ellos, y un enlace para leer más de su obra.

Comparación

Como en la playa virgen
dobla el viento
el leve junco verde
que dibuja
un delicado círculo en la arena
así en mí
tu recuerdo.

Mediodía

Transparentes los aires, transparentes
la hoz de la mañana,
los blancos montes tibios, los gestos de las olas,
todo ese mar, todo ese mar que cumple
su profunda tarea,
el mar ensimismado,
el mar, a esa hora de miel en que el instinto
zumba como una abeja somnolienta…
Sol, amor, azucenas dilatadas, marinas,
Ramas rubias sensibles y tiernas como cuerpos,
vastas arenas pálidas.
Transparentes los aires, transparentes
las voces, el silencio.
A orillas del amor, del mar, de la mañana,
en la arena caliente, temblante de blancura,
cada uno es un fruto madurando su muerte.

together

-De la nada, otro disco de Dylan.
-Claro, es muy bueno, pero no supera a Time out of mind (1997).
-Destaco su sonido cincuentoso, vintage, viejo, crudo.
-Y sobre todo el acordeón de David Hidalgo, aunque en algunas de las canciones me hace un poco de ruido, como en “My wife’s hometown”… ese blues rudo pedía a gritos una armónica.
-De nuevo cuenta vuelve a hacer mancuerna para las letras. Ahora con Robert Hunter.
-La portada es de antología (foto de Bruce Davidson).
-Está bien, es una obra sólida, presta a ser alabada por las críticas, Dylan sigue en buen nivel, pero otro disco así ya estaría de más. Como quiera el viejo siempre sabe cómo renovar el panorama. Eso de andar ya en su tercer aire ni los Stones lo han logrado.
-Siempre es gozozo un nuevo disco de Dylan.

Emiliano Zuleta

“Las personas que tarareaban sus versos en aquellos pueblos y veredas retirados de la Civilización, no lo habían visto a él ni en pintura. No sabían cómo era su rostro ni les interesaba. Pero reconocían en sus coplas el mejor correo posible, porque no les informaba sobre lo urgente – nada era urgente – sino sobre lo importante. Por eso las acogían aunque llegaran retrasadas: venían de muy lejos y conservaban el aroma de los montes. Quienquiera que fuera su autor, les estaba regalando ricas historias, contadas a la manera de las buenas crónicas periodísticas: historias completas, redondas, en las que había burla, deliciosos arcaísmos, apuntes sobre la suerte de las cosechas, regaños para bajarle los humos a algún aparecido, guiños a una mujer amada que hoy se llamaba Manuela y mañana María.
Conforme a la tradición, sus versos parecían destinados no más que a los compañeros de parranda y de labranza. Pero tenían tanta gracia melódica, tanta vitalidad narrativa, que a pesar de que no habían sido grabados aún, se extendieron de boca en boca, de manera espontánea, por toda la costa caribe colombiana. En las trochas malsanas de la región se desnucaban las bestias, se extraviaban los caminantes, y los versos seguían su marcha a lomo del viento, porque fueron hechos por uno de esos juglares auténticos que no necesitan fijar su voz en el papel para protegerla del olvido. Un juglar que no se dejó extinguir durante el tiempo en que permaneció a la zaga de su propio canto.”

Alberto Salcedo Ramos, “El testamento del viejo Mile”. (Link al PDF dentro de la página de la Fundación Nuevo Periodismo)

yankee

En 1997, el sello Irdial Discs creó un box set que recopilaba infinidad de grabaciones de “number stations”, esas emisoras de onda corta de origen desconocido que se dedican a transmitir números y palabras en clave. Éstas se cree que son usadas por diferentes gobiernos para transmitir información a espías o embajadas.

The Conet Project, Recordings of Shortwave Numbers Stations, es el nombre de esta recopilación, donde enigmáticas voces femeninas o masculinas, en idiomas que van del ruso, al inglés, el chino o español, transmiten misteriosas series de números y palabras.  La colección se puede escuchar y consultar en esta página del Internet Archive.

Jeff Tweddy, vocalista de Wilco, extrajo de una de esas grabaciones una voz femenina que pronuncia pausadamente las palabras Yankee – Hotel – Foxtrot. Una clave en alfabeto fonético para transmitir las letras Y-H-F. ¿Su significado? Desconocido. El hecho es que esta serie de tres palabras sirvió para nombrar la obra maestra de Wilco.

Wilco es una de esas bandas de alternativas extraídas de las oscuras filas del country contemporáneo independiente. El pasado de Tweddy se llama Uncle Tupelo, pero es bajo el nombre de Wilco que desplegó todo su talento e inventiva.

Yankee Hotel Foxtrot  (2002) es una demostración de los alcances creativos del alt. country. Un álbum donde la claridad y la disonancia chocan, donde melodía y ruido se conjuntan y van de la mano.  Las guitarras acústicas se mantienen, los pianos siguen vibrando, el pedal steel y los violines engalanan “Jesus Etc”, pero el ruido, la estática y los riffs electrónicos configuran un nuevo background.

Grabado entre cambios y discusiones entre los miembros de la banda y los productores (existe incluso un documental al respecto, I am trying to breake your heart), el resultado fue un disco alabado por la crítica, al que siguió una especie de continuación, más pop, bajo el nombre de A ghost is born, también de alto calibre.

odd

En plena invasión británica, en 1965, muy pocos pusieron atención al primer sencillo de The Zombies, “She’s not there”, que apenas trascendió en las listas de popularidad como un hit menor. Y mientras los Beatles, los Stones y los Kinks hacían temblar los charts, Colin Blunstone (voz), Rod Argent (teclados), Paul Atkins (guitarra), Chris White (bajo) y  Hugh Grundy (batería) disfrutaban haciendo de una música igual o más de exquisita que los propios Beatles o los Beach Boys.

Los Zombies grabaron en 1967 Odessey & Oracle, álbum que en Inglaterra apareció al año siguiente y cayó en el olvido. Sería hasta 1969 que los DJ’s americanos descubrieran el disco y programaran hasta el cansancio “Time of the season”, que se convirtió en un hit de aquél lado del charco. Para ese momento los Zombies ya no existían.

Odessey & Oracle es una de las joyas más desconocidas de los sesenta. Un disco de una belleza soberbia, delicada, festiva. Un pop fantástico que se demuestra en tracks de altos vuelos como “A rose for Emily”, “Maybe after he’s gone” o “Beechwood Park”, por no hablar de ese clásico sesentero que es “Time of the season”, donde el órgano de Argent genera más psicodelia que los Beatles y Pink Floyd con toda su extensa instrumentación.

Si me preguntan por mi top 3 de los discos más bellos de los sesenta, no lo dudo ni un instante: Sgt. Pepper’s de los Beatles, Pet Sounds de los Beach Boys y Odessey & Oracle de los Zombies.

zombies

Radiohead

rh

UNO / Hablar de Radiohead implica dejar a un lado el tono neutro y periodístico con que suelo abordar estos asuntos. Es remontarme mucho tiempo atrás, es hablar por mí mismo. Recuerdo la noche del 24 de diciembre de 1998, cuando puse por primera vez el CD de Ok computer en el reproductor de mi estéreo. Difícil sería describir todas las sensaciones que vinieron a mi cabeza. Escuchar por primera vez el final de “Karma police” fue una experiencia estremecedora. Estaba en tercero de secundaria. No recuerdo cuántas veces he repasado ese disco, con audífonos, detectando cada sonido, cada riff, cada armonía, cada detalle. Todavía podría hacerlo y encontrar un mundo en cada uno de los tracks.

DOS / Lunes 16 de marzo de 2009. “Exit music (For a film)”. El Foro Sol por primera vez puede estar en silencio, y podemos detectar con claridad los sonidos de uno de los temas más estremecedores de Ok computer. A media canción a Jonny Greenwood se le revienta una cuerda de su Fender Telecaster, con un repentino ruido disonante. Thom Yorke hace una pausa. “Whithout that”, dice, volteando a ver a Jonny. Hace una pausa de un compás y retoma la canción. El Foro aplaude. Avanza el tema, pero un ruido del bajo de Colin Greenwood saca de concentración a todos. Pausa. Yorke sigue rasgando su guitarra acústica y empieza de nuevo: “Wake, from your sleep…”. Locura total. Pero pocos segundos más adelante es su propia acústica la que falla. También una cuerda parece reventarse. Pausa. Diálogo. “To the next song”, apunta Yorke ante la queja del auditorio. “Bodysnatchers” se presenta enseguida.
Me contaron de que alguien en gradas gritó: “¡A ensayar a su casa!”. A mí simplemente me parece lo más bello que puede suceder. Una demostración de que, al final, Radiohead no son más que cinco seres humanos, arriba de un escenario, haciendo algo eminentemente humano, en lo cual siempre se puede fallar. En ocasiones la imperfección es el gesto más artístico y más hermoso que uno puede otorgar.

TRES / De una experiencia así de espiritual uno puede apuntar demasiadas cosas, demasiadas. Mi parte objetiva coincide en muchas cosas que hablé con mis amigos, como de que el sonido no tenía la suficiente potencia para acallar la voz del público, y la visibilidad evidentemente fue baja o nula para muchos, además de la amenaza de lluvia que al final no cayó. Pero la realidad es otra, la realidad es que ver a Radiohead representa una experiencia más allá de cualquier concierto, por el significado de su música en nuestras vidas, la sorpresa que representaba cada nuevo disco; yo no tengo miedo en afirmar que Ok computer es el Sgt. Pepper’s de mi generación, y me hace feliz haber vivido el momento, aquéllos días de finales de los noventa en que uno se despertaba en MTV con “No surprises”, aquellos años de radicalidad con Kid A en la nueva década. Tiempos que inevitablemente se quedarán guardados. Las sorpresas: “Talk show host”, que jamás esperaba, lado B incluido en el soundtrack de Romeo + Juliet, “How to dissappear completely”, “Kid A”, “The bends” y “You and whose army?”. Por supuesto, hubiera dado todo por ir el domingo y haber escuchado “No surprises”, “Fake plastic tres” y “Just”. Pero la satisfacción es absoluta.

CUATRO / Hablar de “Creep” es difícil; es un tema tan controversial para los fanáticos de Radiohead que es raro llegar a un acuerdo. El “Creep” que mil veces tocamos en nuestras bandas de la prepa. El “Creep” por el que muchos sólo conocen a Radiohead. El “Creep” maldito, el “Creep” prohibido; pero también el “Creep” deseado.
Al entrar al Foro Sol uno está mentalizado de que “Creep” no aparecerá. Desde la gira de Ok computer dejó de aparecer en los setlists de Radiohead y sólo en algunas ocasiones especiales la interpretan. Ocasiones especiales como visitar México después de quince años.
A pesar de no esperar tal canción, el que Radiohead interpretara “Creep” es un gesto noble, amable, amistoso, profundo. Nos guste o no, la odiemos o no, “Creep” significó ese “algo más”, una suerte de gentil disculpa por tantos años de ausencia. Y para quienes creímos que jamás escucharíamos, estando presentes, esa canción interpretada por Radiohead, fue una especie de deseo oculto concedido.  Con “Creep”, Radiohead incluyó en el concierto canciones de cada uno de sus siete discos de estudio.

CINCO / No matter what happens now, sure I won’t be afraid, ‘cos I know today has been the most perfect day I’ve ever seen… (Radiohead, “Videotape”, In Rainbows, 2007)

Me, my thoughts are flower strewn
ocean storm, bayberry moon.
I have got to leave to find my way.
Watch the road and memorize
this life that pass before my eyes.
Nothing is going my way.

The ocean is the river’s goal,
a need to leave the water knows
We’re closer now than light years to go.

I have got to find the river,
bergamot and vetiver
run through my head and fall away.
Leave the road and memorize
this life that pass before my eyes.
Nothing is going my way.

automatic

Automatic for the people (1992) es uno de los discos más exquisitos de los noventa. Obra maestra de REM (aunque otros prefieran el irregular Out of time -1991-, donde viene su megahit “Losing my religion”), es una maravillosa y delicada colección de canciones plenas de guitarras acústicas y atmósferas eneverantes. REM trazó con este material un disco que lleva hasta su máxima consecuencia un estilo forjado con retazos del rock alternativo, alternative country y el luminoso pop sesentero. Un disco para escucharse con audífonos y los ojos cerrados.

Yoko Ono – Ex It

El papel de la “viuda más famosa del rock” hace que la obra artística de Yoko Ono no sea valorada en su justa dimensión.

La realidad es que Yoko resulta una de las pioneras del arte conceptual, desde los años sesenta. La simpleza serena y delicada de algunas de sus piezas contrasta con el escándalo mediático de sus bed-ins con Lennon durante los turbios años de la desintegración de los Beatles.

Cabe mencionar, por ejemplo, aquella escalera con una lupa que Lennon escaló para descubrir un minúsculo “Yes” escrito en el techo, o sus “wish trees” que le dan la vuelta al mundo.

Me quedo con su bellísima instalación de toscos ataúdes de madera, de cuyo interior emergen verdes rámas de árboles. Ex It:

exit

La portada de esta edición de El libro negro es ensordecedoramente bella. Supera, con creces, la portada de la edición Alfaguara.

libro-negro1

Nota de la página de Mondadori:

«Un día la hermosa mujer de un hombre que la quería muchísimo lo abandonó. Él empezó a buscarla. Allá donde fuera por la ciudad encontraba su rastro pero no a ella…» Así cuenta su caso Galip, un joven abogado que vive en Estambul y quiere reencontrarse con Rüya, su esposa y prima. Sospecha que ha huido con otro hombre, con un hombre que bien podría ser alguien muy cercano, casi tan cercano como su propio hermanastro, Celâ, un periodista excéntrico que también ha desaparecido. En su persecución alucinada, Galip recorre día y noche las calles de un Estambul real y fabuloso que alberga en cada esquina una historia secreta, y donde todas las pistas, como si fueran cajas chinas, esconden nuevos misterios. Pero cuando Galip da su paso más audaz y asume la identidad de Celâ, ignora el riesgo al que se expone. Porque hay juegos que desembocan en crímenes inesperados. El libro negro es una novela policíaca, tan espectacular como poco convencional, donde la investigación se centra en la identidad y la escritura. Con esta obra, que en Turquía se convirtió a la vez en lectura de culto y de masas, Orhan Pamuk se consagró como uno de los maestros actuales de la literatura mundial.

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Para nadie es desconocido que las primeras canciones de Bob Dylan no eran del todo “originales”. Muchas veces tomaba melodías o extractos de canciones tradicionales para sobreponerle sus letras. Con todo, su segundo álbum, The freewheelin’ Bob Dylan, es el despliegue de toda su imaginería poética, sobre todo en la épica “A hard rain is a-gonna fall”.

Con todo, he aquí el recuento de las canciones tradicionales que sirvieron de inspiración para algunos de los temas de The freewheelin’…

Blowin’ in the wind
Basada en “No More Auction Block” (spiritual negro)

Girl from the north country
Basada en “Scarborough Fair” (canción inglesa tradicional)

Masters of war
Basada en “Nottamun Town” (canción inglesa tradicional)

A Hard rain is a-gonna fall
Basada en su estructura literaria de ”Lord Randall” (canción infantil tradicional)

Don’t think twice, it’s alright
Basada en “Who’s Goin’ to Buy You Ribbons When I’m Gone” (canción folk de Paul Clayton)

Bob Dylan’s dream
Basada en “Lady Franklin’s Lament” (canción tradicional)

All things must pass

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Para 1970 los Beatles ya no existían, aunque Let it be estaba apenas por llegar a los anaqueles. En complemento, 1970 fue el año de sus primeros discos como solistas. John Lennon y George Harrison ya habían lanzado algunos trabajos de música experimental, pero es en 1970 cuando ven la luz las canciones de John Lennon / Plastic Ono Band y de All things must pass. En ese mismo año Ringo despachó Sentimental Journey con todo su sentimiento crooner, y Paul grabó por sí solo todo el material de su mediocre McCartney.

En este panorama, All things must pass destaca como una obra que todavía falta ser valorada en su justa dimensión. Una exquisita colección de canciones en disco doble (más su curioso extra, el Apple Jack), que muestra el contenido potencial del buen George, siempre a la sombra de Lennon y McCartnety.

Escuchando la remasterización (con bonus tracks) que hizo el propio George con su hijo Dhani en el 2001 no podemos más que dejarnos llevar por la fina belleza de “Beware of darkness”, “Isn’t it a pity” o la propia “All things must pass”, por no hablar del fabuloso cóver a “If not for you” de Bob Dylan, con quien George co-escribió la abridora “I’d have you anytime”.

Y qué decir de ese tema no incluído en el disco originalmente, pero rescatado para la edición: “I live for you”, con ese increíble solo de pedal steel, por no hablar de la nueva versión a “My sweet Lord”.

All things must pass muestra el valor y la creatividad de George Harrison en su mejor momento, a pesar del wall of sound con que Phil Spector vistió la producción. Debajo del eco, de las guitarras sobregrabadas, están las mejores canciones del ex-beatle, y eso es lo importante.

El museo de la inocencia

Portada de la nueva novela de Orhan Pamuk, Masumiyet Müzesi, en su edición turca. Bellísima imagen, aunque es probable que no sea respetada para cuando Mondadori edite la novela en español.

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Caramelo

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Nadine Labaki es una directora ya famosa por su trabajo en la industria árabe del video, de ese exótico arab-pop libanés que uno puede disfrutar en las pantallas del restaurant Beirut del centro de San Pedro, fumando shisha y bebiendo delicioso café turco (fin del comercial).

Originaria precisamente de la capital de Líbano, es luminoso destacar la dedicatoria que Nadine hace de su primer largometraje de ficción,  سكر بنات Sukkar banat‎, (Caramelo), “a mi Beirut”.

Y es que más allá del tópico recurrente de los conflictos entre libaneses e israelitas en Medio Oriente, la cinta de Labaki es una oda gozoza a la vida diaria de tantas personas en su ciudad. Las historias de cinco mujeres se entrecruzan en un salón de belleza, donde la soledad, el amor, el miedo a envejecer y el conflicto con los cánones sociales se desenvuelven en una atmósfera que no poco le debe al más exquisito cine europeo. (Almodóvar es una referencia ineludible.)

Femenina, sencilla y conmovedora, Caramelo es una de esas películas que, sin pretensiones de crear una obra maestra, saben tocar el corazón de manera inmediata.

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